VERANEARIO 2013 (V)

POR APULEYO SOTO, CRONISTA OFICIAL DE BRAOJOS DE LA SIERRA Y LA ACEBEDA (MADRID)

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PALABRAS. Soy un juntaletras y un pasapalabras adictivo. No sé hacer otra cosa que ponerlas negras sobre blanco papel, con verdad sobre mentira, valor sobre miedo, alegría sobre penas, canto sobre silencio…, y así alineadas en cadena perpetua. Es mi condena de escritor. Rosa, capullo, vida, muerte, dolor, placer, ruiseñor, música, maternidad, paternidad, doncella, muchacha, amor, amor, amor…son palabras que expresan solas lo que expresarían diseminadas por decenas de páginas, centenares de párrafos, miles de frases. Y significarían igual, o sea, el todo de lo que se quisiera expresar. Llevan a cuestas el contenido como el caracol, la tortuga o el erizo acarrean protegida su carne débil. Unas para agradar, otras para molestar. Y no son un juego, son una realidad tangible como un templo, o sea, un ejemplo de expresión total. Podría alargar esta sucinta antología nominal hasta el infinito, pero el espacio marcado por la columna me impide continuarlo más. Seguid vosotros inventando e inventariando, si es que os place y estáis preparados.

PAPADO. Está de moda más que nunca a través de XXI siglos. El Papa Francisco tiene la gracia de que así sea, porque desarrolla la labor salvadora de Jesús, que puso en Pedro la primera piedra de su Iglesia ecuménica. Y esto acaba de verse a las claras en el emergente Brasil, con la juventud arracimada en torno a él, el Pastor, orante y suplicante: que los obispos salgan a la calle.

PAPARRUCHAS. Debe de ser un argentinismo, pero no me importa; la lengua española es diversa y amplísima. Esta palabra espachurrada define a esos tontos del bote que sólo sueltan necedades por la boca de pitiminí o sólo se preocupan por las cosas cominas, pequeñas, mostrencas, mostaceras, de chichinabo, insustanciales e intrascendentes, que no les pasan más que a ellos mismos. Asimilaciones posibles: papagaitas, papanatas, papahígos, papamoscas, papanutrios, papagayos, papahuevos. ¿Os parecen pocas? Pues el idioma español da más de sí, pero me lo callo. Otra vez lo dejo a vuestra inventiva.

PAQUIDERNOS. Son seres tristes, lentos, pesados, de piel acorazada resistente al embite, que rechazan lo que les viene encima y en gana, sin molestarse lo más mínimo por los demás con su actitud negativa, al pronto, feroz. Son muermos en vida, muermos he dicho, no me corrija el corrector. Nada les mueve, nada les remueve, nada les conmueve ni les conviene. Rechazan hasta las evidencias más notables. Por cierto, ven bien poco, y lo que no vaya con ellos, con su egocentrismo insumiso, les trae al pairo. Así que sujétense los machos ante su pasividad.

PAQUEESTAMOS. Híbrido desabrido de para qué y estar. Se pronuncia siempre junto, contra la gramática y la sindéresis conceptual. Y además se hace sin voluntad de ofrecer lo que se promete. Ya se sabe: el que está para todo, en realidad no está para nada de provecho ajeno. En cuanto suelta el palabro, vocablo o venablo, se evade el lindo dondiego entre Pinto y Valdemoro, por las consecuencias que le puedan ajustar sus cuentas o cuentos. Sin más.

PAYASOS. Aquellos que se ríen sin saber por qué, sólo para divertir a la audiencia que se ríe de ellos. Y de esta manera anda el mundo manga por hombro. Que siga, que siga la función. O la defunción.

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