EL GRAN ESCÁNDALO DE LAS ‘DIOSAS’ DEL ENTIERRO (II)

POR ANTONIO BOTÍAS SAUS, CRONISTA OFICIAL DE MURCIA

Dibujo de una de las carrozas de la Batalla de las Flores, que en 1906 se celebró al día siguiente al del Entierro.

Durante el último siglo, tal que humo de hachón hacia el cielo de azul primavera murciana, ha crecido la leyenda negra de aquellas supuestas prostitutas que participaban en el desfile del Entierro de la Sardina. Bastó que falleciera una de ellas, de nombre María García, quien pereció abrasada, para que muchos se alzaran contra la presencia de estas mujeres, llamadas diosas, de las que hoy algunos autores aseguran que desfilaban desnudas. Se equivocan.

El periodista Martínez Tornel, firme partidario de que siguieran desfilando en el Entierro, recordó que «estas pobres diosas […] no salieron nunca ni salen ahora desnudas. Cubren su cuerpo con mallas y después visten túnica o las envuelven en gasas que apenas sí permiten una vislumbre de las formas». Añadía el autor que «más que el deseo excitan la compasión; porque las pobres van allí, no como bacantes de labios de grana y ojos de fuego, sino como resignadas con su triste suerte y por seis u ocho duros que les dan».

La muerte de María sucedió en 1905 y la polémica se extendió hasta el año siguiente, cuando se acrecentó. El 2 de febrero de 1906, como anunció ‘El Diario Murciano’, el alcalde convocó en La Glorieta a los «entusiastas sardineros que formaron parte de las juntas en años anteriores y los directores de los periódicos locales, para tratar de las próximas fiestas de Abril». Resultó elegido presidente del Entierro José Clemares.

La reunión no fue tensa hasta que se abordó la cuestión de las diosas. «Se discutió largamente», informó ‘El Diario Murciano’ porque el director de ‘La Verdad’, por entonces periódico católico, «califica de inmoral la presentación de las mismas». Desde ‘El Diario’, reconocían que «no queremos tratar hoy este asunto, porque hay tiempo para ello, pero sí diremos que todos los murcianos lo que debemos hacer es que las Fiestas de Abril no se malogren por una… inmoralidad tan condenable como esa».

Pero no todos condenaban la costumbre. Martínez Tornel, fundador de ‘El Diario de Murcia’, el gran periódico murciano del que solo quedó una sección con ese mismo título en ‘El Liberal’, publicaría un artículo antológico, perdido hasta hoy cuando vuelve a adornar las frágiles páginas de un rotativo.

Contaba Tornel en la portada de la edición del 16 de febrero que el Entierro surgió como una fiesta carnavalesca, hasta ser incluida «como imprescindible» entre los festejos de abril, «dándole un carácter puramente artístico». Y añadía a renglón seguido que «cuando menos ha pecado de sensual ha sido en los últimos tiempos». Después de haber visto «por los menos veinticinco Entierros de la Sardina», aseguraba el periodista, en la mayor parte de ellos «iban más ‘diosas’ y más frescas que van ahora».

«No es fácil sustituirlas»

Martínez Tornel recordaba que los ataques al Entierro por parte de las personas «que no transigen con nada inmoral, ni antirreligioso» se produjeron en todas las épocas. Y apuntaba el quid de la cuestión: «Si las ‘diosas’ fueran otra clase de mujeres, y estas saliesen honestas de toda honestidad, me parece que no se le haría guerra ni a la exhibición de la belleza femenina». Pero no había murciana dispuesta a acompañar a los sardineros. «Lo que hay es que no es tan fácil sustituirlas, dado que ellas tampoco suben a las carrozas por exhibirse, sino de resignadas», contaba Tornel.

A las discusiones sobre la necesidad o no de que participaran las diosas se sumaron los bomberos, los mismos que el año anterior apagaron dos carrozas, en una de las cuales falleció la desdichada María. Porque a aquellos valientes todavía no les había pagado el Ayuntamiento de Murcia sus servicios durante el Entierro. «Y cuando a todo bicho viviente […] se le ha pagado su trabajo, estos bomberos no han percibido nada todavía», volvió a clamar Tornel en ‘El Liberal’. De hecho, les habían pagado un incendio posterior.

Al final, se autorizó la presencia de diosas. Aunque se instalaron en el recorrido bombas de agua para prevenir cualquier suceso. Además, como anunció ‘El Liberal’, las mujeres que figuraban «en varios carros» llevaban la seguridad necesaria para la marcha normal y los medios rápidos y fáciles para el descenso en caso de cualquier accidente que así lo exigiera».

El Entierro de la Sardina se celebró el martes 17 de abril de 1906. Los periódicos calcularon que 50.000 mil personas lo contemplaron. Antes de que comenzara el desfile, como también era tradicional, los llamados ‘ventajilleros’ se despacharon a gusto. Así se denominaban a los murcianos que, aprovechando las grandes aglomeraciones de gente en las calles, les metían mano a las mujeres. Eso sucedió, como destacó ‘El Diario Murciano’, en la calle Trapería, «donde nuestras hermosas paisanas se dieron indudablemente cita para lucir su donosura y hermosos rostros».

Donosura que atrajo a no pocos frescos, lo que denunció el periódico como «hechos abusivos e indecorosos» que no debían siquiera ser comentados por «algunos jóvenes que, por su indumentaria y la posición que ocupan en la sociedad, deben ser los primeros llamados a dar ejemplo a todo ese elemento zafio y sin instrucción».

El Dragón Rojo

Abrieron el desfile las bandas de música, los patos, enanos y gigantones, y la carroza titulada ‘La Noche’. Tras ella, la diabólica ‘Barca de Caronte’, una escolta de peces a caballos y el Dragón Rojo, que ya llevaba unas cuantas ediciones desfilando en el festivo cortejo y que Conte no inventó aunque inmortalizara de forma magistral. Gigantes huertanos, las carrozas de Apolo y Fausto, junto a la aclamada de Los Indios dieron paso a una enorme escolta de monstruos de mar y al grupo El Vulcano, que lanzaba «numerosas chispas al compás del estridente martillero sobre el yunque».

Bandas de Puente Tocinos, Alquerías y La Ñora, junto a otras de Santomera y Beniel, amenizaron el desfile que culminaba con la carroza de la Sardina. «Por sus diosas y cambiantes de luz, que reflejaban sobre azuladas ondas, ofrecía un golpe de vista maravilloso», contaban. No hubo más percance -ni menos, por cierto- que el vuelco de la carroza Apolo en La Glorieta tras inutilizarse uno de sus ejes. «No hubo que lamentar desgracia alguna», apostilló ‘El Diario Murciano’.

«Cerca de la una y media ha sonado el trueno gordo, muy gordo, que se ha oído en toda la ciudad anunciando que se había concluido la primera parte del programa, que continuará hoy con la Batalla de las Flores», concluía ‘El Liberal’.

Fuente: http://www.laverdad.es/

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