GOLPE A GOLPE

POR ANTONIO LUIS GALIANO, CRONISTA OFICIAL DE ORIHUELA

Lugar donde se encontraba la capilla del bautismo de la catedral. / Foto A .L. Galiano

Lugar donde se encontraba la capilla del bautismo de la catedral. / Foto A .L. Galiano

Muchas veces el hombre ha destruido su patrimonio arquitectónico, haciéndolo colapsar o bien desmontándolo poco a poco. En ocasiones esas vetustas piedras, debidamente numeradas han aguardado almacenadas una mejor ocasión para volver a quedar unidas tras superar el arduo proceso de reconstrucción del rompecabezas. Éstas son las menos veces, incluso cuando se ha efectuado, no lo ha sido de la forma más adecuada, precisando volver a intervenir para restaurar lo reconstruido.

Este es el caso que recuerdo de la fachada de la antigua iglesia mercedaria, que tras haberse hundido su cúpula el 26 de agosto de 1980, algún tiempo después fue derribada y su portada desmontada, para edificarse en su solar el edificio que acoge a unas viviendas y en su planta baja a la iglesia Museo de la Semana Santa. Vísperas de la Semana Santa de 1982, las obras estaban en marcha, y se preveía su finalización un año después, aunque en realidad se demoró algún tiempo más. En este último año, el arquitecto autor del proyecto, Antonio Orts Orts, académico de Bellas Artes, explicaba en `La Verdad´ que, «todo viene condicionado por el hecho que hemos de reconstruir la fachada de la antigua iglesia, cuyas piedras se guardaron cuando hubo de efectuarse su demolición, con el fin de colocarlas ahora para componer de nuevo la portada del antiguo templo sobre el nuevo edificio». Al concluir la obra, piedra a piedra la portada fue repuesta, y bastantes años después, en el 2009, en una primera fase sufrió una intervención para subsanar las deficiencias que se produjeron durante el montaje.

Estaba lejano aquél año de 1942 en que Luis Almarcha Hernández tuvo la iniciativa de trasladar el claustro mercedario a los aledaños de la Catedral. A este oriolano además se debió la creación del Museo Diocesano de Arte Sacro, heredero del Museo Nacional de Orihuela organizado por Justo García Soriano durante la Guerra Civil; la fundación del Patronato Histórico Artístico de nuestra ciudad y la dotación de su rico tesoro pictórico, entre otras valiosas piezas de su propiedad, hoy depositadas en el Museo Diocesano de Arte Sacro; el enriquecimiento de nuestra Catedral con las obras del pintor madrileño Eduardo Vicente (`Jesús y los leprosos´; `Las Almas del Purgatorio´ y `El Bautismo de Jesús´). Orihuela, al ser Luis Almarcha preconizado como obispo de Léon, supo corresponderle en su momento, adoptando el Excelentísimo Ayuntamiento el acuerdo de dedicarle una calle, además de declararlo Hijo Predilecto de la Ciudad y obsequiarlo con el pectoral del obispo Francisco Javier Irastorza y Loinaz, que fue adquirido por 10.000 pesetas al Seminario, al cual había sido legado por el prelado.

Si fue un acierto la reposición mejor o peor de la fachada de la iglesia de la Merced y mucho más el traslado del claustro, probablemente de haber vivido el obispo Almarcha no se hubiera llevado a efecto la tropelía del derribo de la Capilla del Bautismo de la Catedral, propiciado por el mismo arquitecto que recuperó, probablemente, porque se le impuso el que se conservaran las piedras de la fachada de la iglesia mercedaria. Corría el año 1980, el 13 de octubre se daba conocimiento en `La Verdad´ que se habían adjudicado por parte del Ministerio de Cultura a propuesta de la Subdirección General del Patrimonio Artístico, obras declaradas de urgencia de reforma y conservación en la Catedral oriolana por un importe de 4.744.001 pesetas. En el proyecto de dichas obras, se reflejaba la supresión de la Capilla del Bautismo, en la zona de la calle de la Feria y lindera con la torre, a fin de dejar a ésta exenta, concediéndole más esbeltez, al considerar que dicha capilla eran uno de los «postizos o añadidos frutos de la evolución arquitectónica del edificio», y para «evitar el peligro de arrastre que puede representar el cuerpo de la zona de la capilla bautismal respecto de la torre».

Al observar que se estaba llevando a cabo la demolición de dicha capilla, el 10 de marzo de 1981, me dirigí al subdirector general del Patrimonio Artístico, de la Dirección General de Bellas Artes, para ponerle en antecedentes que, aunque en esos momentos no podía demostrarlo tenía noticia de que a partir de la Puerta de la Anunciación hasta las capillas anexas a la misma, podrían ser obra de Juan Inglés, trabajadas entre 1580 y 1590. Ante ello, solicité que se paralizara el derribo hasta comprobar documentalmente por esa Dirección General en los archivos oriolanos, si realmente la autoría era del indicado Inglés. Se me respondió acusando recibo, y la obra de demolición estuvo paralizada aproximadamente durante algo más de un mes. Sin embargo, una mañana apareció vacío el lugar donde se albergaba la capilla en la que muchos oriolanos recibimos el sacramento del Bautismo, y las piedras almacenadas en la Plaza del Salvador, llegando a desaparecer algunas de ellas, según denunciaba Joaquín Almagro Aparicio el 16 de abril.

En esta ocasión el arquitecto versado en Bellas Artes, Antonio Orts Orts no tuvo la previsión de numerarlas, ni la intención de conservarlas para volverlas a reutilizar en otro lugar. Primó más lo que me trasmitió en una llamada telefónica, en el sentido de que la capilla del bautismo era un añadido, y probablemente no estuviera equivocado, pues en la Catedral oriolana, sucesivamente se va incorporado al gótico, el renacimiento, a éste el barroco, y después el barroco tardío casi neoclásico. Tal vez, si se hubieran preocupado de investigar, no se habría derribado la capilla del bautismo catedralicia, pues, por los datos que Agustín Nieto Fernández obtuvo en los protocolos de Montiel, Pedro Fernández y Francisco Fernández, entre 1580 y 1588, el asunto quedaba bastante claro. Así, que golpe a golpe, nos quedamos sin la capilla del bautismo de la catedral.

Fuente: http://www.laverdad.es/

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