RETRATO DEL ARTISTA IMPACIENTE

POR APULEYO SOTO PAJARES, CRONISTA OFICIAL DE BRAOJOS DE LA SIERRA Y LA ACEBEDA (MADRID)

14jul3

Lo más enriquecedor de los viajes es el botín de experiencias con que se regresa de ellos. Todo viaje es una enseñanza infinita. Nuevas calles, distintas ciudades, paisajes nunca vislumbrados, pueblos entrañables, extrañas costumbres, testimonios humanos que nos salen al paso y que contrastan con nuestros modos de pensar y vivir…; todos esos conocimientos y experiencias los asimilamos de golpe, en sólo unos días, y aumentan nuestra capacidad de observación y comprensión del mundo además de nuestra autoestima por lo que hemos conseguido: salir de nosotros mismos para enfrentarnos a lo otro y a los otros.

A la vuelta constatamos que en nuestro entorno habitual no ha ocurrido nada reseñable, nada que hubiera merecido la pena quedarnos en casa, y, sin embargo, retornamos cargados de sorpresas, con el cuerpo más atlético y dispuesto a afrontar el trabajo rutinario, y con el espíritu lanzado a sucesivas aventuras y evasiones.

¡Cuánto había soñado yo con visitar Alhucemas en el Norte de África! El heroico desembarco en la bahía, los soldados de Sanjurjo y los terribles rifeños de Abdelkrim me bailaban en la memoria de la infancia. Pues allí he estado ahora recitando poesías a los hijos y nietos de los combatientes marroquís, que estudian en el IES Melchor de Jovellanos y en la sede filial del Instituto Cervantes de Fez.

Queda un vago recuerdo de la guerra, pero queda especialmente un sentimiento de admiración a España, a su lengua, sus costumbres y sus construcciones. ¡Quién me lo iba a decir!

Pues me lo explicó meridianamente el artista Alí Messaoudi, cenando una noche en el salón náutico en compañía de 24 profesores, árabes y españoles mezclados en franca camaradería:

— Os necesitamos para salir de nuestro atraso. Nuestra cultura es la vuestra. En el vocabulario rifeño/bereber son frecuentes las palabras castellanas. La playa de Al Hoceima se llama Quemado y hay mil ejemplos más en esta ciudad de “los perfumes del Norte, donde se saludan mar y cimas” en español. Yo quiero salir. No puedo desarrollarme aquí como el artista que soy y quiero ser. Me falta atmósfera.

Voy a ir a vivir una temporada en Sevilla para reencontrarme con los diseñadores y cineastas andaluces. Quiero ampliar conocimientos y relaciones. Allí es posible, aquí no. Alquilaré una pensión barata, lo que sea ¿Puedes echarme una mano?

Al término de la cena, Alí Messaoudi se extasía escuchando el rumor de las olas como si le trajeran un mensaje secreto del otro lado del Estrecho. Él sueña como yo en mi infancia, pero en sentido inverso.

Alí ha rodado un documental de más de una hora titulado “El laberinto marroquí”, en el que narra las vivencias y añoranzas de los supervivientes españoles y bereberes de las guerras del Rif, y en su impaciencia de joven creador, necesita darlo a conocer, pero las autoridades de uno y otro lado le cercan de silencios. Me repite condolido frente al mar impasible:

—¿Puedes echarme una mano?

Y yo le respondo, por darle ánimos:

—Paciencia, mi amigo, lo intentaré, las cosas están cambiando.

Sin Comentarios.

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