CHURCHILL EN ZURICH, 1946

POR ANTONIO PÉREZ CRESPO, CRONISTA OFICIAL DE LA REGIÓN DE MURCIA

murcia

El pasado domingo, 10 de febrero de 2008, analicé la primera parte del proceso de construcción de la Unión Europea, cuya segunda parte desarrollamos.

El 24 de abril de 1972 se aprobó el primer plan de la CEE para la creación de una moneda única como garantía monetaria de los Estados miembros (MTC). El 7 de febrero de 1992 se firmó en Maastricht el Tratado de la Unión Europea, desarrollando las normas para la creación de una moneda única. El 1 de enero de 1993 se estableció el mercado único haciéndose realidad sus cuatro libertades básicas: la libre circulación de mercancías, servicios, personas y capitales. Y el 1 de enero de 2002 entró en circulación el euro. Al final del siglo XX se reforzó la política común con el Tratado de Amsterdam.

SIGLO XXI

El Tratado de Niza (2001) tuvo como objetivo más inmediato poner los pilares para aprobar una Constitución para la Comunidad Europea antes del 2009. Con posterioridad se dio a Croacia, Turquía y la República de Macedonia el status de “candidato oficial”, que ya poseían Rumania y Bulgaria; todos ellos (a excepción de Eslovenia, Malta y Chipre) debieron cumplir los criterios de Copenhage.

A pesar de la constante percepción de crisis que se vive dentro de la UE, su Producto Interior Bruto es el mayor del mundo, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). En 2005 superó en un millardo de euros al estadounidense, y la influencia político-militar de la UE empezó a tomar fuerza en la crisis de Irán en 2005, y posteriormente en Afganistán, en la ex Yugoslavia, y en los conflictos electorales de Georgia, Ucrania y Bielorrusia.

Dentro del proceso integrador de Europa que tan buenos resultados está dando, este comentario se completa con un resumen del Discurso para la juventud académica que Winston Churchill pronunció en la Universidad de Zurich, en 1946, y dada la actualidad e importancia de algunos de sus argumentos éstos han sido subrayados con negrita.

«Deseo hablarles hoy sobre la tragedia de Europa. Este noble continente cuna de todas las razas originarias del mundo. Es la cuna de la fe y la ética cristianas. Es el origen de casi todas las culturas, artes, filosofía y ciencias, tanto de los tiempos modernos como de los antiguos. Si Europa se uniera, compartiendo su herencia común, la felicidad, prosperidad y gloria que disfrutarían sus cuatrocientos millones de habitantes no tendría límites. Y es desde Europa de donde han surgido y se han desarrollado una serie de horribles guerras originadas por las naciones teutonas durante este siglo XX que ha arruinado la paz y destruido las perspectivas de toda la humanidad».

«¿Y a que situación ha sido reducida Europa? Es cierto que algunos pequeños Estados se han recuperado rápidamente, pero una masa trémula de atormentados, hambrientos y aturdidos seres humanos se encuentran ante las ruinas de sus ciudades y casas, temiendo un nuevo peligro, tiranía y terror. Entre los vencedores hay una gran confusión de voces agitadas; entre los vencidos, el sombrío silencio de la desesperación. Eso es lo que han conseguido los europeos, agrupados en tantos antiguos Estados y naciones, eso es todo lo que ha obtenido el poder germano. A no ser porque la gran República del otro lado del océano Atlántico se ha dado cuenta y nos ha tendido las manos para socorro y guía, los malos tiempos hubieran vuelto con toda su crueldad. Y todavía pueden volver».

«A pesar de todo, aún hay un remedio, y en pocos años podría convertir a Europa, en algo tan libre y feliz como es Suiza hoy en día. ¿Cuál es ese eficaz remedio? Volver a crear la familia europea y dotarla de una estructura bajo la cual pueda vivir en paz, seguridad y libertad. Tenemos que construir una especie de Estados Unidos de Europa, y sólo de esta manera cientos de millones de trabajadores serán capaces de recuperar las sencillas alegrías y esperanzas que hacen que la vida merezca la pena. El proceso es sencillo, todo lo que se necesita es que cientos de millones de hombres y mujeres, hagan el bien y no hacer el mal».

