LOS TERREMOTOS DE 1829 – SU INCIDENCIA EN COX

POR PATRICIO MARÍN ANIORTE, CRONISTA OFICIAL DE COX (ALICANTE)

Grabado de los pueblos afectados en el terremoto del 21 de marzo de 1829.

Todos hemos oído hablar del terremoto de 21 de marzo de 1829, que destruyó varios pueblos de la Vega Baja. La actividad sísmica tuvo su epicentro entre Torrevieja y Guardamar, aunque asoló también a Rojales, Almoradí, Benejuzar y San Miguel de Salinas. La terrible trepidación fue muy funesta en tierras del Obispado de Orihuela, y sus réplicas se dejaron sentir en Valencia, Cartagena, Murcia, Albacete, Jaén y Granada. El seísmo de dicho día, había sido precedido desde el año anterior por más de doscientos temblores de tierra. Egen, en 1828, estableció la primera escala de intensidades, con seis grados, coincidiendo con el terremoto de Wallonia-Renania. Hasta entonces no se habían realizado ningún tipo de estudios para calcular la intensidad de los seísmos, y sólo se conocían por sus efectos destructivos. En 1873, la escala Rossi-Forel fue una de las primeras en evaluar movimientos sísmicos hasta 10 niveles de intensidad. Dichas mediciones fueron revisadas por Giuseppe Mercalli entre 1884 y 1906. Así mismo, otro italiano, Adolfo Cancani, aumentó la escala de Mercalli de diez a doce grados. Poco después, el geofísico alemán, August Heinrich Sieberg, modificó un tanto las estimaciones anteriores. Igualmente, en 1931, Harry O.Wood y Frank Neuman, llevaron otras modificaciones. Por último, Charles Richter, en 1935 creó la escala que lleva su apellido, que ha sido la más utilizada hasta hoy.

Los actuales científicos hacen una evaluación del terremoto de 1829, estimando en su epicentro una magnitud de unos VII grados en la escala de Richter, y X en la de Mercalli. Fue muy trágico en pérdidas humanas y materiales, pues ocasionó 389 muertos, 209 heridos y 2.000 casas totalmente destruidas. Almoradí, población de origen musulmán, a la sazón con 3.500 habitantes, disponía de calles estrechas y tortuosas con edificios de más de una planta. En consecuencia se desmoronaron unas casas sobre otras y dicho pueblo registró el mayor número de fallecidos. En aquella época, la franja costera de la Vega Baja estaba muy poco poblada y Torrevieja cifraba su censo, según Miñano, en 1.943 habitantes. En la actualidad la ciudad de la sal sobrepasa los 100.000, lo cual es preocupante en caso de un seísmo como aquel.

En menor medida, los terremotos de 1829, también lo sufrieron el resto de poblaciones como Orihuela, Catral, Callosa, Redován, Cox, La Granja, Albatera etc. La mayoría de publicaciones sobre dicho seísmo se centran en torno a los lugares más dañados. Nuestro pueblo de Cox, apenas se cita en las narraciones de aquel destructivo temblor de tierra. Por tal motivo, deseo dar a conocer la incidencia del mismo en este Lugar, que sólo contaba con 260 casas (unas 1.170 personas). Según Madoz, en su Diccionario Geográfico, Estadístico e Histórico de España, en su reseña sobre Cox, adujo que la Iglesia parroquial de San Juan Bautista no fue dañada por dicho terremoto “Y prueba la mucha solidez de su fábrica, que no sufrió el menor deterioro en los fuertes sacudimientos del espantoso terremoto del 21 de marzo de 1839” (error de Madoz en el año).

En el Archivo Municipal de Orihuela, he hallado documentación pertinente sobre dicho terremoto en Cox, que viene a desmentir lo apuntado por Madoz. Se trata de una relación redactada el 21 de Junio de 1829 por el Ayuntamiento y Juzgado de Cox, dirigida a Gobernación oriolana. En efecto, el entonces alcalde ordinario de nuestro pueblo, Miguel Molera, y también su Juez, Roque Ferrández, detallaban a sus inmediatos superiores, lo ocurrido en él, que decía así:

(A.M.O. F.M. D-172 nº 196/2)

-Trascripción literal-

“Juzgado de Policía de Cox

Paso á manos de V.S. el adjunto Estado q. se sirve pedirme, en oficio del día 3 del actual, q. recibí en el 18 del mismo, comprencibo a los estragos ocacionados de los temblores de tierra del día 21 de marzo último, y subsiguientes.

Dios guarde a V.I. muchos años. Cox 21 de junio de 1829.

Roque Ferrández (rubricado)

Sr. Subdelegado de Policía del Partido. Orihuela”

He aquí el informe enviado:

-Trascripción literal-

“Reyno de Valencia
Gobernación de Orihuela
Pueblo de Cox

Estado manifestatibo de lo ocacionado en este Pueblo por el impulso de los Temblores de Tierra q. ha sufrido y sufre desde el día 21 de Marzo último hasta el presente en q. todavía no han cesado, con expreción de los edificios q. han sido destruídos y quebrantados, como las personas q. han fallecido, y resultado heridas á saber:

Yglesia Parroquia: Quebrantada y su Torre destruída.

Combento: Quebrantado y su Torre destruída.

Hermita: Quebrantada. (Se trataba de la ermita de Santa Bárbara, en el Castillo)

Casas de morada: 25 destruídas y 147 quebrantadas.

Molinos Arineros: Sin daños.

Molinos Aceyteros: 1 quebrantado.

Personas que han fallecido: Ninguna.

Personas que han resultado heridas: 1 niño.

Cox 21 de junio de 1829

V.Bno. Miguel Molera (rubricado)

Roque Ferrández (rubricado)

Según el documento que antecede, queda manifiesto que los daños causados por el terremoto en Cox fueron mayores de lo que se ha escrito hasta ahora. El rey Fernando VII, noticioso del desastre de estos pueblos, envió un millón y medio de reales, así como un copioso cargamento de trigo (20.000 fanegas) para mitigar las desgracias de los pueblos arruinados. Igualmente de todas partes de España se recogieron ayudas en metálico que alcanzaron la cifra de ocho millones y medio de reales. Con estas aportaciones, se levantaron de nueva planta los pueblos de Almoradí, Benejuzar, Guardamar y Torrevieja, cuyas obras se ejecutaron bajo la dirección de José Agustín de Larramendi, ingeniero vizcaíno.

La Comarca de la Vega Baja, ha sido proclive a la actividad sísmica, y se sabe que el año 1048 se produjo una terrible sacudida, con epicentro en Orihuela. Hoy nuestra tierra se halla superpoblada y no todos los edificios reúnen condiciones de seguridad para afrontar un seísmo de tales proporciones como el de 1829. Tomemos ejemplo del Japón, país muy castigado por los seísmos, que con su técnica y experiencia sabe aminorar y atemperar los daños producidos por los temblores de la tierra.

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