JUAN G. NEVADO CALERO: PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN DE CRONISTAS OFICIALES DE CÓRDOBA. «LOS CRONISTAS VIVIMOS CON ABSOLUTA LIBERTAD»

YA LO SABEN. EL CRONISTA DE SU PUEBLO NO ESCRIBE AL DICTADO DEL PODER DE TURNO. LO DICE EL PRESIDENTE DE ESTE SINGULAR BATALLÓN DE 83 VECINOS DE TODA LA PROVINCIA QUE SE OCUPAN DE RESCATAR LA HISTORIA LOCAL

 FOTO: RAFAEL CARMONA Juan Gregorio Nevado Calero, el jueves pasado, en el archivo de la Diputación, donde trabaja desde hace años


FOTO: RAFAEL CARMONA
Juan Gregorio Nevado Calero, el jueves pasado, en el archivo de la Diputación, donde trabaja desde hace años

—¿La pequeña historia de los pueblos es la gran historia del mundo?

—Seguro. Lo que hay que saber es vincular la realidad cotidiana con el entorno en que vivimos. Hay que estudiar lo local con perspectiva mundial. La minería de los Pedroches, por ejemplo, está unida a las guerras europeas.

Lo suyo es bucear en volúmenes vetustos donde muy pocos meten la nariz. Navega como pez en el agua entre protocolos notariales y libros de testamentos y es capaz darnos una clase magistral sobre la irrupción de la filoxera en la vid europea y sus repercusiones en la economía local de Villaviciosa de Córdoba. Así es un cronista oficial como el que tenemos enfrente. Un señor que empezó recogiendo aceitunas con ocho años y ha acabado como doctor de Historia y presidente de la Asociación de Cronistas Oficiales de Córdoba. «Lo primero que me encontré cuando vine a la Facultad fueron montones de huevos estrellados en la pared. Me sorprendió muchísimo ver comida tirada por las paredes de un edificio tan importante», recuerda Nevado Calero.

Se formó con el profesor Bernardo de Ares y obtuvo algunas becas de formación hasta acabar como bibliotecario de su pueblo, primero, y ayudante de archivo, después, en la Diputación Provincial. Desde 1984 es cronista de Villaviciosa. Tenía sólo 25 años de edad.

—Perdone la expresión, pero ¿lo que cuenta un cronista va a misa?

—Qué va. Un cronista que lee muchos documentos tiene un apoyo. El que habla de oídas, ya no lo tiene tanto. Lo que sí es un referente. Yo no pontifico: cito a pie de página todos los documentos que trabajo.

—Usted es un cronista riguroso.

—Yo soy historiador.

—O sea: hay cronistas buenos y cronistas malos.

—Hay cronistas que van mucho al archivo y otros que van menos.

—¿Hay muchos que tocan de oídas?

—Lo normal es que se trabaje de archivo o periódicos. Fuentes documentales primarias o secundarias.

—¿Y cómo se distingue el grano de la paja? O sea: ¿la historia de la fábula?

—Hay que mirar el pie de página. A quien escriba sin citar a pie de página yo no lo sigo leyendo el libro.

—El pie de página es la garantía.

—Cuando escribes y no citas, en cierta manera estás engañando. Para hacer literatura se hace literatura.

—¿Y hay mucha en la historia local?

-La literatura está unida al tipo de persona. Hay literatura en los arqueólogos, los modernistas o los medievalistas. Engordar el texto es muy fácil pero sacar uno pequeño de muchos documentos es lo que tiene valor para mí.

—¿Un cronista es un señor al servicio de la historia oficial?

—Nunca. Como el nombramiento lo hace una corporación que caduca a los cuatro años, el vínculo afectivo o personal desaparece de momento. Los cronistas vivimos con una libertad absoluta.

-— Usted se puede convertir en una pieza incómoda. ¿Correcto?

—No solemos hacer historia reciente. Hay compañeros a quienes les gusta mucho la Guerra Civil o la posguerra. Si hay muertos hay que decir quién murió y quién lo mató. No pasa nada por decirlo. Al que le molesta es problema suyo, no de quien escribe.

