AL PADRE DAMIÁN YÁÑEZ NEIRA

POR RICARDO GUERRA SANCHO, CRONISTA OFICIAL DE ARÉVALO (ÁVILA)

01058858

Verán amigos lectores, cuando comencé esta serie de columnas allá por el año 2004, la primera publicada fue el día 14 de noviembre, llevaba por título “Un recuerdo entrañable”, y estaba dedicada al entonces recién fallecido D. Fernando Chueca Goitia, el genial arquitecto, muy cercano a nuestra ciudad a través del mudéjar y los congresos.

IMG_8396

Cuando había decidido reanudar estos escritos hace unos días, recibo la triste noticia de la muerte de otro amigo, en este caso más entrañable y cercano, un monje lleno de espiritualidad. No me gusta hacer necrológicas, no se me dan bien. En casi quinientas columnas, apenas una decena no es un número muy significativo.

22863_funerales_del_anciano_monje_cisterciense_en_el_monasterio_de_oseira

Pero llegado el caso, mi mente y mi corazón me piden hablar de personas cercanas en la amistad personal, por su influencia y proyección sobre mi vida, o sobre la vida de mi ciudad. Este es el caso de la reciente pérdida del monje Cisterciense Padre Damián Yáñez Neira, que falleció en miércoles 27 de mayo.

Este era el fraile que tanto he mencionado en mis escritos cuando he hablado de mis maestros, y él lo era en los temas históricos. Y estrechamos lazos en mis visitas a aquel gran monasterio de Galicia, La Osera, que allí le llaman “El Escorial gallego” por su amplitud y empaque.

O29C7F3

Con su magnífica iglesia de transición del románico al gótico, típica cisterciense, sus tres claustros amplios y elegantes, renacientes y barrocos, sus portadas de un barroco exuberante a lo gallego, un conjunto monacal de primer orden. Y por su biblioteca inmensa, obra señera del Padre Damián que a su recuperación y ampliación dedicó gran parte de su vida laboral.

En aquella gran panda o salón de la biblioteca, en sus bibliotecas para hablar con propiedad, miramos muchos libros, realizamos consultas en bibliografías raras y antiguas, siempre relacionadas con nuestro Arévalo, porque en su estancia como capellán del Monasterio de Santa María la Real cogió afecto a esta ciudad, muy querido de esta comunidad y de toda la ciudad. Yo cada año le comentaba mis trabajos, como si fuera dar mi cuenta de resultados.

Y le exponía mis proyectos para los que siempre recibí ánimos y también consejos, de consultas de fuentes históricas o líneas de investigación. En la historia, él también era autodidacta, pero con buenas bases de formación, datos de primera mano y las ideas muy claras. ¡Qué frescura en la memoria! –aunque yo le conocí ya mayor−, para contarme historias, reconstruir tantas cosas, tantos episodios del Arévalo que él conoció cuando fue capellán del monasterio.
¡Cómo no iba a ser para mí un maestro!

Y esa historia del monasterio de Arévalo que él comenzó durante su estancia aquí, que no publicó porque estaba inacabada, pero que me confió para que yo la conociera. Ahí está, un tesoro lleno de datos, valiosísimos datos que son un legado compartido.

Pero también tengo que recordarle como modelo de espiritualidad, con sus siempre buenas sentencias, anotaciones y fraternas amonestaciones, que despertaron en mí aún más un amor filial, de respeto y admiración hacia un religioso íntegro y tocado de bondad.

Desde hace bastantes años él me hablaba de un compañero especial, San Rafael Arnáiz Barón, primero como un proyecto de santidad, después comprometido como impulsor y divulgador en el proceso, que finalmente me enseñó a confiar en este santo tan actual. Espiritualidad contagiosa y entrañable, como ocurrió hace años con la Venerable Madre Catalina del Espíritu Santo, la arevalense mística enamorada del Santísimo Sacramento, que es santa aunque no esté proclamada como tal.

Este fraile y capellán inquieto por la cultura y la historia que tanto colaboró en los actos de la Coronación Canónica de Nuestra Señora de las Angustias, de la que era un ferviente devoto.

¡Qué momentos hemos pasado hablando de historia…y hablando de Dios! Después de esta vida casi centenaria, Padre Damián, la Virgen ha escuchado sus ruegos… ¡Un abrazo fraterno y hasta siempre!

Sin Comentarios.

Responder

Mensaje