EL LEÓN Y LA COLUMNA. QUIMERA FRUSTRADA

POR ALBERTO GONZÁLEZ, CRONISTA OFICIAL DE BADAJOZ

Hospital de San Sebastian de Badajoz

En lenguaje refranero albarda sobre albarda indica obcecación en una idea. Podría aplicarse a la quimérica de instalar en un edificio tan emblemático como el que fuera hospital San Sebastián algo tan distinto a su naturaleza histórica como un mercado gastronómico. La ocurrencia surgió hace varios años con polémica, y a día de hoy envuelta en ella sigue.

En noviembre de 2019, tras largos retrasos, ampliación de plazos de ejecución y notable aumento del presupuesto, solo para la obra en planta baja, se anunció que el centro sería inaugurado «en el primer trimestre del año 2020». Naturalmente no fue así. Ante las dificultades que se intuían, en junio de 2020 la empresa concesionaria renunció a gestionarlo. Por temor a que nadie concurriera no se licitó de nuevo y el proyecto quedó abortado. La epidemia puso el horizonte más negro todavía y la quimera empezó a difuminarse.

Para los que estimaron la idea inviable desde el principio no fue una sorpresa, pues vista la naturaleza del monumento; ubicación; dinámica sociocomercial de la zona y otros aspectos, las reticencias no resultaban infundadas. Basta recordar las varias iniciativas anteriores similares, pronto frustradas, para ver que el proyecto no era viable.

El resultado, de haberse abierto, no es difícil de imaginar: pasada la curiosidad tras el fugaz interés inicial por la novedad, lo más probable es que el centro entrara en crisis para languidecer hasta desaparecer; máxime si la empresa gestora tenía que abonar de alquiler casi 150.000 euros durante veinte años. No hay que ser un lince para aventurar que eso era insostenible.

Para alargarle la vida artificialmente, como suele hacerse en estos casos, se habría intensificado su uso institucional con actividades forzadas de impulso oficial, gastronómicas o no, más o menos relacionadas con su naturaleza, reforzadas con otras comerciales, lúdicas o culturales; reducido o eximido el alquiler, e inyectado dinero público con mil pretextos. Pese a lo cual resultaría muy difícil mantenerlo.

La disyuntiva sería persistir en una actividad ficticia a alto costo; reconocer el fracaso y buscar otro uso al edificio –¿un híper?– o asumirlo como oneroso bien mostrenco igual que pasó con el Palacio de Congresos; albergue del revellín; antiguo Instituto Bárbara de Braganza, fuerte de San Cristóbal y tantos proyectos quiméricos fallidos semejantes, de inutilidad demostrada, cuyo corolario de albarda sobre albarda es el Cerro Gordo.

Ante tan complicado panorama parece que finalmente la quimera del mercado gastronómico se ha esfumado por completo y se empiezan a considerar otras opciones más racionales; entre ellas ubicar allí el centro de salud de Los Pinos, como con toda lógica viene pidiendo la ciudad desde el principio.

Aunque la propuesta tenga en estos momentos mucho de cortina de humo para tapar el fiasco del centro gastronómico, bienvenida sea. Y ojalá se lleve a cabo antes de que la covid-19 y sus gestores acaben con todos nosotros.

Fuente: https://www.hoy.es/badajoz/quimera-frustrada-20201108001911-ntvo.html

 

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