LABRADORES, CANTEMOS…

POR ANTONIO LUIS GALIANO, CRONISTA OFICIAL DE ORIHUELA

Detalle capilla de San Isidro (Madrid). / Foto A. L.Galiano

Detalle capilla de San Isidro (Madrid). / Foto A. L.Galiano

Allá, por la época en que se celebraba como día festivo el día de San Isidro en Orihuela, y en el que las gentes de la ciudad, la huerta y el campo se desplazaban hasta la pradera en la que hoy existen los edificios del Barrio que lleva por nombre el del Santo madrileño y que, en la actualidad las fachadas de sus casas constituyen un museo al aire libre con los murales dedicados al poeta al que tanto debe Orihuela; era una fecha de alegría, en la que se degustaba el desayuno, el almuerzo y la merienda, bien en los tenderetes que se instalaban o extendiendo un mantel sobre el terreno.

Se honraba al Patrón del Agro español y en nuestra ciudad se le dedicó un himno, en el que entre sus estrofas se decía: “Que Orihuela cante, y toda su vega/ su oloroso incienso quemado en su honor;/ y allá de los Cielos su Ángel nos venga/ a poner nuestro fruto en cosecha y sazón/.

Pero, en alguna ocasión, en una “Vuelta a los Puentes” dedicada a este día hacía referencia a la consideración que en Madrid se le tiene y se le profesa. De igual forma que hablaba del museo a él dedicado, en lo que en origen fue la casa solariega de Iván Vargas, que según la tradición habitó Santo en compañía de su esposa, Santa María de la Cabeza. Tuve ocasión en unos de mis viajes a Madrid de visitar dicho museo, y allí ver el pozo del milagro, así como el “Códice de Juan Diácono”, redactado en el último tercio del siglo XIII, en el que se narra su biografía y cinco milagros por él realizados en vida. También pude admirar la capilla que se levantó en el siglo XVII, en el lugar donde existían dos pequeños cuartos en los vivió el santo matrimonio y murió San Isidro. En ella, presidiendo una imagen dedicada al mismo en madera tallada y policromada, de autor anónimo de 1663.

De esta forma, completamos con estos datos, los que ya facilitamos en su momento. Pero, aproximémonos geográficamente, regresemos al “Himno a San Isidro” que se entonaba en los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado en nuestra ciudad: “Labradores, cantemos un himno ferviente,/ henchidos los pechos de santo fervor,/ a aquel que en sus días bañose su frente,/ igual que las nuestras de casto sudor/.

Si bien este himno se entonaba en la celebración religiosa, en el momento de la fiesta popular, la letra de una jota decía: “San Isidro, San Isidro,/ San Isidro Labrador/ danos salud y alegría/ para que al año que viene,/ volvamos en romeria/.

En 1950, las fiestas se iniciaron la víspera, domingo día 14, con la bendición a las diez de la mañana de la nueva imagen por parte del canónigo doctoral, Modesto Díez Zudaire, quedando depositada en la ermita que existía en la pradera. Al día siguiente, a la salida del sol, al igual que se había hecho en años anteriores la imagen que se venera en la iglesia parroquial de las Santas Justa y Rufina era trasladada en romería hasta la citada ermita, siendo acompañada por las autoridades, rondallas, carrozas, carros engalanados y parejas a caballo. Una vez arribada la comitiva a la pradera se celebró una misa solemne oficiada por el obispo de León, Luis Almarcha Hernández, amenizada por la Unión Lírica Orcelitana. A continuación, el prelado bendijo los frutos y cosechas de la huerta y el campo oriolanos. A mediodía se efectuó el reparto de premios a los participantes en la romería, y a la puesta de sol, tras haber sorteado ante notario un par de novillas, la imagen del Santo fue restituida a la citada iglesia parroquial.

En 1956, el día 14 de mayo se efectuó un Bando de la Huerta, y al amanecer del día siguiente hubo diana a cargo de la Banda de Cornetas y Tambores “Auxilium” del Oratorio Festivo de San Miguel. A las 8 de la mañana se concentraron en la Plaza del Generalísimo (Plaza Nueva) todas las carrozas, carretas, carros, parejas a caballo, rondallas y banda de música, recorriendo las calles principales de la ciudad, hasta llegar a la indicada iglesia parroquial, en la que, en el altar de San Isidro labrador se celebró una misa rezada oficiada por el vicario general de la Diócesis, José García Grau. Tras ella, en romería, la imagen fue llevada hasta la pradera, en la que fueron bendecidos los campos y la huerta. A mediodía se celebró en dicha pradera un concierto a cargo de la Unión Lírica Orcelitana dirigida por Bienvenido Espinosa. Por la tarde, se llevó a cabo la entrega de premios a los participantes en dicha romería, y el sorteo de un par de novillas de pura raza castellana y de “un magnífico borrego”, con la salvedad de que, “caso de no haber sido vendido el número premiado el sorteo de las novillas y del borrego, se repetirá tantas veces sea necesario”.

Es de justicia resaltar las proliferación de hojas sueltas con versos en panocho dedicados a la romería, de los que eran autores, entre otros, “Antón Cutillas (El Marrajo)” y “Pedro el Gurullo”, tras los que se esconde José Antonio Poveda “el del Palas”. Así como, otros con versos de “El Tío Quico el de La Ñora” y “El Tío Pepe el de las Máquinas” (José Rodríguez Lozano “Pepe Rodríguez”). De éste último, entresacamos unos versos de 1958, en los que dice: “De la suidá voy abora/ a poneros al corriente/ de tuicas las novedades/ y mejoras mu desentes/ de que desfruta Origüela/ por lebante u por poniente/.

Así, que, en este día, cada uno que tome estos versos de hace cincuenta y siete años como quiera, o bien que entone el “Labradores, cantemos un himno ferviente”.

Fuente: Diario LA VERDAD Vega-Baja. Orihuela, 15 de mayo de 2015

Sin Comentarios.

Responder

Mensaje