—¿Quién tiene el relato de los hechos tiene el poder?

—No. El relato de los hechos está en los archivos. Otra cosa es que no existan papeles y digamos sin citar a pie de página lo que pasó.

—¿Y cree en la historia oral?

-Eso es como la feria: cada uno la cuenta según la ve.

—Hay quien cree que la crónica de los pueblos es la antesala de la historia.

—Si no conocemos los municipios, las tradiciones, el territorio, la población, no podemos construir lo general. Los hispanistas estudian cosas de envergadura, pero nadie se preocupa de ver cómo repercute eso en una pequeña localidad. El bosque es muy fácil de ver. Otra cosa es diseccionar un árbol.

Su paraíso es un sótano atestado de archivos en los bajos de la Diputación Provincial. Aquí vive feliz entre legajos y manuscritos. «No he hecho otra cosa en mi vida nada más que leer e investigar», subraya. «Estoy dedicado permanentemente a la historia de mi pueblo». Ahí es nada.

—En los objetivos de la Asociación de Cronistas se lee: «Velar por la custodia adecuada del acervo cultural». ¿No se custodia adecuadamente?

—Hay de todo. Hace poco ardió un archivo en Sevilla. Muchas costumbres desaparecen porque no queda reflejo de ellas. Si uno cita un documento, ya se guardarán en ese pueblo de no destruirlo. El problema es el coste: ¿están dispuestos los ayuntamientos a tener un archivero?

—¿Por qué hay que guardar papeles?

—Porque son nuestro reflejo. La documentación solo refleja acontecimientos importantes y, si de nosotros como ciudadanos no dejamos nada, la vida cotidiana no existe.

—Para eso está la memoria oral.

-Eso tiene una vigencia de 40 ó 50 años. Nadie es capaz de decir los apellidos de su tatarabuelo. Y los del abuelo ya veremos.

—También hemos leído entre los objetivos de la Asociación: «Defender la libertad de investigación». ¿En esas estamos todavía?

—Eso significa que cada uno investiga lo que considera oportuno. Debemos apoyarnos para que no haya cortapisas. Lo que es de acceso público se te tiene que dar.

—Por cierto, los cronistas tienen carácter vitalicio. Casi como el presidente de una caja de ahorros.

—Es como cuando te conceden la Medalla de Andalucía: tendrás que hacer barbaridades muy grandes para que te la quiten. Lo de vitalicio va unido a ese carácter. Uno no se jubila de ese cargo.

—La asociación lleva el título de ilustre. Un poco demodé, ¿no?

—A mí personalmente me gustan las cosas más llanas, pero en los estatutos está escrito así y así está.

—¿Todo pueblo tiene su cronista?

-Hay pueblos que tienen varios.

—¿Varios? ¿Entonces cómo se identifica la verdad revelada?

—Cada uno investiga los temas que prefiere. En Madrid hay diez o doce cronistas.

—Serrat cantó: «Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio». ¿Somos cautivos de nuestra historia?

—Nadie es cautivo de nada. Nos movemos con libertad hoy y siempre. El que se ve cautivo será porque algo teme de su pasado.

—¿Y conocemos nuestra historia?

-Restos documentales quedan muy pocos. La realidad es una esfera y nosotros vamos con triangulitos documentales. ¿Cuántos cordobeses son capaces de leer un pergamino? La historia es un capricho de las mentes, no una realidad imperiosa para sobrevivir. Con saber cocinar y matar una animal, podríamos hacerlo. Lo único que nos esclaviza es nuestro futuro.

—¿Quién no conoce la historia está condenado a repetirla? ¿O quien la conozca también?

—Eso son frases hechas. Quien no conoce la historia vive feliz sin nostalgia. Quien conoce la historia tiene un punto de apoyo. El problema es ver con ojos de hoy lo que pasó ayer.

—¿Usted ha aprendido mucho de la historia?

—Sí. A entender el territorio. A analizar el presente y relativizar las cosas. Para eso hay que tener documentos y guardarlos.

Fuente: http://www.abc.es/

Sin Comentarios.

Responder

Mensaje