VIRGEN DE LORETO EN COLUNGA. COMIENZA EL NOVENARIO

POR JOSÉ ANTONIO FIDALGO SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE COLUNGA (ASTURIAS)

Antigua imagen vestida de Nuestra Señora de Loreto, de Colunga.

Pues, señor; allá en tiempos de 1630 naufragó un barco italiano en las proximidades de la costa colunguesa.

Uno de los marineros, Joseph de Misso, devoto de la Virgen de Loreto, prometio, si salía salvo del trance, fomentar el culto a María bajo esa advocación lauretana.

Sano y salvo alcanzó los acantilados de Huerres y, físicamente agotado, buscó descanso y refugio en un castaño, cercano a Colunga, ubicado en la zona de Espina.

Ese árbol, aún vivo y lozano, es nuestro emblemático CASTAÑAR DE ESPINA.

Misso se hizo hospitalero en el Hospital de Peregrinos de Santa Ana y en 1660, con ayuda de sacerdotes locales y personas devotas, funda la Cofradía de Nuestra Señora de Loreto. Cofradía que fue perdiendo vitalidad a lo largo de los años hasta que en 1880 un entusiasta grupo de personas muy influyentes la renueva y ahí sigue plena de entusiasmo y vida.

La primera imagen lauretana venerada en Colunga era una pequeña talla en madera policromada, con cierto estilo bizantino, que los colungueses bautizaron como «la Romanina».

Después se construyó otra, con armazón de madera para ser vestida, que era la que procesionaba al inicio del novenario y el día de la fiesta mayor.
Ambas imágenes, por el aquel de la iconoclastia tan frecuente durante la guerra civil (1936), fueron destruidas. La actual Romanina (la de la Capilla y la de la Castañar) son talla en piedra, de «Poldo el marmolista»; la imagen que procesiona es donación de la familia de don Alfredo Lueje y las imágenes y restauración de la Capilla se deben a la generosidad de la familia Vigón.

Hoy viernes, la imagen lauretana hará su tradicional procesión Capilla-Castañar de Espina- Iglesia Parroquial. Como es tradición lo hará sobre calles y caminos engalanados con flores, espadañas, hinojo…; tarea que año tras año corre a cargo de las familias Valle Conlledo, Pis Gancedo, Castaño Rivero y Alonso Fidalgo… Sí, una procesión que para los colungueses es historia y es devoción mariana.

¡Oiga! Y si hay misa y procesión, ¿no habrá «mesa» para celebrarlo?

Pues sí. Verán, vamos a trabajar poco y preparar algo muy sabroso.

Corten en dos mitades triangulares un pan de molde (de sandwich) y pásenlas por sartén o plancha engrasada con mantequilla. Cuando estén doradas, las retiran y reservan.

Aparte, en sartén con poco aceite, doren ligeramente unos medallones de hígado (foie) fresco de pato o de oca. Coloquen un medallón sobre cada triángulo de pan y bañen muy ligeramente con mermelada de frambuesa, de grosella o de fresa «aduterada» con unas gotitas de vino Pedro Ximénez.

Ya verán cómo terminan cantando el estribillo de nuestro himno lauretano.
«Danos, danos, la gloria, María, Reina y Madre de Loreto».

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