SE NOS HA IDO DOÑA FRANCISCA GALLUT CASTEJÓN

POR MIGUEL GALLEGO ZAPATA, CRONISTA OFICIAL DE SAN JAVIER (MURCIA)

Francisca Gallud junto al cronista oficial de San Javier Miguel Gallego Zapata.

Francisca Gallud junto al cronista oficial de San Javier Miguel Gallego Zapata.

A mi vuelta de unos días en el Hospital de Los Arcos, aquejado de una breve indisposición, me sorprende la triste noticia del fallecimiento de mi muy amiga Francisca Gallut Montesinos “Paca la de Gallut”, una encantadora y “servicial” mujer, sí, digo bien, pues “servicial” sería la más adecuada calificación para una gran persona que dedicó su vida a tratar de hacer felices a cuantos le rodeaban y todavía era capaz de ensanchar su círculo familiar, que era enorme, padres, hermanos, sobrinos, que tanto la querían, para acudir a sus viejas amistades, que la recibían siempre con ese cariño que ella había sabido granjearse a lo largo de su dilatada vida. Su afabilidad en el trato, sus buenos modales, su religiosidad, hacíamos juntos los Jueves Eucarísticos y su devoción a todo lo bueno y sobre todo su cariño a su San Javier del alma se salía de lo corriente, sus habilidades para la cocina eran notorias, que se lo pregunten a los de Paulino.

Me encantaba hablar con ella y siento que nuestras respectivas incapacidades nos tuvieran alejados, sabía mucho y era una persona agradecida, cualidad tan en desuso, recordaba con devoción a su padre, Rafael Gallut, aquel viejo lobo de mar, que había navegado por los siete mares y después de unos años de Sota Arráez de las Encañizadas, se jubiló como Contramaestre de la Balandra Carmen del Almirante de la Mar Menor, nos encantaba con sus historias de la mar y, sobre todo cuando desgranaba la rosa de los vientos.

Me contaba Paca que cuando el 3 de diciembre der 1927, se inauguró el Grupo Escolar, hoy Conservatorio de Música, ella era una de las alumnas, hablar un rato con ella era una gozada, yo aprendía oyéndole, pues sus relatos estaban llenos de bondad, todo era bueno para su mente tan sana.
Gentes de buena crianza y la generosidad era su lema, nunca me faltaba su delicado obsequio cuando llegaba la Navidad, era exquisita en su trato.

Soñé siempre que si llegaba el triste momento de su óbito y conservaba mi lucidez, la despediría desde la Plaza de España, esa plaza que tanto nos cautivaba a los dos, rindiéndole el tributo de pleitesía que mereció.

Paca, “tu” San Javier está triste.

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