CON LA INMACULADA. CON LA INFANTERÍA

POR JUAN GÓMEZ DÍAZ, CRONISTA OFICIAL DE LILLO (TOLEDO)

La inmaculada como patrona de la Infanteria Española

Mucho antes que Pío IX proclamara el Dogma de la Inmaculada Concepción de María en 1854, este inefable dogma de la Iglesia católica era objeto de reconocimiento por el pueblo fiel. Así lo evidencian numerosos pueblos, ciudades e instituciones que veneraban a la Virgen María haciéndola Inmaculada o “llena de gracia”. De la propagación de esta devoción nos dan cuenta las innumerables celebraciones que para honrarla tienen lugar cada 8 de diciembre.

Este mismo antecedente era práctica común en el Ejército español y, más concretamente en su Infantería. Desde que la fe hiciera realidad el “Milagro de Empel”, los Tercios de Flandes se pusieron a los pies de María Inmaculada para honrarla y declararla su protectora.

Tal era la devoción a la Madre de Dios que el rey Carlos III al instaurar en 1771 la Real y Distinguida Orden que lleva su nombre, incorporó en el óvalo de esmalte central la figura de la Inmaculada, tomada de una pintura de Murillo. Este mismo rey solicitó a Clemente XIII en 1760 el patronazgo de la Inmaculada para nuestra patria, siendo concedido el “Universal Patronato de Nuestra Señora en su Inmaculada Concepción en todos los Reinos de España e Indias”.

Sin embargo a estos reconocimientos, la infantería española no la tenía oficialmente como Patrona. Con motivo de la inauguración del Colegio de Huérfanos de Infantería, el teniente coronel Orozco, jefe del batallón de Cazadores de Tarifa propuso la petición, siendo aprobada por el teniente general Fernando Primo de Rivera en su calidad de inspector del Arma y elevada a la reina regente Doña María Cristina de Borbón que mediante R.O. de 12 de noviembre de 1892, instituyó el Patronzazo de la Inmaculada Concepción de María para la Infantería y otros Cuerpos del Ejército. Desde entonces y de forma oficial, los infantes españoles dedican especial recuerdo a la Inmaculada Concepción de María, honrándola como Patrona y Protectora de su vocación militar.

Al cumplirse ciento veinticinco años de tal reconocimiento, elevo una oración por la “fiel” Infantería junto con mi felicitación afectiva y sincera, especialmente para los componentes de nuestra querida Academia toledana.

 

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