RETRATO EN PALABRAS DEL DECANO DE LOS CRONISTAS DE MADRID

POR APULEYO SOTO, CRONISTA OFICIAL DE BRAOJOS DE LA SIERRA Y LA ACEBEDA (MADRID)

Enrique de Aguinaga

Don Enrique de Aguinaga, venerable y noble anciano de los Cronistas decano, permíteme que te haga yo, que te voy a la zaga, un retrato en castellano.

Pues sois vos un ciudadano culto y metropolitano a quien le besa la mano desnuda de guante y daga este escritor espartano que con su amistad se paga.

Y habéis formado una saga de brillo compostelano, falangista y escolano, a la que el tiempo no apaga como no apagó a tu maga mujer por fe de cristiano.

Constantinopolitano, orteguiano, galdosiano y católico romano, tu memoria vaga y vaga, se proyecta y se propaga por un mundo girondiano.

Vano, vano, vano, vano será aquel el que deshaga tu magisterio escribano que pone el dedo en la llaga de cualquier asunto urbano que a la sociedad enfaga.

Como Fraga hasta la braga y también hasta el meano; no hay ninguno soberano que te asombre, ni hay enano que bajo tus pies subyaga, siempre atento y culterano.

Igual que un misacantano sigues, antediluviano, mens sana in córpore sano; tú, Maestro, enseña, indaga, tu palabra nos embriaga, Dios te asista, tertuliano.

Y ya no hay más que yo haga por verte abierto y lozano, locuaz, justo y bohemiano en este país que traga a los corruptos, ¡qué plaga!, como un tinto de verano.

Salud, Enrique Aguinaga. La larga edad ya te amaga con un resplandor cercano. ¡Oh Cronista cotidiano, que el poema satisfaga la pulcra luz de tu mano!

Piano, piano, piano, piano; un cántico gregoriano suena en la voz del hermano Cronista que te sufraga la misa en la que se enjuaga todo tu saber humano.

Hasta mañana temprano, hispano-ciceroniano que mejor nos satisfaga; contigo nadie naufraga, capitán del portulano que arrostró cualquiera fraga.

Final de trayecto; yaga este prontuario liviano en el cronicón galiano del Paco torrevejano que te signa y que te halaga con ardor de googlesiano.

Don Enrique de Aguinaga, bien está que yo te faga un poema machadiano, parnasiano y cortesano, pero vayamos al grano: Tanto debe como paga este tu siervo, decano.

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