(Fuente: http://www.fundacionalfonsoortega.es/)
”Buenas noches señoras y señores, amigos todos:
No quiero comenzar mi exposición sin dar a Juan Antonio mis más sinceras gracias por las palabras introductorias, que denotan un extenso conocimiento de mi persona y obras.
Vengo esta noche a hablarles de una de las personalidades más sugerentes que ha dado Cehegín en todos los tiempos, don Pedro Chico de Guzmán, sobre cuyo linaje, concretamente, sobre la rama principal, llevo trabajando más de 30 años.
Absolutamente desconocido en su tierra y en el resto de la región por los estudiosos de la Historia, aunque su apellido les suene mucho a todos uds., a lo largo de los años que anduvo por el mundo hizo muchas más cosas que muchas personas en una existencia doblada. Escribió poesía, historia, tratados políticos y pedagógicos, la única novela de Murcia del siglo XVIII y comienzos del XIX, fue alcalde de Cehegín en varios periodos etc…
En unos pocos minutos trataré de sintetizar la rica vida de don Pedro, llena de interesantes episodios personales y de otros que influyeron en el devenir de este pueblo. Lo voy a hacer en esta noche en la que he sido invitado a dirigirles la palabra por don Alfonso Ortega en esta Casa donde guarda una de las más importantes pinacotecas de nuestra región, acopiada tras años de ilusiones e inversiones cuantiosas, que ha puesto, en un acto que no dudo en tildar de quijotesco, a disposición de todos sus paisanos y de los estudiosos en general.
Don Pedro Chico de Guzmán y Salcedo nació en Cehegín el 1 de febrero de 1776 y falleció 39 años, un mes y 9 días después, el 10 de marzo de 1815 en su villa natal. Sus padres fueron don Ginés Chico de Guzmán Buendía, nacido en 1736 en Cehegín, y doña Marina Salcedo y Jaramillo, natural de Tarancón, Cuenca, donde vino al mundo en 1756. Casaron en Tarancón el 1 de noviembre de 1774 y ella falleció en julio de 1793 en Cehegín de un mal parto del que iba a ser su cuarto hijo. En ese momento, Cehegín tenía una población aproximada de unas 6.500 personas, de las cuales unas 350 eran nobles, sólo el 5,4 por cien, una minoría de esos hidalgos era la que controlaba la villa, no más de 40 o 50 personas.
Vivió el matrimonio en la actual casa de los duques de Ahumada, en la calle Mayor, donde había nacido don Ginés y su hermano don Gregorio, el constructor de la Casa del Jaspe, actual Ayuntamiento. En la misma mansión vendrían al mundo don Pedro y sus dos hermanos, don Antonio y don Joaquín.
Pedro estudió las primeras letras con los maestros que contrataba el Concejo ceheginero para enseñar a los niños que querían o podían asistir a la escuela. Con 8 años sufrió un examen público, junto a 13 compañeros, ante los comisarios designados por el Ayuntamiento, quienes les preguntaron por conocimientos de doctrina cristiana y de aritmética, y les hicieron leer y escribir, entre otras cosas.
No obstante, la persona que más había de influir en él en los años de la niñez fue el preceptor de Latinidad, don Pedro Puche Montalbán, natural de Lorca y llegado a Cehegín hacia 1786, contratado por el Concejo. En 1788, al darse cuenta de la valía e inteligencia del niño Pedro, le obligó a hacer un examen público en la parroquia de Santa María Magdalena sobre unas conclusiones de Gramática y Retórica, que su padre editó en Murcia, repartió en la ceremonia y se conservan en el día.
Este señor, don Pedro Puche, quien merecería una biografía extensa, tuvo siete hijos en Cehegín y enseñó a toda la juventud culta de la villa la lengua latina, fundamental en la enseñanza y en las relaciones de los hombres ilustrados del siglo XVIII. Tenía un sueldo como maestro tan bajo que se vio obligado a quedarse con el mantenimiento de los relojes de la ermita de la Concepción y de la iglesia parroquial. En 1814 se marchó de Cehegín a Lorca, como catedrático de Latinidad, harto de no recibir su salario durante años, dada la delicada situación económica que había en la villa, por las necesidades de la Guerra de la Independencia, y allí murió en 1823.
