ESTADO FEDERAL

POR FRANCISCO SALA ANIORTE, CRONISTA OFICIAL DE TORREVIEJA

Ilustración del aprovisionamiento de los insurrectos de Cartagena en el almacén de Vicente Castell en Torrevieja. / Portada del ‘London News’ Número 1.779, 4 de octubre de 1873

Ilustración del aprovisionamiento de los insurrectos de Cartagena en el almacén de Vicente Castell en Torrevieja. / Portada del ‘London News’ Número 1.779, 4 de octubre de 1873

El presidente de la Generalidad de Cataluña quiere conseguir para la región que gobierna los atributos propios de un Estado soberano. El Ejecutivo español y el Partido Popular fijó su postura: «Vamos a defender la unidad de España». Desde el PSOE se planteó otra alternativa: proponer la vertebración del país de acuerdo a un sistema federal como respuesta al desafío secesionista del nacionalismo catalán. Pero, ¿qué cambios conllevaría tal reforma? ¿Qué traería consigo la implantación del modelo federal?

Un ejemplo lo tenemos en el cantonalismo: movimiento insurreccional que aspiró a dividir el Estado nacional en cantones casi independientes, siendo partidario de un federalismo de carácter radical: reparto de la riqueza, mejoras proletarias, etc. Su objetivo fue establecer una serie de ciudades o confederaciones de ciudades (cantones) independientes que se federarían libremente. Recuerda en ciertos aspectos a las polis griegas. Fue eminentemente un fenómeno de la pequeña burguesía, que tuvo una gran influencia sobre el naciente movimiento obrero, y constituyó un precedente para el anarquismo en España.

Tras el fracasado golpe de 23 de abril de 1873, el republicanismo federalista se afianzó. Por ello, las elecciones a las Cortes Constituyentes arrojaron aparte de una elevada abstención del 60%, una aplastante mayoría de los republicanos federales. Sin embargo, los federalistas estaban divididos entre la mayoría benevolente, partidaria de un federalismo que debía organizar la descentralización desde las Cortes, mientras que la minoría intransigente quería establecer previamente los Estados y en la Cortes constituir la federación. Los benevolentes eran partidarios de constituir los Estados de la federación según los antiguos reinos históricos, mientras que los intransigentes pretendían la formación de cantones según la división provincial.

El Cantón de Cartagena, también llamado Cantón Murciano, fue la insurrección federalista que tuvo como objetivo la constitución de un cantón federal, iniciando el 12 de julio de 1873 y una rebelión para instaurar la República Federal sin esperar a que las Cortes Constituyentes, elegidas en mayo, elaboraran y aprobaran la nueva Constitución.

Los cantonales organizaron expediciones por tierra y mar para extender la revolución cantonal. En tierra, se dirigieron marchas sobre numerosos puntos entre los que se encontraba Orihuela, en la que tuvo lugar la Batalla de Orihuela. Con la flota que quedó en su poder al proclamarse el Cantón, se dirigieron expediciones marítimas a Valencia, Málaga, Alicante, Torrevieja, Águilas, Mazarrón y Vera, con diferente suerte, para extender el cantonalismo y también conseguir víveres.

El 19 de julio se constituyó en Cantón independiente de Torrevieja, en plena fiebre cantonalista, el mismo día en que lo hacían Sevilla y Cádiz, estando presidido por Concha Boracino Calderón, representativa del incipiente movimiento feminista auspiciado por la difusión del ideario republicano-federal hacia 1870 en localidades mercantiles del litoral mediterráneo español.

En Torrevieja la causa cantonal contaba con la sólida plataforma de la pequeña burguesía de comerciantes, tenderos, taberneros, profesionales de las artes liberales, empleados de las salinas, patronos y armadores de barcos de pesca y de buques mercantes.

Gálvez a bordo del vapor de ruedas Vigilante, que había sido requisado en el puerto de Alicante, y la escoltado por la Vitoria, hizo escala en Torrevieja. El líder cantonal recorrió a pie el tramo que separaba el embarcadero de la plaza del Ayuntamiento. Abrió el cortejo la banda de música, a la que seguía el ilustre visitante con la Junta Revolucionaria local, y detrás los restantes jefes del partido, notables y el pueblo en general en jovial camaradería. Avanzó la comitiva sin prisas, en olor de multitudes, entre músicas, aplausos, cohetes y vítores.

Para mantener su propia supervivencia, los cantonales de Torrevieja solicitaron su incorporación al Cantón Murciano; formalizándose su incorporación y dejando de pertenecer a la provincia de Alicante. Los cantonales cartageneros recogieron de Torrevieja 70.000 reales procedentes de la administración de las Salinas, obligando ese gesto a que fuera destituido su administrador por el gobierno central de Madrid, al saberse que formaba parte de la junta separatista, siendo nombrado como interventor Pascual Rodríguez. Gálvez, después de hacer noche en casa de su amigo Casciaro, en la finca de Los Hoyos de San José, se embarcó en la tarde del día 23, repitiéndose las manifestaciones de contento.

El 27 de agosto, a las 8 de la mañana, fondeó en el puerto de Torrevieja la fragata blindada Numancia, quizás con el fin de recoger gente para su tripulación, no se permitió tomar tierra a ningún miembro de la marinería. Descendieron del buque un bote que se mantuvo a cierta distancia de la costa. Levó anclas a las 12 de la mañana, pero volvió por la noche a aguas torrevejenses al sentirse vigilada y seguida por un buque inglés, regresando más tarde a Cartagena.

El bloqueo establecido por el ejército central a Cartagena produjo la carencia de víveres en la plaza insurrecta, viéndose los rebeldes obligados en enviar a Torrevieja un buque con pertrechos del Arsenal para cambiarlos por comestibles. El 12 de septiembre, por la mañana llegó a la villa salinera el vapor Fernando el Católico, yendo escoltado por fragata blindada Numancia, desembarcando Gálvez al frente de cuatrocientos hombres. Al tomar tierra hubo resistencia, produciéndose un disparo fortuito de un soldado cartagenero que produjo la muerte del torrevejense Eduardo Mulero Ballester. Y la muerte, también por disparo de arma de fuego, de un marinero de Gálvez.

Entre el 11 y el 14 de septiembre, estuvo en Torrevieja, con Gálvez a bordo del Fernando el Católico, obteniendo armas y abundantes subsistencias requisadas a una compañía de voluntarios “centralistas” que fue disuelta por los cantonales.

Se llevaron algunas armas de los voluntarios centristas que fueron disueltos por los cantonales, también toda la harina y otros víveres que pudieron recoger del almacén de Vicente Castell y algunas caballerías de Andrés Torregrosa Dols, conocido por Bartolo por ser el nombre de su padre.

La experiencia independentista de Torrevieja no tuvo un feliz final.

Fuente: http://www.laverdad.es/

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