EL PALACIO DE DIEGO DE CÁCERES OVANDO (I)

POR SANTOS BENÍTEZ FLORIANO,  CRONISTA OFICIAL DE LA CIUDAD DE CÁCERES

El Palacio de Dieo de Ovando en Cáceres

El Palacio de Diego de Cáceres Ovando está situado en la parte alta de la Ciudad Monumental de Cáceres en la Plaza de San Mateo, donde a raíz de la conquista de la ciudad por Alfonso IX de León el 23 de Abril de 1229, éste concedió tierra a los nobles castellanos, astures y gallegos que le habían acompañado, para que pudieran edificar sus casas y palacios.

Los nobles leoneses se asentaron fundamentalmente en la parte baja, en los alrededores de la Plaza de Santa María.

Este Palacio se construyó a partir de 1480 sobre las ruinas del viejo alcázar álmohade, aprovechando muchos sillares y materiales del mismo, gracias a un permiso especial que le otorgaron los Reyes Católicos, y en unas tierras que le compró Diego al judío Salomón Barchilon.

Presenta en su fachada principal una preciosa puerta adovelada en arco de medio punto, encima una ventana en arco conopial, y, a los lados, dos escudos de la familia Ovando Mogollón (Cruz de Calatrava con veneras y dos osos), todo ello enmarcado por un alfiz quebrado. A ambos lados se abren dos ajimeces típicos de Cáceres. El ajimez, palabra procedente del árabe, es una ventana de dos aberturas iguales divididas por una columna llamada mainel o parteluz sobre la que se apoyan dos arcos apuntados.

Tiene un bonito patio con columnas y arcos rebajados construidos de granito.

Pero lo más destacable es la impresionante altura de su torre, cuadrada con sillares graníticos en los ángulos, pequeños vanos, con un cuerpo superior sujetado por ménsulas y con un coronamiento de almenas. Torre que se libró del desmoche generalizado de todas las torres de la ciudad, por orden de la Reina Isabel la Católica, para evitar las continuas luchas entre los nobles y que algunos pudieran desafiar a la Corona. Dentro de pocas semanas y gracias a unas obras realizadas, se podrá visitar y subir a la torre desde donde hay unas vistas espectaculares de la Ciudad Monumental y de sus alrededores. Pero vamos a estudiar este episodio histórico en detalle.

Los nobles cacereños en el siglo XV estaban divididos en dos bandos luchando con gran virulencia entre ellos y habiendo dos concejos con guerras constantes por el control del gobierno municipal. Los palacios de los Señores eran auténticas casas fuertes con saeteras, troneras, altas torres, etc. desde donde se combatía ferozmente.

Los Reyes Católicos, conocedores de la situación, siendo la Villa de Realengo, mandaron a un Corregidor en 1476 con órdenes muy estrictas para que cesaran las luchas y se eliminaran todos los elementos defensivos de las casas, reduciéndose la altura de las torres a la de los tejados.

Pero como no hicieron caso al Corregidor, tuvo que venir la propia Isabel la Católica a Cáceres el 9 de Julio de 1477, dictando unas Ordenanzas para la pacificación de la tierra y la represión de los bandos y parcialidades de la Villa, en la que se dan normas sobre la construcción de los edificios y la modificación que tenían que hacer los nobles de sus casas fuertes; ordenando el desmoche de las torres de los palacios de la Villa e imponiendo el derribo y cierre de arqueras, saeteras, troneras, etc., techando las torres y prohibiendo los bandos intentando pacificar la Villa.

Asímismo dictó unas Ordenanzas determinando la constitución que habría de tener el Ayuntamiento de Cáceres, estableciendo los cargos que habrían de regir al mismo y dando normas para su elección; ese mismo día 9 de Julio tenemos el Acta de la ceremonia de nombramiento y constitución del Concejo de la Villa de Cáceres en un acto presidido por la Reina Católica. El documento lleva la firma autógrafa de la Reina.

Solamente hubo una excepción a estos desmoches y fue para el Capitán Diego de Cáceres, por sus excelentes servicios prestados a los Reyes en la Guerra de Sucesión y como muestra de gratitud hacia su valentía, lelatad y fidelidad como miembro del Real Consejo de sus Majestades, le conceden autorización para que pudiera labrar su casa de la forma y manera que él quisiere, sin ponerle límites….(Continuará).

 

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