EL MÁS ANTIGUO ESPECTADOR DE LA HISTORIA DE MURCIA

POR JOSÉ ANTONIO MELGARES GUERRERO, CRONISTA OFICIAL DE LA REGIÓN DE MURCIA

Ammonites del Casino de Murcia.

Ammonites del Casino de Murcia.

Ammmonites.

Ammmonites.

En el lateral izquierdo de la fachada principal del Casino capitalino, a poco más de dos metros de altura sobre el nivel del suelo de la C. Trapería y a la vista de todos, permanece discretamente, sin apenas llamar la atención de nadie, ni siquiera de los guías turísticos que enseñan los encantos de la ciudad a los visitantes de fuera, el más antiguo espectador de la Historia Regional desde que, sin contar con él, fue obligado a dejar los montes y venir a la ciudad, a comienzos del pasado siglo XX, cuando se erigió el inmueble referido.

La fachada en cuestión, según el arquitecto Alfredo Vera Botí, debió ser encargada a su colega Pedro Cerdán a finales de 1898, estando concluida en 1902 según reza una inscripción decorativa en la superficie de la misma. De la cantería, talla y escultura en general, a excepción de las dos cariátides, se encargó Salvador Monzó, utilizando para ello mármol rojo de las canteras de Cehegín en el zócalo, y piedra de Novelda en el resto de la fachada.

El mármol de Cehegín, según el paleontólogo Gregorio Romero Sánchez, no es sino piedra caliza carbonatada de color rojizo, con estructura nodular, a la que quienes nacimos en el Noroeste de la Región llamamos jaspe. Ha sido muy utilizado históricamente en edificios monumentales dentro y fuera del antiguo reino, y en cuya composición lítica suele haber gran abundancia de restos fósiles de ammonites y belemnites, animales que vivieron en los altos fondos marinos alejados del continente emergido durante el Jurásico Superior (entre 160 y 140 millones de años).

El ammonites del Casino capitalino formó parte de un grupo de cefalópodos marinos, con cabeza bien diferenciada y con el cerebro y los órganos sensoriales más evolucionados de todos los moluscos. Su alta movilidad, determinada por el desarrollo de una concha compartimentada que le permitía el control de la flotabilidad, fue determinante para su evolución, llegando a ser los animales de esta especie predadores muy activos y eficaces, que colonizaron el medio marino gracias a la posibilidad de flotación ofrecida por la compartimentación de las cámaras internas de la concha.

Ni el arquitecto ni los canteros que llevaron a cabo la obra de la fachada del edificio referido, debieron ser conscientes de que estaban colocando a la vista y también a la consideración de la población, el más antiguo habitante del espacio regional murciano. Allí ha permanecido y permanece, fosilizado, pero intentando contar a quienes su propia sensibilidad permite escuchar su voz, el capítulo más antiguo de la historia de la región de Murcia, ese que se empeñan en escribir los paleontólogos y a donde no llegan los prehistoriadores.

El ammonites de la fachada del Casino no pide, ni exige, ni reivindica nada a nadie. Permanece anclado en la historia y, con sonrisa petrificada, sólo sugiere respeto a quienes su ignorancia ha llevado a intentar agredir su aspecto, sin reparar en que es la piedra misma la que sufre la agresión y no el animal petrificado.

Desde el lugar privilegiado que ocupa, contempla el paso del tiempo, de generaciones enteras y de acontecimientos que ilustran el libro de la Historia Regional. El silencio de los montes le enseñó a callar durante milenios, y también a no alterarse con nadie ni por nada, pues nada nuevo le enseñan los humanos que no haya experimentado cientos de miles de veces a lo largo de tan dilatada existencia

El ammonites del Casino de Murcia, sin nombre propio que le identifique y distinga de otros fósiles, más modestos y menos conocidos, también incrustados en piedras históricas desperdigadas en monumentos de la Región, aguarda paciente una pizca de atención, la que merece como el más antiguo espectador de la historia regional, al que pocos han ofrecido y demostrado su afecto. Que el cronista sepa, sólo un paleontólogo, el ya citado Gregorio Romero, en publicación científica, que no divulgativa, se percató de su existencia y la ofreció como primicia a una sociedad que sigue sin interesarse por su presencia en tan emblemático lugar, siendo como es un símbolo tan definitorio de la identidad regional.

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