EL «VIENTU LES CASTAÑES» Y LA CENA… ASEGURADA

POR JOSÉ ANTONIO FIDALGO SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE COLUNGA (ASTURIAS)

Bueno, bueno… Pues aclarado el asunto de la esfoyaza, la esbilla o la esvilla con el resultado final, ecléctico, de aplicar lo que se dice en la vida militar («Allí donde no llegue la ordenanza el oficial actuará según propia iniciativa») y se aconseja en la vida religiosa («en caso de duda, genuflexión»), seguiremos hoy con otro tema de discusión acerca de LES CASTAÑES y algunos de sus destinos culinarios.

Cada 4 de octubre la Iglesia Católica celebra la festividad de San Francisco de Asís, el santo fraile pregonero de la pobreza, del amor y de la paz entre todos los seres que pueblan la tierra. Y dícese que el santo, en el día de su fiesta, para recordarnos a todos sus consejos de amor, nos avisa con unos «latigazos» en forma de vientos, relámpagos, truenos, lluvias, fríos… Es lo que muchos llaman «EL CORDONAZO DE SAN FRANCISCO» y que en las Asturias de Oviedo conocemos como «EL VIENTU LES CASTAÑES» porque con el «meneo del aire» los castaños («les castañales») sueltan sus frutos («los oricios») que encierran a las semillas «(«les castañes») y «tou ye cuestión de ir a pañales».

Es decir, de ir a la «rebusca» de esos frutos caídos que van a asegurar provisión de cena para varios días.

En Colunga, el ir a la rebusca, lo llamamos IR A LA PÍA. Don Braulio Vigón define esta acción como «voz del derecho consuetudinario que expresa la acción de recoger y apropiarse los frutos CAIDOS NATURALMENTE del árbol ajeno, siempre que estén en terrenos de uso o aprovechamiento común. En Ribadesella, «GANDAYA», en Piloña, «BOLENGA».

En la Asturias central (por ejemplo, Carreño, Gijón, Cuenca del Nalón…) emplean la palabra GUETA o, mejor aún, la expresión «IR A LA GUETA», entendida como la «recolecta de castañas que se caen del árbol tiradas por el viento, frecuentemente con fines humanitarios y caritativos».

Cuéntase que antaño, cuando mozos y mozas iban a la PÍA o a la GUETA (que es lo mismo) alegraban su trabajo con alguna que otra picardía en forma de cantar.

Decía el mozo:

«Les castañes son castañes;
los oricios son oricios;
los ojinos de tu cara
son para mi dos hechizos»

Pues nada, ya tenemos las castañas y ahora ¿cómo las preparamos para la comida o la cena?
Que yo sepa (dejando amagüestos y potes para otra ocasión) en Colunga, y supongo que en toda Asturias, había tres formas de prepararlas:

1.- Como CORBATES, cociéndolas enteras, SIN PELAR, en agua con un poco de sal y, según gustos, aromatizada con un poco de canela o de algún licor. Se ofrecían calientes y acompañadas de leche caliente.

2.- Como PULGUINES, cociéndolas enteras, SIN SU PIEL EXTERIOR, en agua con un poco de sal y, como en el caso anterior, aromatizadas al gusto o, simplemente, sin aroma alguno. Se acompañan con un buen tazón de leche caliente.

3.- ASADAS en el horno o en la chapa de la cocina. Es preciso darles inicialmente un pequeño corte superficial («pa que no exploten»), removerlas de vez en cuando y cuidar que no se quemen. Lo mejor es acompañarlas con una buena y fresca SIDRA DULCE, pues ya es tiempo de aprovechar las manzanas del suelo y hacer «les primeres mayaes».

Antaño, y aún ahora se ve «algún puesto en las ciudades». Había castañeras en las calles que asaban castañas para vender a los paseantes y vecinos de la zona, con «puestos» muy simpáticos como «aquella locomotora» ubicada en Oviedo, en el Paseo de los Alamos, al lado de «El Escorialín». Servían las castañas en un cucurucho hecho con papel de estraza o de periódico y, bien calientes, era una gozada disfrutar de su sabor.

Ya lo saben. Los meteorólogos, por lo que veo y escucho en radio y en televisión, parece que anuncian para estos días frío, lluvias y vientos en el Cantábrico. «Ye EL CORDONAZU DE SAN FRANCISCO». NO FALLA.

Y ustedes, a cenar «castañines cocíes con llechi bien calentina». No hay virus maligno que lo resista. Todo esto, «y más pa con ello», lo cuento en otro de MIS LIBROS, editado por Ed. Nóbel. Oviedo 2010. titulado ASTURIAS, COCINA DE MAR Y MONTE. Lo digo «pa presumir, que ye lo que nos queda a los vieyos».

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