EL PRIMER RECTOR DE MI VIDA, VICTORIANO RENEDO HINOJAL, CRONISTA OFICIAL DEL PUEBLO DE SOTOVELLANOS (BURGOS)

POR TOMÁS DE LA TORRE LENDÍNEZ

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Con esta sencilla esquela mortuoria en el diario El Norte de Castilla, de Valladolid, daba a conocer la muerte de uno de los sacerdotes más valiosos que han formado mi alma. Sí, mi alma y mi cuerpo. Don Victoriano era el rector del Seminario Menor de Baeza cuando accedí a comenzar los estudios eclesiásticos. Llegó a Jaén a suplir a la falta de clero martirizado durante la Guerra Civil.

Siendo castellano de pura cepa, encajó en las tierras de Jaén, porque era un hombre jovial y entusiasta. Brillante alumno de Comillas, ordenado presbitero en el año 1951. Hablaba un castellano perfecto y escribía con una soltura de gran escuela literaria. Fue el profesor que modeló mi mente infantil en los primeros latines extraídos de los libros de texto de Penagos. Fue el animador de unos chicos que buscabamos a Dios, porque habíamos escuchado su llamada en mitad del ruido de la sociedad. De amplia sonrisa, de cabeza inclinada sobre el pecho, y conocedor de su baja estatura física, que suplía con una gran talla espiritual e intelectual.

Victoriano Renedo Hinojal, cronista oficial de Sotovellanos (Burgos).

Victoriano Renedo Hinojal, cronista oficial de Sotovellanos (Burgos).

El obispo que le encomendó la rectoría del Seminario Menor no se equivocó en la elección. Don Victoriano sabía ser joven con los niños, rector con los profesores de la casa, padre con los padres de los alumnos, y recto y formal con nosotros, que como niños solíamos buscar la ley del mínimo esfuerzo para obtener el máximo beneficio en las notas de fin de curso.

Durante los dos primeros cursos fue mi rector, mi amigo y un gran ejemplo para quien buscaba y rezaba para asegurar mi vocación al sacerdocio católico.

Monseñor Romero Mengibar, obispo de Jaén, fue quien lo trajo hasta la diócesis de Jaén. Pero un buen día de septiembre de 1970 se marchó elevado al arzobispado de Valladolid. Junto a él se marchó don Victoriano a su tierra natal, donde fue quien le abrió las puertas al cargo de la diócesis castellana. Cuando don Félix, el arzobispo, murió en 1974, siendo enterrado en la catedral, don Victoriano quedó en su diócesis pasando por diversos cargos, porque ejemplo, siendo delegado diocesano de Misiones, cargo que cumplió con gran responsabilidad.

He encontrado una crónica de un homenaje que recibió que lo cuenta así:

“El pasado domingo día 26 de diciembre, de 2010, antiguos voluntarios del grupo V.A.M.O.S. (Valladolid Misionero Organización Segla r), se juntaron en Valladolid para compartir una jornada con su impulsor Don Victoriano Renedo Hinojal, Vito que en aquellos años ochenta era Delegado de Misiones de Valladolid y los integrantes del grupo jovencillos estudiantes.

La reunión comenzó con una celebración de la Eucaristía en la parroquia de San Miguel y San Julián, en la que los 23 antiguos voluntarios se emocionaron recordando las canciones que entonces animaban sus celebraciones o reuniones.

Al terminar la celebración una comida seguida de una larga sobremesa con tiempo para recordar vivencias y estrechar lazos que los años y las ocupaciones de la vida habían roto.”

En el plano literario, don Victoriano fue nombrado Cronista oficial del pueblo de Sotovellanos (Burgos), formando parte de la Asociación Española de los Cronistas Oficiales.

He celebrado la Eucaristía en sufragio del alma de don Victoriano, el primer rector de mi vida, el hombre sencillo que no buscaba nunca honores en su vida sacerdotal, sino servir a Dios y su Iglesia.

Descanse en paz este gran hombre, quien pasó haciendo el bien, sin notarse, pero que está en sitio privilegiado en el ancho corazón sacerdotal de quien firma esta semblanza

Fuente: http://www.religionenlibertad.com/

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