CUANDO NOS EMPEÑAMOS EN OLVIDAR LA HISTORIA, LA HISTORIA SE REPITE. PARA QUE NO OLVIDEMOS. (SEGUNDA PARTE).

POR JOSÉ JULIO ORTIZ CHISVERT, CRONISTA OFICIAL DE COBEÑA (MADRID)

Foto sacada de internet por el autor. Proclamación en la Puerta del Sol de Madrid de la II República Española.

Ante el intento de golpe de Estado del 15 de diciembre de 1930 y con los golpistas miembros de Comité Revolucionario Republicano encarcelados, el mismo general Berenger dimite en febrero, y el rey nombra al almirante Aznar. (
Otro militar), para ponerle al frente de un gobierno de concentración cada vez más errático. En marzo este nuevo gobierno da una amnistía y libera a los políticos golpistas republicanos, (entre ellos al propio Alcalá Zamora, presidente del comité) y Aznar proyecta elecciones municipales, que serían seguidas de otras provinciales y finalmente unas elecciones generales para formar unas Cortes Constituyentes, restaurando así las libertades constitucionales cercenadas por Primo de Rivera. El domingo 12 de abril de 1931 es el día fijado para las “Elecciones Municipales”.
Con los golpistas en la calle, estos alientan todo tipo de insurrecciones, agitadas por el republicanismo que intentaba crear el clima perfecto para intentar otro golpe. Estos deciden aprovechar las elecciones municipales para crear en la sociedad una falsa idea de que serían un plebiscito, levantando disturbios diarios por las calles de las principales ciudades españolas.
El domingo 12 de octubre se celebran las elecciones municipales y en la mañana del día lunes 13, a pesar de que los primeros recuentos parciales arrojan un resultados 22.150 concejales monárquicos y tan solo 5.875 concejales de las distintas coaliciones republicanas que se habían presentado, el hecho de haber sacado más votos el republicanismos en 41 de las 52 capitales de provincia hace que, de forma audaz, los miembros del “Comité Revolucionarios Republicano” haga creer a la opinión pública que lo sucedido en las ciudades es lo sucedido en toda España, así, los políticos del golpe que tras su amnistía y liberación no se habían escondidos, o huido a Francia, organizan un desacato y por la tarde del mismo día 13, Alcalá Zamora hace público un comunicado anunciando que harían efectiva la “implantación” de la República, lanzando un ultimátum al monarca, para que el rey abandone el país. La táctica de los disturbios y altercados así como de la manipulación de la sociedad había funcionado. El nuevo golpe se consolidaba.
Al día siguiente, en la mañana del 14 de abril de 1931 el caos y la confusión absoluta reinaba entre el gentío, pues de todas formas el rey Alfonso XIII seguía siendo el Jefe del Estado y España es oficialmente una monarquía.
Por la mañana, Niceto Alcalá Zamora, del Comité Revolucionario, trasmite al rey que están dispuestos a la movilización del ejército, (con el consiguiente derramamiento de sangre), que tienen el apoyo de una parte de los militares del país y que el general Sanjurjo, al mando de la Guardia Civil, les ha hecho saber que no seguirá apoyando al rey, habiendo puesto a la Guardia Civil del lado de los republicanos.
Todo apuntaba al estallido de una guerra fratricida, una guerra civil. Por la tarde, Alfonso XIII presenta su renuncia al trono, así el monarca pretendía evitar un baño de sangre diciendo en su renuncia: -“Hallaría medios sobrados para mantener mis regias prerrogativas con quienes las combaten. Pero quiero apartarme de cuanto sea lanzar a un compatriota contra otro en fratricida guerra civil».-
A las 19:00 Alcalá Zamora “proclamaba” la II República. Esta vez el golpe de Estado había triunfado. Se había impuesto un cambio de régimen saltándose todas las normas legales. Los integrantes del auto-designado el año antes, “gobierno provisional” publican esa misma tarde en la Gaceta de Madrid un decreto firmado por el Comité Revolucionario con los nombramientos.
Pero los disturbios continuaron. Ese gobierno es incapaz de dar una verdadera democracia y comienza a reformar el país a base de decretos. El pueblo exige unas Cortes Constitucionales. Mientras en las calles, tan solo cuatro semanas después de proclamar la República, las hordas izquierdistas, el 10 de mayo, comienzan a quemar durante varios días iglesias, conventos, colegios religiosos o monasterios. Desafortunadamente, Manuel Azaña, en esos momentos ministro de la Guerra, se dirige a las masa diciendo, “Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano”.
El mismo día 10 de mayo el gobierno clausura el diario monárquico ABC y ordena detener a su director Juan Ignacio Luca de Tena por lo que desde el gobierno se cree que es una provocación por parte del diario a través de sus artículos a favor de la monarquía.
Alrededor de 100 edificios fueron quemados así como se destruyeron numerosos bienes de patrimonio artístico, tales como lienzos con pinturas de gran valor artístico, y objetos litúrgicos. También se profanaron cementerios y se destruyeron relicarios. Durante estas quemas y destrucción también se produjeron asesinatos de curas y monjas y varias personas resultaron muertas y heridas.

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