LA ROMERÍA A LA MURTA FLORECE CADA MAYO EN ALZIRA

POR ALFONSO ROVIRA, CRONISTA OFICIAL DE ALZIRA (VALENCIA)

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Siempre es agradable, cada año, al llegar este tiempo de primavera, para participar en la tradicional romería a las ruinas del que fue monasterio de jerónimos enclavado en el maravilloso valle de la Murta. Romería que dio comienzo en junio de 1955, aunque también existen noticias de su celebración en 1935.

El domingo último de mayo partía desde la parroquia de Santa Catalina, una gran multitud de romeros, que tras la bendición de las cañas que con la estampa de la Virgen murteña, y la imagen entronizada en un coche tirado por un caballo de Antonio Micó, que conducía su hija, atravesando la ciudad se dirigieron caminando hacia el valle que separa de la población unos ocho kilómetros. También para los participantes mayores, tuvieron oportunidad de cubrir el itinerario en un autobús que partía poco después desde la Avenida Luís Suñer. Un grupo de danzas de Alzira, amenizó la partida demla expedición de la parroquia.

Los romeros, escoltados por una pareja de la Policía Local de tránsito, acompañaron la imagen de la Virgen de la Murta, recorriendo las calles, llegaron a la partida de l’Alquenencia, dejando a un lado l’hort de Macnota -huerto de las aguas potables- la muntanyeta del Salvador, que se eleva a la izquierda de recorrido; el garrofer de Bon Aire y, finalmente por el camino de la umbría llegaron a la Murta, no sin antes detenerse a mitad de camino en un huerto donde los residentes les invitaron a un refrigerio para recuperar fuerzas.

El camino que bordea el barranco, discurre por la ladera del monte y entra a través del que, hasta hace algunos años fue un frondoso bosque hasta el monasterio. Allí, en un descampado cercano a la capilla donde se guarda la imagen de la Virgen durante el año, fue entronizada en un altar instalado en el templo de la naturaleza; como bóveda tenía el cielo; como paredes, las escarpadas laderas de los montes cercanos; como música, el rumor de las aguas que por el acueducto bajan de la lejana fuente que abastecía el monasterio. Antaño, en otro lugar cercano, donde se celebraba la romería, la imagen de la Virgen era sostenida en el tronco de un pino, adornada con ramos de mirto.

Ante la imagen de la Virgen, se celebró la eucaristía por el párroco de Santa Catalina, Enrique Masiá, acompañado del sacerdote venezolano, José Gregorio Villalobos, previa ofrenda de flores en la que participaron cofradías, asociaciones religiosas, falleras mayores, ayuntamiento y fieles.

Al mediodía fue servida una paella gigante y por la tarde los organizadores, la cofradía de la Virgen de la Murta que preside Juan Pellicer, trasladaron la imagen a su capilla en la casa solariega, despidiéndose con el canto de los gozos y el himno hasta el año próximo.

Los historiadores coinciden en señalar que el día 11 de febrero de 1401 fue la fecha de la fundación del monasterio, como se recoge en el libro del Padre Morera de 1773, prior que fue del monasterio. Antes de su fundación, el origen de esta comunidad arranca de 1357, cuando el caballero alcireño, Arnau de Serra, hace donación de estas tierras a los once anacoretas que moraban en algunas ermitas. En los seis siglos de existencia, el cenobio de los jerónimos recibió ilustres visitantes como San Vicente Ferrer, en 1409 y el rey Felipe II, en 1568.

Lo tradicional es que la romería transcurra a pie desde la ciudad al valle de la Murta, pero en los primeros años, desde 1955, el transportista Bernardo Rosell, prestaba sus camiones, acondicionados con sillas para que los romeros cubrieran el trayecto. Una persona campechana, que todos los años estaba presente para la celebración de los actos en la Murta, como lo podemos ver, testigo de estas celebraciones, sentado en una silla, protegido del el sol, leyendo el periódico con el botijo lleno de agua del manantial de la Murta para saciar la sed.

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