Vista la inteligencia y valía del joven Pedro, aconsejaron a su padre que lo enviara a la Universidad de Orihuela y en ella se matriculó en 1789, a punto de cumplir los 14 años. Estudió Artes, carrera en la que se exigía un profundo conocimiento de la lengua latina. Dos años después, en 1791, era Maestro en Artes. En 1792 volvió al centro universitario a estudiar Filosofía Moral, curso imprescindible para matricularse en Derecho. En 1794 salió con el título de Bachiller en Leyes bajo el brazo.
Y es el mismo año 1794 cuando redacta su primer trabajo fuera de las aulas, a los 18 años. Lo titula Memorial sobre la necesidad de hacer las paces con Francia, aliarse con ella y medios para conseguirlo. Lo dirige al favorito de Carlos IV, don Manuel Godoy. Se quejaba en él del desastre que la contienda, empezada en marzo de 1793, representaba para España, contienda que, declarada por Francia, tuvo su justificación, de cara a los españoles, en la muerte en la guillotina de Luis XVI y su esposa la reina María Antonieta y en el deseo de evitar que el contagio republicano llegara a nuestra patria. Pide en sus páginas que España firme la paz con Francia y se alíe con ella, dejando la alianza forjada con los británicos. Parece como si el Favorito le hubiera hecho caso, pues Godoy dio por terminada la guerra con Francia en julio de 1795 con la Paz de Basilea y la alianza con los franceses en agosto de 1796. El 5 de octubre Carlos IV declaró la guerra a los ingleses.
En 1795 realiza su primer viaje a Madrid en calidad de abogado para conseguir un alcalde mayor para Cehegín, algo a lo que personalmente él se oponía, por imaginarse lo que supondría para el equilibrio de poder en el Concejo, pues había dos banderías en la villa, la encabezada por el abogado Fajardo y la de los Chico de Guzmán, que aún no había obtenido el poder total que conseguiría pocos años después. La lideraban su padre y su tío Gregorio, quienes aseguraron al rey que si las finanzas concejiles no bastaran para pagar el salario al alcalde mayor, ellos se comprometían a abonar parte.
En ese viaje visitó Segovia y de todo el recorrido y la estancia escribió un canto de 270 octavas reales o 2.200 versos, que es un pormenorizado diario de los principales episodios del periplo y una descripción, también, en verso de los jardines y fuentes del palacio de La Granja de San Ildefonso.
El alcalde mayor designado por el rey fue don Luis Vicente Montañés, que llegó el mismo año con dos de mandato. Al cabo de ese bienio se había hecho tan poderoso que los clanes en conflicto acordaron firmar la paz y pidieron la abolición del empleo, pues los regidores descubrieron que sus cargos, de los que antes salían los alcaldes del pueblo cada año, no valían nada desde que arribó Montañés a la villa.
Para pedir la desaparición de la alcaldía mayor volvieron a enviar a Madrid a don Pedro en 1797. Llegó a la Corte el 14 de junio y regresó a Cehegín en julio de 1798, por lo que residió en Madrid algo más de un año. En ese tiempo no logró su objetivo: la desaparición de la institución del alcalde mayor, pero la estancia fue muy provechosa para él, pues aprendió esgrima, inglés, a tañer la vihuela, a dibujar, a bordar y a danzar, sin dejar de lado la importante cantidad de libros que adquirió.
En el intervalo entre los dos viajes mencionados se había creado en Cehegín la única Academia de la que hay noticia existiera en el reino de Murcia durante el siglo XVIII. Se llamó Junta Satisfactoria. Nació el 6 de abril de 1796 con ocho socios nobles y don Pedro como fiscal. Él fue el encargado de redactar los estatutos para enviarlos al rey, para su aprobación. La finalidad de la Institución era velar por el fomento de la agricultura y las matemáticas, y ayudar a los enfermos del hospital de la villa. Hasta su desaparición, sucedida en el año 1804, había tenido 26 socios, casi todos familiares de los Chico de Guzmán o gente de su facción. Tal vez lo más interesante de esos ocho años fueran los discursos dados en momentos importantes del año, entre los cuales los más curiosos y mejor escritos fueron los de don Pedro.