«Existe un cuerpo de doctrina para servir a la Sociedad de Naciones que no fracasó por sus principios o concepciones; falló porque estos principios no fueron acatados por los Estados que los habían creado; porque los Gobiernos de aquellos días temieron enfrentarse a los hechos y no se atrevieron a actuar cuando aún era tiempo. Este desastre no debe repetirse».

«Me agradó leer en los periódicos hace unos días que mi amigo el presidente Truman, ha expresado su interés y simpatía por este gran proyecto. Todo lo contrario, creo que las mayores síntesis sólo sobrevivirán si se fundamentan sobre agrupaciones coherentes y naturales. Ya hay una agrupación natural en el Hemisferio Occidental. Los británicos tenemos nuestra propia Comunidad de Naciones, Estas organizaciones no debilitan, sino que fortalecen a la organización mundial».

«Todos sabemos que las dos guerras mundiales pasadas surgieron por la vana pasión de una Alemania recién unida, que quería actuar como parte dominante del mundo. Los culpables deben ser castigados. Alemania debe ser privada del poder de volver a armarse y hacer otra guerra agresiva. Pero cuando se haya realizado todo esto, y se realizará, y se está haciendo, debe haber un final para la retribución».

«Tiene que haber lo que Mr. Gladstone llamó “un bendito acto de olvido”. Tenemos que volver la espalda a los horrores del pasado. Debemos mirar hacia el futuro. No podemos permitirnos el arrastrar a través de los años aquello que puede traer de nuevo los odios y las venganzas que se desprenden de las injurias del pasado. Si hay que salvar a Europa de la infinita miseria, y por supuesto de la condena final, tiene que darse un acto de fe en la familia europea y un acto de olvido hacia los crímenes y locuras del pasado».

«¿Pueden los pueblos de Europa elevarse a la altura de estas resoluciones del alma e instintos del espíritu humano? Si pueden hacerlo, los errores y las injurias que se han infringido se lavarán en todas partes por las miserias que se han tenido que soportar».

«Ahora voy a decir algo que les sorprenderá. El primer paso en la recreación de la familia europea debe ser una asociación entre Francia y Alemana. Sólo de este modo puede Francia recuperar la primacía moral de Europa. Pero tengo que hacerles una advertencia: el tiempo se nos puede echar encima. Actualmente contamos sólo con un espacio de respiro. Los cañones han dejado de disparar, la lucha ha cesado, pero no se han detenido los peligros. Si queremos construir los Estados Unidos de Europa, cualquiera que sea el nombre y la forma que tomen, debemos empezar ahora».

«En nuestros días vivimos extraña y precariamente bajo el escudo y protección de la bomba atómica. La bomba atómica está aún en manos de un Estado y nación que sabemos que nunca la usará, excepto a favor del derecho y la libertad. Pero puede ser que dentro de unos años este terrible agente de destrucción se extienda ampliamente y la catástrofe que provocaría su uso por varias naciones guerreras no sólo acabaría con todo lo que llamamos civilización, sino que posiblemente desintegraría el mismo globo».

«Debo ahora resumir las propuestas que tienen ante ustedes. Nuestro constante propósito debe ser fortificar la fuerza de la Organización de Naciones Unidas, y en el seno de este volver a crear la familia europea con una estructura regional llamada, quizás, los Estados Unidos de Europa. El primer paso es crear un Consejo de Europa. Si al principio todos los Estados de Europa no están dispuestos debemos proceder a unir aquellos que quieren y pueden. La salvación de la gente normal de cada raza y de cada país, del peligro de la guerra o esclavitud, tiene que establecerse sobre sólidos fundamentos, deben estar protegidos por la voluntad de todos los hombres y mujeres de morir, antes de someterse a la tiranía. En todo este urgente trabajo, Francia y Alemania deben tomar juntas la cabeza. Gran Bretaña, la Commonwealth británica de naciones, la poderosa América y confío que la Rusia soviética -y entonces todo sería perfecto- deben ser los amigos y padrinos de la nueva Europa y defender su derecho a vivir y brillar. Por eso os digo ¡Levantemos Europa!».

Zurich, Suiza. 19 de septiembre de 1946

Documentalista: Soledad Belmonte

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