TRECE DE DICIEMBRE

POR ANTONIO LUIS GALIANO PÉREZ, CRONISTA OFICIAL DE ORIHUELA (ALICANTE)

“Santa Lucía”. Reproducción “El grabado religioso popular en la Provincia de Alicante”.

No sé, si esta fecha les dirá algo. Sin embargo, a las mujeres que celebran el día de su santo, seguro que saben que hoy, con motivo de su onomástico se conmemora a la mártir Lucía, que se mantuvo fiel en el Cristianismo hace 1716 años.

Recuerdo que en la estampa que tenía de niño en mi “Álbum Popular de Santoral”, se la representaba con un plato en el que aparecían sus ojos, y en el texto que la acompañaba se decía que, según una tradición, “eran tan hermosos que para impedir incitar al pecado, en aquella época de paganismo, prefirió arrancárselos”. Lo cierto es que a mis pocos años, esa imagen me producía asombro.

Esta festividad, en Orihuela a finales del siglo XVIII, concretamente en 1797, por la tarde, el Obispo Francisco Antonio Cebrián y Valda acudía a la iglesia de Santa Lucía a adorar la reliquia de la mártir y tras ello pasaba a visitar a algunos enfermos.

Por la mañana el Prelado había confirmado en la parroquia de las Santas Justa y Rufina a dos hijas del historiador Josef Montesinos Pérez Martínez y Orumbella, llamadas Francisca y María Concepción, actuando como padrinos Manuel Albornoz, sargento mayor de los Voluntarios Honrados y su madre política, María de Monserrate Soto y Cebrián, ambos primos del Obispo.

Al año siguiente, en la citada iglesia, era celebrada solemnemente la festividad, cantando la misa el dominico fray Mariano Abad y ocupando la sagrada cátedra el también hermano de su Orden, fray Tomás Castañer. En 1799, celebró fray Manuel Pérez, catedrático de Gramática del Colegio de Predicadores y predicó fray Vicente Mir, lector jubilado de dicho Colegio y confesor del convento de las dominicas.

Pero este día, 13 de diciembre, a lo largo de la historia de nuestra ciudad nos presenta algunas circunstancias que vamos a recordar. Por ejemplo, en los albores del citado siglo, en 1701, el oriolano José de la Torre y Orumbella, que había sido canónigo en nuestra catedral y doctoral de la Metropolitana de  Valencia, tomaba posesión del Obispado de Orihuela.

Un siglo después, en 1802, el lunes 13 de diciembre partían desde Valencia, donde habían permanecido desde el 25 de noviembre, los Reyes Carlos IV y Luisa de Borbón. Tras atravesar varias poblaciones, arribaban a Orihuela el día 20 de dicho mes. En el primero de esos días, con la asistencia de los Cabildos Civil y Eclesiástico se celebraba en la Catedral una rogativa por el feliz viaje de los Reyes y, a la vez, se oficiaban misas por ese motivo en las parroquias de Santiago y de las Santas Justa y Rufina, y en el Seminario.

En esa fecha de 1842, se estaba trabajando en el montaje del piso del nuevo puente de Poniente y el acondicionamiento del acceso al mismo por ambos lados, cuyas obras finalizaron el día 21 de diciembre.

En 1891, los vecinos de la Partida de Bonanza festejaban a su Patrón, San Joaquín, y el Ilustre Colegio de Abogados hacía lo propio con su Patrona la Inmaculada Concepción en la iglesia de San Juan de la Penitencia. Por la tarde había una función de títeres en la Plaza de Toros, representándose la pantomima “Lucifer o el Monstruo Verde”.

Pero, no todo eran celebraciones religiosas. Años antes, el 13 de diciembre de 1887, era detenido un individuo con domicilio desconocido, por organizar partidas de dados y de naipes en la vía pública.

En 1903, en ese día, los vecinos de las calles del Colegio, la Corredera y San Juan las engalanaban con motivo de las fiestas de la Coronación de la Inmaculada de la Iglesia de Santo Domingo. Para ello, montaron colgaduras, arcos y banderas, contándose con la participación de la Banda de Música Santa Cecilia. Y, de nuevo, el Colegio de Abogados cuyo decano era Severiano de Madaria, homenajeaban a su

Patrona en la Iglesia de las clarisas, predicando el canónigo Mariano Olmos Alcaraz.

Dos años después, llegaba a Orihuela el turronero de Jijona, Antonio García que se hospedaba en la Fonda Bella Vista que se encontraba en el lugar donde en los años veinte se construyó el Hotel Palace. Dicho comerciante, expendía sus productos en la Plaza de la Soledad y hasta allí llegaban los oriolanos a mercar además de los turrones; peladillas, piñones, anises, dulces secos y pastelillos.

Era 13 de diciembre y la Navidad estaba cerca.

Fuente: Información

Sin Comentarios.

Responder

Mensaje