Pero es que, además, en este pueblo hubo un intento de crear una Real Sociedad Económica de los Amigos del País, independiente de la existente en la capital murciana, a la que pertenecían, como asociadas, las de Totana, Cieza y Mula. El intento, pues no pasó de ahí, tuvo lugar en 1801, cuando la Junta Satisfactoria prácticamente había dejado de funcionar y fue obra de personas unidas a ella. Se conservan sus estatutos incompletos, que no fueron aprobados por el monarca, al indicar a los promotores que sólo se permitía una Sociedad por reino, mientras que asociadas podía haber las que fueran precisas. Pero lo que los cehegineros deseaban era no depender de la murciana, algo no contemplado en las leyes, por lo cual la idea no llegó a buen puerto.
Reintegrado de su viaje a Madrid, en 1798, siguió enamorado de una mujer casada a la que le hizo muchísimos versos en los momentos dulces y en los amargos. El final de su enamoramiento tuvo lugar en el otoño del año1800, cuando ella le pidió que la olvidara. Parece que de sus amores hubo una niña, que él denomina Nise en sus escritos, pero cuyo verdadero nombre fue Inés. Para su educación redactó 6 cartas sobre el particular, que denotan un extenso conocimiento sobre las ideas pedagógicas del momento, y puso por escrito el proyecto de una Biblioteca para niños y jóvenes, que conformarían, nada más ni menos, que 23 volúmenes y cuatro más de apéndices, muy en la estela de lo que pensaban sobre el tema otros ilustrados, como Jovellanos.
No soy experto en literatura, pero si no ando equivocado (los historiadores de la Literatura tienen la última palabra), don Pedro Chico de Guzmán podría ser el mejor poeta murciano a caballo entre los siglos XVIII y XIX. Hace versos no sólo a su amada, sino heroicos, reservados, festivos y patrióticos, sobre todo a momentos de la Guerra de la Independencia o a personajes involucrados en ese conflicto.
Yo he elegido dos para leérselos a Uds. esta noche. Uno amoroso y otro que raya en la sátira.
El primero, una décima, carece de título y dice así:
Causa el favor los amores,
la memoria los aviva
y así el amor se cultiva,
con memorias y favores,
lleno está de sinsabores,
y perece en el dolor,
si dividido el amor
pone Amante inconsecuente
la memoria en el ausente
y en el presente el favor.
……………………………………….
El segundo se titula Receta para hacer un oficial de Marina
Tres libras de irreligión
Otras tantas de jactancia
Mil quintales de ignorancia
Trescientos de presunción.
Todo puesto en infusión
Metido en una letrina
Quinta esencia de gallina
A lo dicho añadirás
Y con esto sacarás
Un oficial de Marina.
A comienzos del año 1801 regresó a Madrid, a continuar el pleito del alcalde mayor y algún otro por problemas de agua. En esa villa escribió una novela autobiográfica en la que cuenta sus amores con la dama casada y sus peripecias, lo que, como antes he apuntado, no es algo sin importancia, ya que es la primera novela escrita por un murciano en el siglo XVIII y primeros treinta años del XIX. Tras esta aseveración, alguno de Uds. podría decir, eso está bien, pero ¿y la novela Las aventuras de Juan Luis, obra del murciano Diego Ventura Rejón de Silva, publicada en 1781 en Madrid? Le respondería que el autor era murciano, sí, pero estaba en Madrid, al servicio del rey Carlos III y la escribió y publicó en la Corte, por lo cual, aunque el autor era de aquí, poco tenía la novela de murciana, salvo que su redactor era murciano, por no haber sido escrita ni editada en nuestra tierra.
Por esos entonces, trabaja sobre algunas obras francesas, caso de los Elementos Filosóficos que tradujo de esa lengua; se hace corresponsal para Cehegín del Diccionario Histórico de España, auspiciado por la Real Academia de la Historia. Responde brillantemente a las 28 preguntas del cuestionario preparado por la Academia, común a todos los corresponsales, sobre el pasado y presente de la villa, tras consultar diversas Historias locales del reino de Murcia, los papeles del Archivo Municipal de Cehegín y los restos de lápidas y otros materiales aparecidos en la colina donde se ubica Begastri. Sus respuestas son de suma importancia para conocer cómo se hallaba Cehegín en siglo XVIII y cómo entendía su pasado un hombre ilustrado.
