CRÓNICAS DE COVADONGA (V)

POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS)

Hace cuatro años se celebró el centenario de la coronación canónica de la imagen de Santa María de Covadonga, una solemnidad que -en el año 1918- se había hecho coincidir con el XII centenario de la batalla de Covadonga, al creer que ésta había tenido lugar en el año 718, aunque el consenso general de los historiadores acabó fijándola en el año 722, razón por la que estamos celebrando ahora el XIII centenario, y no hace cuatro años.

Con donativos aportados por todos los asturianos, las coronas fueron realizadas en 1918 en el taller madrileño de orfebrería del sacerdote -nacido en Pola de Lena- don Félix Granda Buylla.

Están montadas en oro y platino, con esmaltes azules.

Contienen: 1.009 brillantes, 2.046 rosas, 32 perlas, 983 rubíes, 2.572 zafiros, 551 gramos de oro y 232 gramos de platino.

En la cámara blindada del Museo de Covadonga se puede contemplar, junto con la del Niño Jesús.

En muy excepcionales ocasiones (como es el caso del día 8 de septiembre) la imagen de la Santina del siglo XVIII la lleva sobre su cabeza pero -cuando esto ocurre- se toman férreas medidas de seguridad, de las que puede dar fe quien escribe estas líneas.

En su origen la corona se mostraba a los fieles sobre la cabeza de la muy bella imagen sedente de alabastro que había tallado el escultor valenciano José Capuz Mamano, imagen que preside la iglesia principal de la colegiata y de la que hablaré en otra crónica con detalle.

En el atardecer del 8 de diciembre de 1923 estas coronas (la de la Virgen y la del Niño) fueron robadas en Covadonga por el alemán Nils Wolmann, el cual se alojaba en el Hotel Sta. Cruz de Cangas de Onís mientras hacía algunos trabajillos como mecánico.

Las coronas -tras su confesión- aparecieron enterradas cerca del campo de fútbol cangués, próximas al río.

El ladrón fue condenado a seis años de prisión, de los que cumplió dos y -como indemnización- hubo de pagar 12.000 pts. al abad.

Tras su indulto fue bautizado en Oviedo, siendo su padrino el Marqués de la Vega de Anzo.

Y ya que hablamos de la coronación canónica de la Virgen de Covadonga, es preciso destacar que los cangueses de hace poco más de un siglo comenzaron a preparar este acontecimiento -coincidente con el XII centenario de la Batalla de Covadonga- desde dos años antes (1916).

Meses después ocurrió que la Junta Provincial pretendió trasladar la imagen de La Santina a Oviedo, para celebrar allí la solemnidad de la coronación, lo que soliviantó a los vecinos del concejo. El periódico cangués “El Popular” se hizo eco de la cuestión el 30 de abril de 1918, al recoger la noticia de que más de 6.000 cangueses convocados por el Círculo de Artesanos -entre otros- habían recorrido las calles de la ciudad hasta llegar al ayuntamiento con la finalidad de solicitar al alcalde (Manuel Pendás Junco) “que hiciese saber a la superioridad que los habitantes de este concejo no permitirán de ningún modo que se les arrebate el derecho que legítima y naturalmente les pertenece de que se celebren aquí dichos actos, que son una manifestación de su gloriosa tradición y de su propia historia”.

El coraje de los cangueses se impuso y la coronación hubo de celebrarse en su lugar lógico y natural, el santuario de Covadonga, enclavado en el concejo de la que ya se conocía como Canicas mil doscientos años antes.

Los reyes D. Alfonso XIII y Dña. Victoria Eugenia estuvieron presentes en el acto y -esa misma tarde- inauguraron el que pasó a llamarse Parque Nacional de la Montaña de Covadonga.

Como decíamos, hace ahora cuatro años que se celebró el centenario de la citada coronación en presencia de los Reyes de España y de sus dos hijas.

“Covadonga tiene un color especial” no es el título de ninguna composición musical ni poética. La basílica, los muros, las escalinatas, la vía sacra y varias edificaciones fueron construidos valiéndose de la hermosa piedra caliza de la próxima cantera de Peñalba.

Teñida por el mineral de hierro que abunda en la zona, atesora la compacidad y formación de una caliza marmórea de muy bella tonalidad rojiza. De hecho, ha dado nombre al “rojo Covadonga” cuando se habla de este tipo de piedra.

Covadonga -superadas tantas ficciones ideológicas y mitificaciones varias- es un lugar de referencia popular y universal. Aglutina y reúne en sí misma espíritu y materia, naturaleza y arte. Covadonga es símbolo y referencia de Asturias, además de ser raíz, cuna y corazón. En ella se funden intimidad, fe, maternidad y cultura, así como nuestra conciencia regional, porque Covadonga condensa en sí misma la milenaria historia de Asturias.

——Francisco José Rozada Martínez, 8 de septiembre de 2022—-

FUENTE: https://www.facebook.com/franciscojose.rozadamartinez

Sin Comentarios.

Responder

Mensaje