CERCA DE 100 IGLESIAS DE LA PROVINCIA DE BURGOS PRESENTAN PATOLOGÍAS IMPORTANTES • ALREDEDOR DE 30 REQUIEREN DE INTERVENCIÓN URGENTE Y 180 SE ENCUENTRAN HUNDIDOS

COMO EXPLICA EL MIEMBRO DEL CONSEJO DIOCESANO DE ECONOMÍA Y CRONISTA OFICIAL DE BURGOS, VICENTE RUIZ DE MENCÍA, «UN TOTAL DE 447 HAN SIDO INTERVENIDOS HASTA LA FECHA, 150 DE LOS CUALES EN LOS ÚLTIMOS CUATRO AÑOS»

Un momento de la rueda de prensa de ayer celebrada en el Arzobispado. – ISRAEL L. MURILLO

El programa ‘Protemplos’ celebra el próximo domingo 13 de agosto su undécima colecta bajo el lema ‘Solidaridad, clave de todas las bóvedas’. Con las donaciones se pretende restaurar aquellas iglesias que quedan fuera del ‘convenio de goteras’ que la diócesis mantiene con la Diputación Provincial, y que requieren atención urgente.

Como explica el miembro del consejo diocesano de Economía y cronista oficial de Burgos, Vicente Ruiz de Mencía, «un total de 447 han sido intervenidos hasta la fecha, 150 de los cuales en los últimos cuatro años». «Nunca hubo una evidencia gráfica tan clara como la reconstrucción de la iglesia de Villangómez», uno de los lugares de culto que han podido ser restaurados.

En total, «se han invertido 15,5 millones de euros hasta la fecha, entre ayudas provenientes de la diócesis y las parroquias con una aportación de 4 millones de euros cada una, y los ayuntamientos y Diputación Provincial que suman la cantidad restante hasta los 15 millones». Con las colectas se han logrado recaudar -en sus once años de convocatoria, «583.000 euros consiguiendo el pasado año 2016 44.707,70, un 15% más que el año anterior», añadió.

‘Protemplos’ pretende así continuar recaudando fondos «como un gesto de solidaridad con los pueblos más desprotegidos», manifiesta el vicario para asuntos económicos, Vicente Rebollo, «localidades que disfrutan sus templos tanto para celebrar la fiesta como para despedir a sus seres queridos».

Rebollo expresa por ello la «voluntad como diócesis de mantener el patrimonio vivo», y anima en dos claves a la participación en la colecta del 13 de agosto. La primera de ellas para la llamada a la solidaridad es la utilidad de este patrimonio para «mantener viva la fe». La segunda clave debe ser la «solidaridad con estos pueblos del mundo rural con escasos recursos económicos», comentó.

Junto a ellos, el aparejador de la diócesis, Miguel Ángel Ortega, explicó que «lo que se pretende son pequeñas obras de mantenimiento para que no vaya a más el problema, que luego supondrían una inversión muy grande». Los fondos que se puedan conseguir entre todas las parroquias se destinarán a las reparaciones de las iglesias ubicadas en las zonas del Valle de Valdelucio, zona de Roa, de Lerma, Villarcayo y Medina de Pomar.

Aparte, otras 22 iglesias se incluyen dentro del convenio de restauración con la Diputación, al que «ojalá pudiera incorporarse la Junta de nuevo», manifiesta Vicente Rebollo, que también ha querido agradecer a la Diputación, a todos los ayuntamientos, a los fieles de los pueblos y los voluntarios, sacerdotes y vecinos que siguen colaborando «para que nuestro patrimonio se mantenga en pie».

Los últimos templos intervenidos han sido los de las zonas de Mambrilla de Castrejón, Padilla de Abajo, Ircio, Santibáñez Zarzaguda, Barruelo, Ayuelas, Valverde de Miranda, San Quirce de Riopisuerga y Orón.

Pese al trabajo, hay aún unas «100 iglesias con patologías importantes» en la provincia, expresaba Ortega, que requieren de atención. «No se cuenta con fondos para la restauración, sería necesario aproximadamente medio millón de euros para repararlas». Son 180 las que ya se hallan en estado de hundimiento.

Villangómez, recuperada

En el caso de la iglesia restaurada de la localidad de Villangómez, la aportación económica de fieles en mayor medida, y la propia parroquia -con apoyo del Arzobispado y el respaldo del seguro de la diócesis-, han hecho posible que se desescombrara el inmueble y se reparara su cubierta. «Así como clasificar piedra por piedra, para que así pudiera optar al ‘convenio de goteras’», detallaba ayer Ortega.

La primera fase de desescombro y consolidación de la espadaña tuvo un coste de 16.000 euros, la cual se desplomó sobre la cubierta y cayó sobre el coro, destrozando una balaustrada del siglo XVI.

La segunda fase de los trabajos ha consistido en la rehabilitación del tejado, colocación de madera nueva, tabla, ondulina y tejas, y ha tenido un coste que ha rondado los 17.300 euros. Además se ha efectuado una cobertura en madera, «que se adapta muy bien estructuralmente a los movimientos de la piedra», explicaba Ortega.

Fuente: http://www.elcorreodeburgos.com/

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