Traduce del francés una obra sobre la vida privada y pública del rey Luis XVI; otras tres desde el inglés tituladas Ideas sobre el estilo y gusto de la jardinería y Anécdotas de Enrique IV de Francia, y parte de la conocidísima de Adam Smith La riqueza de las naciones; pone los cimientos para escribir un extenso tratado genealógico de su linaje, del que se conserva el plan a seguir, plenamente actual; y comienza a publicar La Mythología explicada para inteligencia de todos, con buenas estampas confeccionadas por el grabador Andrés Giraldós, cuyo primer tomo sale de las prensas de la Imprenta Real en Madrid en el verano de 1806. De los 12 tomos que iban a constituir la obra, sólo se editaron 4 y de esos 4, por diversas circunstancias, únicamente salieron al mercado unos 300 de cada uno, el 20 por cien del total.
Dado su amor por la Naturaleza, los montes, la caza y la jardinería diseña y construye un hermoso jardín, que denomina de las Delicias, en el Cantón de la Noria, camino de El Escobar, dotado de zonas para plantas ornamentales y otras típicas de huerta. Entre los árboles frutales, prevalecen las variedades de pero de la tierra, así están el blanco, el de Vejete, el alargado de Málaga, el blanco, el de invierno, el de invierno rosa, el pero oción y el de Polonia.
Su vida más o menos tranquila tras su intenso enamoramiento comienza a cambiar, como la de todos los españoles, a partir del año 1808. Don Pedro, como buen hijo de la Ilustración, ama a Francia y a lo francés, pues ese país y Napoleón eran por entonces los faros de Europa, que era decir del mundo. Pero todo ese amor y respeto desaparecieron cuando fusilaron los ejércitos galos a patriotas españoles en Madrid la noche triste del 2 al 3 de mayo de ese año 1808 y quisieron conquistar España para unirla al imperio napoleónico.
La noche del domingo 5 de junio de 1808 tiene lugar en Cehegín un hecho luctuoso que trajo cola. Un grupo de hombres embozados y armados entró a la fuerza en casa del alcalde mayor don Fernando María Barrionuevo. Dos de los alguaciles de éste se enfrentaron a tiros a los llegados, uno fue muerto y otro resultó con heridas graves. Barrionuevo pudo escapar por los tejados y refugiarse en sagrado, en el convento de San Esteban. Al día siguiente fue escoltado hasta Lorca, desde donde marchó a Murcia. El pueblo de Cehegín lo tildaba de profrancés y de mal patriota y pidió, tumultuariamente, a los dos días que fueran nombrados alcaldes don Pedro Chico de Guzmán y don Francisco Álvarez-Castellanos y Quirós, mientras exigía que no regresara el magistrado, so pena de perder la vida. Duraron en el puesto hasta el 30 de agosto, cuando entregaron las varas a un comisionado enviado por las autoridades de Murcia entretanto se aclaraba la cuestión de Barrionuevo.
Ésta fue la primera vez que don Pedro fue alcalde de Cehegín en un momento durísimo para la villa, como eran los inicios de la guerra contra Napoleón. En los escasos tres meses que se mantuvo en el cargo debió hacer, entre otras cosas, el alistamiento de la gente en edad de combatir y la relación de las armas disponibles en el pueblo; las solicitudes de dinero a sus convecinos para las necesidades de la guerra y la creación del Batallón de Cehegín, con don Pedro como comandante y seis capitanes.
Pese a negarse a ser diputado en las Cortes de Cádiz, en 1809 redacta un interesante Systema de España, que trata de cuál era la realidad del país. Lo dio al diputado en las mencionadas Cortes don Juan Sánchez Andújar, cura de Sax, quien lo entregó en Cádiz y cuya recepción se anotó en el diario de sesiones de las Cortes el 5 de enero de 1811. Y otra obra, titulada En la infernal caverna.
