BAJO LA ESPADAÑA… (XXI) LA PURA RAZA ESPAÑOLA

POR ANTONIO MARÍA GONZÁLEZ PADRÓN, CRONISTA OFICIAL DE TELDE (LAS PALMAS-GRAN CANARIA-CANARIAS)

Benito Pérez Galdós

Hace ya unos cuantos años, siendo profesor en el colegio San Ignacio de Loyola de los Jesuitas en Las Palmas de Gran Canaria, tuve ocasión de dar clases a alumnos de octavo de EGB, primero, segundo y tercero de BUP. 

En una clase de Historia de primero de BUP un alumno, que se caracterizaba por sus opiniones políticas de extrema derecha, cuestión ésta irracional si no se encontrara influenciado por adultos, ya que contaba solo con quince años de edad se puso un poco gallito ante una explicación mía. 

Un día hablando sobre el siempre eterno problema de España o Las Españas, comenté que un antiguo profesor mío mantenía que lo que hoy nos empecinamos en llamar España, nació como una realidad plural y entre más la singularizáramos peor estaríamos todos. 

Ante tal aseveración el joven anteriormente citado se levantó de su asiento como si tuviese un resorte y me dijo, totalmente convencido de su dogma que solo había una España como solo había un Pueblo Español. 

Al interrogarle sobre a qué llamaba el Pueblo Español me dijo sin dudar: son todos los que pertenecen a la Pura Raza española. Como no era cuestión de enfrascarnos en una discusión bizantina, le pedí que viniese a la pizarra, que cogiera un trozo de tiza y que fuera escribiendo una serie de palabras que yo, pacientemente, le dictaría. 

De esta manera comencé: Íberos (más de 100 tribus), Celtas (más de 60 tribus), Celtíberos, Púnicos, o fenicios de Oriente Medio o de Cartago, en éste último caso fenicios mezclados con pueblos del norte de África, entre ellos los Bereberes; Griegos oscenses y focenses (de Europa Oriental o de la Península de Anatolia), Romanos (latinos, etruscos y otros pueblos de la actual Italia), Visigodos, Ostrogodos, Suevos, Vándalos y Alanos (todos pueblos centroeuropeos); Árabes de la Península Arábiga y de las actuales Irak y Siria, a los que se les unieron Egipcios, Libios y Bereberes. 

Antes, mucho antes las aportaciones judaicas se hicieron presentes en la Península Ibérica, tal vez con anterioridad al siglo I de nuestra era. Pero en lo que no cabe duda alguna es que el pueblo de la Biblia se asentó en todas las grandes urbes comerciales de los reinos peninsulares a partir de la destrucción del Templo de Jerusalén por el Emperador Tito (año 70 d.c.). Durante el siglo XVI, aportaciones de napolitanos, genoveses, franceses, gitanos, milaneses, germanos, flamencos, irlandeses y portugueses. 

Además de mujeres y hombres de raza negra del África Occidental y el Golfo de Guinea. En Canarias incluiremos los diferentes pueblos aborígenes de cada isla, los más numerosos los Canarii de Gran Canaria y los Guanches de Tenerife. ¿Por qué no sumar los más de cincuenta pueblos amerindios, entre los que destacamos los Aztecas, Mayas, Incas…? .

Cuando di por concluido el listado de pueblos que tuvieron en común vivir en algún momento histórico sobre la Península Ibérica, que por ella misma conforma el 95% del territorio de la actual Estado Español, pedí al resto de los treinta y nueve alumnos que, puestos en pie, aplaudieran a La Pura Raza Española. De esa manera, creo recordar que pude convencer a mis alumnos que, en Historia como en tantas otras ciencias, nada es exacto, preciso, inmutable. Vamos, que en la ciencia de Herodoto y Plinio no todo es blanco, ni todo es negro, tal vez hay más grises de los que se suelen admitir. 

Ya dijo nuestro paisano don Benito Pérez Galdós que los nacionalismos se quitaban viajando, unas pocas veces podemos viajar físicamente, pero siempre podemos hacerlo intelectualmente. Busquemos en el ser humano lo que realmente es importante, dejemos la genética para otras cuestiones que no sean defender a ultranza la superioridad de unos sobre otros. Pues créanme, Jesucristo fue israelita; Ghandi, hindú y Martin Luther King, afroamericano. Todos ellos admirados no por su origen sino por su grandeza de espíritu. 

Aprendamos de una vez por todas que la grandeza está en nosotros mismos, porque cada uno es irrepetible y en ningún caso porque su origen lo haga superior al del prójimo. 

FUENTE:*Publicado en la prensa digital Teldeactualidad el 22 de abril de 2020.

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