VERANEARIO 2013 (XI)

POR APULEYO SOTO, CRONISTA OFICIAL DE BRAOJOS DE LA SIERRA Y LA ACEBEDA (MADRID)

Plaza Mayor de Segovia.

Plaza Mayor de Segovia.

LA CALLE REAL. De abajo a arriba y de arriba abajo, la calle Real segoviana es todo un poema. Si yo fuera Antonio López, ya la habría pintado en vez de a la Gran Vía madrileña, y acaso lo hayan hecho López Tablada, Tardón, Reguera, Madrigal o Bene Gómez. Me lo confirmarán los Cossío, Luis y José María. Con sus tiendas, quioscos, museos, restaurantes, cafeterías, terrazas, veladores y miradores…resulta un recreo para la vista. Todo el mundo pasa por ella, y aquí el sintagma “todo el mundo” no es una hipérbole sino una realidad cotidiana, colorista y auditiva, con ríos de gentes de las más diversas razas, hablas y vestimentas. ¡Qué bien le sentaría a esta calle en cualquier esquina la estatua del paseante don Antonio Machado! Pero no me quiero meter con los municipales, ahora que voy repasándola. Déjenle dónde está. No le lleven tampoco a la Alameda del Parral. Subiremos a saludarle en la Plaza Mayor.

LA PLAZA MAYOR. Y antes de abordar la Plaza Mayor, detengámonos en el quiosco de Eugenio para comprar el periódico y entremos un rato en las librerías Cervantes y Entre Libros para aprovisionarnos de papel y boli, no sin echar en el bolso una buena novela placentera o el best seller viajero “A lo largo del río Riaza”. Repitamos después la operación en Punto y Línea, ya en Cronista Lecea, y pasemos enseguida a tomar un Carraovejas en “Josemaría”. Dan las doce las campanas de la catedral. Como es jueves, el mercadillo está en su salsa, con tenderetes de ropa y frutos de la Tierra de sabor. Buen apetito.

EL ALCÁZAR BARQUERO. La imagen navegante del Alcázar sobre el mar cereal de la meseta ha sido repetidísima por los plumíferos y los turistas sin imaginación. El primero que la labró, con el primor de una ataujía nazerita, ése sí que sabía lo que se hacía y lo que quería expresar. No sé si fue Garci Ruiz de Castro en el dorado siglo XVI, como cuenta Moncho Alpuente en su excelente Diccionario Alfabético General de Segovia, pero la metáfora ha hecho sudar tinta y la llevan en la boca miríadas de viajeros anónimos, satisfechos de su acierto. Contemplado el espectáculo, me bajo de las altas torres que se enfrentan al Clamores, al Eresma y a la templaria iglesia de la Vera Cruz.

EL PARADOR NACIONAL. ¡Cuán grata resulta la estancia en el Parador Nacional de La Lastrilla! Más de un escritor se ha enclaustrado en él para narrar la gran novela-río de Segovia a través de los tiempos; lo sé de buena fuente, una fuente que “mana y corre” como en los poemas de San Juan de la Cruz, pero me guardaré el secreto profesional.
En los días de vino, tapas y rosas de la entrega de los Premios Cirilo a los corresponsales extranjeros en Mayo, el Parador brilla al atardecer recibiendo los rayos del último sol que le pinta de almagre ladrillo los muros y las tejas.

LA NARIZ DE ORO DE LUCIO. Me entero de que la Cueva de San Esteban, donde reina Lucio, Nariz de Oro y garganta de seda, ha extendido sus dominios en otros frentes. ¡Salud! Y cuando vuelva, que me meta en su bodega, “misterioso hogar, pues llegaré cansado del duro bregar”. Por favor.

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