SÚPLICAS O ROGATIVAS

POR JOAQUÍN CARRILLO ESPINOSA, CRONISTA OFICIAL DE ULEA (MURCIA)

Panorámica de Ulea (Murcia)

Durante todo el siglo XIX y primera mitad del siglo XX, las personas preparadas en predecir las calendas, recurrían a los estudios que los cronistas habían recopilado sobre conjuros, rogativas y bendición de los campos, con la finalidad de qué, el Sumo Hacedor, fuera clemente con los ciudadanos y nos obsequiara con la lluvia necesaria para regar nuestros campos de cereales y árboles frutales, así como para que brotaran los pastos que precisaba nuestra ganadería. Como los cronistas estaban avezados en estos estudios, tenían una información aproximada de la climatología en tiempos pasados y, sobre todo, de sus lluvias y tormentas.

Para tal fin, en mi pueblo, auspiciadas por el cura párroco, se efectuaban unas “súplicas” al Altísimo durante el mes de marzo, cuando el invierno había sido poco generoso con sus lluvias y la nieve había brillado por su ausencia; que provocaba una situación de grave riesgo para las cosechas, alimentación de los ganados así como para la salud pública de los vecinos. A estas súplicas, también se les llamaba “rogativas”.

Con anterioridad a la celebración multitudinaria de estas procesiones suplicantes, se celebraba en la iglesia de San Bartolomé de la población, un novenario de misas cantadas al glorioso patrón y, concluido dicho novenario de misas, se salía en procesión por el pueblo y campos, pidiendo la intercesión del Sumo Hacedor, para que se dignara socorrer al pueblo, con el beneficio de tan necesitadas lluvias

 

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