Entre 1810 y 1811 unas Observaciones sobre la revolución de España; la obra Observaciones sobre el gobierno que conviene a la España en las presentes circunstancias; un Tratado de Educación; y tres tratados más contra la villanía, cobardía y jactancia de los militares españoles, capaces de sojuzgar a sus compatriotas, pero que huían del enemigo al primer disparo. Algunos de ellos están escritos en revancha a los malos tratos que ejercieron los militares en la persona del mismo autor en momentos determinados de la guerra. De las tres obras, una carece de título y las otras dos las denominó Del despotismo militar y Defectos militares y políticos del tercer ejército y sus reformas…
A comienzos de noviembre de 1810 se acercan las tropas francesas a Cehegín y Caravaca a requisar alimentos para dar de comer a los más de 10.000 soldados acantonados en las cercanías de Lorca. A Cehegín le costó no ser saqueada y destruida pagar 153.000 reales a los galos en concepto de contribución forzosa.
Por entonces, don Pedro formaba parte de la Comisión Popular de Cehegín, encargada de organizar la defensa de la villa; alimentar a los soldados españoles que pasaban por aquí o se hallaban de guarnición; pagar los elevados impuestos mandados recoger por la Junta Superior del reino de Murcia y otras autoridades para el sostenimiento de la contienda. Y todo eso en un tiempo de escasez, con la fanega de trigo al doble de precio que un par de años antes y con la amenaza de verse infectada Cehegín en la epidemia de fiebre amarilla que asolaba las ciudades del reino, que había entrado por Cartagena el mismo año 1810.
Todo empeoró en el otoño del año 1812 cuando más de 50.000 franceses, al mando del mariscal Soult, abandonaron Andalucía y, a través del noroeste del reino de Murcia, concretamente por Caravaca y Calasparra, ganaron Jumilla y Yecla y, por allí pasaron al reino de Valencia, para acuartelarse en la capital, Valencia, donde se reunieron con otras fuerzas y los esperaba el rey José I. Las unidades de requisa de ese ejército en marcha llegaron a Cehegín el 26 de septiembre y ocuparon la villa durante toda una semana, en la que robaron, violaron, mataron y destruyeron cuanta gente y propiedades quisieron. De modo que los daños sufridos en Cehegín sumaron más de 18 millones y medio de reales, una fortuna para la época. Sólo los del convento de San Esteban importaron 600.000 reales. Don Pedro y su familia se refugiaron en la finca La Alberquilla, término de Moratalla, donde se vieron libres de problemas.
A partir de entonces, la guerra terminó para los murcianos, salvo alguna batalla menor en la zona norte, como la de Yecla-Catral, y la gente se pudo dedicar al cuidado de sus intereses, muy desatendidos por años de desidia. Don Pedro no fue una excepción, abrió una tienda a cuyo frente puso a un tal Santos Fernández. Era la típica tienda de barrio de toda la vida que personas de canas hemos conocido y en la que hemos comprado, en la que había telas, alimentos variados, jaulas, agujas, navajas de afeitar, cedazos, púas, espejos y todo lo que Uds. imaginen. La abastecía con productos adquiridos en Calasparra, Cehegín, Alicante, Orihuela e, incluso, Gibraltar.
Desde ese momento, nuestro biografiado se pudo dedicar a su propia vida, sin obligaciones políticas, en la que entró alguna que otra celebrada cacería por los montes concejiles y alrededores en el otoño de 1813, de la que redactó sus circunstancias en divertidos versos. Le quedaban escasamente 18 meses de vida. Su desconocida enfermedad se manifestó a primeros del año 1815, según cartas de su hermano Antonio, pero se le agravó entre el 3 y el 9 de marzo, de manera que el mismo día 9 otorgó testamento, bajo el cual murió el día 10, viernes, sin poder firmarlo. Su cuerpo fue llevado al campo santo viejo y sepultado en el panteón de los Chicos de Guzmán. Sus restos se perdieron al hacerse el nuevo, al no ocuparse ningún familiar de trasladarlos al gran panteón que tiene la familia en el actual.
Y ésta es la vida sucinta de este eminente hombre de Cehegín, cuya existencia he rehecho, junto a la de muchos más miembros de su familia, en una obra que, titulada Cuatro generaciones de una familia española. Los Chico de Guzmán, 1736-1932, seguramente, verá la luz este año.
Quiero añadir, antes de concluir esta exposición que, junto al libro mencionado, sería interesante y oportuno publicar los principales originales de don Pedro, para lo cual habría que crear una especie de Biblioteca Pedro Chico de Guzmán, pues la figura y sus escritos lo merecen.
Muchas gracias por su atención y espero sus preguntas.”
JUAN GONZÁLEZ CASTAÑO
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