MARÍA BELÉN GONZÁLEZ GRANERO, MUSICOTERAPIA EN ALEMANIA

POR MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ, CRONISTA OFICIAL DE VILLANUEVA DEL ARZOBISPO (JÁEN).

Mi vocación como muchos saben, viene de familia. Mi abuelo tenía una vocación muy grande a la música y esta se la pasó a mi padre y mi padre a nosotros, y al final pues todos hemos salidos músicos profesionales y tenemos la suerte mis dos hermanos y yo de poder dedicarnos a esto. Desde muy pequeña la música estaba a mi alrededor, mis hermanos estudiaban en mi casa, los escuchaba todo el día y cuando mi hermano tocaba el piano, yo me sentaba al lado para intentar imitarlo. La música ha estado en mi vida desde que nací y no me podría imaginar vivir sin ella.

La Agrupación Musical Villanovense se puede decir que desde pequeña fue mi segunda familia, todos me vieron crecer, ya que desde muy pequeña correteaba por los pasillos y me sentaba en una silla al lado de mi padre para poder aprender también. Allí aprendí a solfear, toda la teoría musical, la constancia, ensayos, amistad, vaya que sin la AMV probablemente no me dedicaría a lo que me dedico ahora, ya que allí también comencé a dar clase a los niños pequeños de solfeo.  Y la verdad que todas las buenas experiencias, amigos, viajes que he pasado con ellos desde que tengo uso de la consciencia son IRREMPLAZABLES.

Empecé a tocar el clarinete, bueno en realidad el requinto, porque era tan pequeña (creo que tenía 6 años) que no me llegaban los dedos, así que mi padre decidió darme el requinto, y cuando tuve la edad para presentarme al conservatorio, ese año en Baeza era el primer año que cursaban la especialidad de violonchelo y ya que todos tocaban algún instrumento de viento, ¿por qué no probar con uno de cuerda? Y hasta ahora no me arrepiento de haber escogido ese instrumento.

Comencé a estudiar en Baeza, donde hice el Grado Elemental. El Grado Medio lo cursé en el conservatorio profesional de Jaén y el Grado Superior en Granada (exactamente lo mismo que mis hermanos). Durante el superior y en un encuentro con una orquesta en Eslovenia conocí a una chica, violonchelista también que estudiaba en Alemania y me preguntó por qué no probaba a estudiar allí. Sin pensarlo me lancé a la aventura, conocí al profesor que daba clase de violonchelo en Augsburgo (una ciudad de Baviera muy cerca de Múnich), y al año siguiente me concedieron una beca Erasmus en la “Musikhochschule Leopold Mozart” en Augsburg. Por lo que en el año 2014 me trasladé a Augsburg para seis meses y aquí sigo, ya casi seis años y medio. Terminé los estudios en Granada y seguí estudiando violonchelo aquí durante otros tres años.

La verdad que la cultura musical que existe en Alemania es muy grande, hay conciertos en todos sitios y son accesibles, festivales y sobre todo oportunidades. Lo que más me gusta de todo, es que se la inculcan a los niños desde muy pequeños.

Desde que vivo aquí he tenido la suerte de participar en numerosos conciertos con diversas orquestas, tanto en Alemania como en otros países (España, Alemania, China, Eslovenia, Francia…) pero desde hace unos dos, tres años, descubrí la musicoterapia, y decidí aventurarme y descubrir más. Trabajé en un centro de educación especial, y sobre todo con niños con autismo junto con un musicoterapeuta y las experiencias y las sensaciones que viví durante ese año no se pueden describir, y tengo que decir que es mi vocación. Me encanta trabajar y ayudar a niños con discapacidades a través de la música, por lo que decidí cursar un máster en musicoterapia y justo este mes lo he terminado.

Ahora mismo soy profesora de violonchelo en Augsburg y de iniciación musical con niños pequeños (a partir de cuatro meses hasta siete años que eligen un instrumento). Tengo un proyecto de estimulación musical con bebés de cuatro meses en adelante, trabajando mucho con las funciones cognitivas y el desarrollo de los niños. Es increíble lo que se puede llegar a conseguir con la música, y siempre con la ayuda de los padres.  Tengo que decir que adoro trabajar con niños y su manera de aprender y transmitir con la música, aprendo tanto de ellos como ellos de mí.

Cuando todo lo de la pandemia se tranquilice un poco comenzaré otros nuevos proyectos de musicoterapia con niños discapacitados.

Aunque mi vida musical sigue. Continúo dando conciertos con diferentes formaciones y desde hace tres años soy miembro de una banda llamada “Lilla Blue”, somos cuatro  chicas y está compuesto por voz/guitarra, piano, bajo eléctrico y chelo. Componemos canciones de estilo pop-folk/ Rock y publicamos nuestro primer EP el año pasado. Aunque ahora mismo con todo lo de la pandemia lo de dar conciertos en directo tanto con orquestas, tanto con la banda está muy complicado, pero lo estamos utilizando para la grabación de un nuevo CD.  No tiene nombre, ni las canciones seleccionadas pero trabajamos en él. Tal vez la grabación la hagamos en verano-otoño.

Suelo visitar Villanueva entre dos y tres veces al año, ya que cuando tenía libre, casi siempre tenía conciertos y era muy difícil viajar. Y bueno ahora con la última pandemia es aún más difícil. Mi última visita fue justo hace un año, en la que después de muchos años, conseguimos coincidir los tres hermanos.

La verdad que añoro mucho de España y de Villanueva, añoro la familia, amigos, el estilo de vida, las costumbres, el poder salir a tomar unas tapas y bueno, qué decir del sol…

La distancia la hemos superado con las nuevas tecnologías.  Gratificante la evolución de María Belén, desde este lugar de Villanueva del Arzobispo hasta   Alemania; sus estudios, conciertos la dedicación con la músicoterapia con niños autistas, la estimulación musical con bebés, sus conciertos la grabación de un CD… hoy la música de fondo, que me ha acompañado en este periodo con la canción en español “Historia de un amor”…

Pedro González, heredó de su padre el amor por la música, él ha sabido transmitir a sus hijos su pasión musical, el esfuerzo, el trabajo y la creatividad.

 

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