CARLOS: HOMBRE, REY Y EMPERADOR

POR ÓSCAR GONZÁLEZ AZUELA, COLEGIO MUNICIPAL DE CRONISTAS DE LAGOS DE MORENO, (JALISCO MEXICO).

El Maestro Carlos Terrés posa junto a su obra a punto de ser ensamblada.

 

Si hay un personaje en la historia universal que encarne los claroscuros de grandeza y humildad, este es Carlos. Cuenta la leyenda que su celosa madre se empeñó en asistir a una fiesta a pesar de su avanzado estado de gravidez; al sentirse indispuesta acudió al retrete en donde quedó depositada la encarnación de su loco amor por “El Hermoso”.
El vástago, que para algunos será Primero y para otros Quinto según el plano dinástico y geográfico por el que se le mire, a trancos formidables, ya sea por heredades, golpes de fortuna o de guerra, ensancha la vastedad de su imperio al punto en que el sol dejará de hacer ocaso dentro del mismo, tomando el planeta entre sus manos.
Al paso del tiempo llegará el día en que decida abandonar gloria y poder abdicando a favor de su hijo Felipe II. Arriba entonces al monasterio de Yuste en donde permanecerá alejado del mundo por año y medio, tiempo en que hará cuentas con Dios, muriendo luego ahí ya en estado de paz.
El artista laguense Carlos Terrés ha elaborado monumental obra montada hace tiempo en Yuste, misma que engloba a los personajes hispanoamericanos que cruzaron de manera tangencial por la vida del monarca. Es así que Grijalva, Magallanes, Elcano, Pizarro y Cortes se entremezclan con Moctezuma, Cuauhtémoc y Marina. Su hijo ilegítimo con Olmedo, Benavente y De las Casas; anónimo sacerdote maya con artistas nahatlacas más dos cuerpos desnudos femeninos, listos para dar fecundidad a esta parte del Nuevo Mundo, en tanto el monarca presenta entre sus poderosas manos, un sol orlado en fuego que es ya europeo y americano. Bajo su barba, el plus ultra que ondea desde ese entonces en el pabellón español, mismo que recuerda al pueblo que superó en osadía al Heracles de las columnas gaditanas.
A medio milenio del asedio y caída de México-Tenochtitlan, no son disculpas sino puntos de encuentro los requeridos. Que sean las inspiradas y fuertes manos de otro Carlos -Terrés, el nuestro-, las que lleven perenne recuerdo patrio hasta ese memorable rincón, superior en humildad y reflexión al que algún día quiso llegar a ser un Escorial. ¡Vive México y vive España!
 Fuente: https://www.facebook.com/oscar.gonzalezazuela

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