EL TRATADO DE GUADALUPE HIDALGO

POR MANUEL GONZALEZ RAMIREZ, CRONISTA OFICIAL DE ZACATECAS. CRONICA DE ZACATECAS

2 de febrero no puede ni debe olvidarse. en 1848 perdimos la mitad de nuestro territorio nacional.
Febrero 2 de 1848. En la villa de Guadalupe Hidalgo, al norte de la Ciudad de México, se firma —“En el nombre de Dios Todopoderoso”— el “Tratado de Paz, Amistad, Límites y Arreglo Definitivo Entre los Estados Unidos Mexicanos y los Estados Unidos de América”, conocido también, como el Tratado de Guadalupe Hidalgo (en inglés, Treaty of Guadalupe Hidalgo). Para las pláticas y la signatura, se utilizó la Colegiata de Guadalupe —a la que ahora se le conoce como la antigua Basílica de Guadalupe—, y ese mismo día se celebró misa solemne en el recinto.
Fue ratificado por el Senado estadounidense el 30 de mayo de 1848, aunque se modificó el Artículo 9, el cual garantizaba los derechos de los ciudadanos de origen mexicano y se eliminó el Artículo 10, que garantizaba la protección de las concesiones de tierras dadas a los mexicanos por los gobiernos de España y de México.
El tratado estableció que México cedería más de la mitad de su territorio —dos millones y medio de kilómetros cuadrados—, que comprendieron la totalidad de lo que hoy son los estados de California, Nevada, Utah, Nuevo México, Texas, Colorado, Arizona y partes de Wyoming, Kansas y Oklahoma. México renunció a todo reclamo sobre Texas y la frontera internacional se estableció en el río Bravo.
Como compensación, los EE. UU. se comprometieron a amortizar —a plazos—, 15 millones de pesos; no fueron un pago, sino «una indemnización por daños a la república y la parte de la deuda que le correspondía a los territorios cedidos, adquirida cuando tenía toda su extensión», según «Historia General de México», publicado por El Colegio de México (2000): «No era pago por las tierras; éstas habían sido conquistadas».
Entre 1810 y 1821, en la Nueva España sucedió el prolongado conflicto por la Independencia; de 1822 a 1846, México se debatió en guerras intestinas. Se suscitaron reclamos y constantes ocupaciones estadounidenses de diferentes territorios, como las riberas de los ríos Bravo y Nueces y el territorio de Coahuila. Algunas escaramuzas generaron la muerte de soldados de ambas repúblicas, pretexto suficiente para que el presidente de Estados Unidos, James K. Polk, declarara la guerra en mayo de 1846.
La invasión Estados Unidos avanzó incontenible durante los primeros meses de 1847. Con las constantes derrotas de los mexicanos, fue enviado desde Washington el comisionado, Nicholas P. Trist, para negociar un tratado de paz en el que México se comprometiera a ceder Nuevo México y las Californias, a cambio de una indemnización de treinta millones de pesos y el libre paso por Tehuantepec.
Esta y otras ofertas hechas al gobierno del general Antonio López de Santa Anna, no prosperaron, en parte porque el istmo de Tehuantepec ya estaba concesionado a Inglaterra. Las batallas de Molino del Rey y del Castillo de Chapultepec representaron el desastre definitivo para los mexicanos; con la toma de la capital el 14 de septiembre de 1847, Santa Anna renunció a su cargo y partió al exilio. Manuel de la Peña y Peña, presidente de la Suprema Corte de Justicia, suplió a Santa Anna.
El plenipotenciario Nicholas P. Trist aceptó reunirse con los comisionados mexicanos Bernardo Couto, Luis Gonzaga Cuevas y Miguel Atristáin, siempre y cuando se respetara como punto de partida su propuesta inicial. Tras largos debates, el Tratado de Paz, Amistad y Límites fue firmado y hasta el 30 de mayo de 1848, quedó establecida la paz.
Fuente: México a través de la historia.

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