DOÑA GONTRODO Y LAS ROSQUILLAS DE SAN BLAS

POR JOSÉ ANTONIO FIDALGO SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE COLUNGA (ASTURIAS)

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En el año «de mil y ciento treinta y dos» el rey don Alfonso VII de Castilla y de León vino a Oviedo para resolver asuntos de gobierno y poner orden en su familia porque en aquellos tiempos siempre había algún pariente levantisco.

En uno de los banquetes-homenaje conoció al matrimonio, nobles ellos, de don Pedro Díaz «El Asturiano» y esposa doña María Ordóñez, y a su bellísima hija («pulchra nimis» dicen las crónicas) doña Gontrodo Petri (es decir, Gontrodo la de Pedrín).

El Rey joven, guapo y con dinero, además de braguetero… Pues, eso.¡Vaya!.

Que hizo realidad lo que cuenta Muñoz Seca en «La Venganza de don Mendo»:

«Rápido como un cohete
puso cerco a la señora,
Y al cabo de media hora
era ya de Alfonso Siete»

Fruto de «ese eso» nació doña Urraca, la llamada «reina de Asturias», de cuya vida nos da buena cuenta doña María Teresa Álvarez en su última obra recién publicada.

¿Y qué fue de doña Gontrodo?

Pues la buena mujer, arrepentida de su conducta, optó por la vida monástica (aunque con «mando de lujo») y para ello fundó en Oviedo el Monasterio de Santa María de la Vega (año de 1 153).

En este monasterio, con Cofradía fundada en el siglo XVI, se custodió una reliquia (concretamente un trozo de cúbito) del obispo mártir del siglo IV San Blas de Sebaste, armenio, patrono sanador de los males de garganta.

Y patrono también de los médicos otorrinolaringólogos (palabra que nadie entiende) y que antaño se titulaban como especialistas en «garganta, nariz y oídos».

En 1 854 el Monasterio de la Vega pasa al Estado como sede de una Fábrica de Armas y las monjas residentes se incorporaron al Monasterio benedictino de San Pelayo, donde actualmente se venera la reliquia de San Blas, cuya festividad se celebra hoy, día 3 de febrero.

Estas monjas «Pelayas», desde hace muchos años, retomaron la antigua tradición de elaborar unas rosquillas que, tras su bendición, se distribuyen (previa compra) como prevención ante las afecciones de garganta.

Costumbre que se ha extendido a otras muchas localidades (ejemplo, Jove, en Gijón) donde se venera a ese Santo.

¿Cómo se elaboran?

Las monjas dirán que con harina, huevos, azúcar, mantequilla o aceite… «y la gracia de Dios», que es la que posee la madre Repostera.

Yo, ¡perdón, oh Dios mío!, las hago así:

Dispongo a modo de volcán unos 750 g de harina y poco a poco voy amasando con 10 huevos, 1/4 litro de aceite, 100 g de mantequilla y 75 g de azúcar.

Cuando la masa sea compacta y homogénea la dejo reposar en sitio templado durante 1 hora abundante.

Con porciones de esa masa moldeo las rosquillas, que horneo a horno fuerte hasta que tomen color dorado.

NOTA.- En algunos sitios he visto que las cubren con un baño blanco.

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