LAS PUÑALADAS DEL HAMBRE (1)

POR FRANCISCO SALA ANIORTE, CRONISTA OFICIAL DE TORREVIEJA

Las postrimerías del siglo XIX fueron años de miseria y crisis para las clases trabajadoras de Torrevieja y el resto de la provincia de Alicante.

Las postrimerías del siglo XIX fueron años de miseria y crisis para las clases trabajadoras de Torrevieja y el resto de la provincia de Alicante.

En los tiempos del siglo XXI que corremos es común hablar de la crisis, y no sólo hablar, que es lo de menos, sino también de sentirla y padecerla. Quién no tiene un conocido que haya perdido el trabajo, que se haya tenido que ir al extranjero a buscar cómo ganarse el sustento o se vea amenazado en quedar literalmente en la calle por no poder afrontar el pago de la hipoteca. Aún peor es tener que pedir un sustento con el que alimentarse, él y su familia, porque el hambre acecha y el instinto de subsistencia le obliga a recoger desperdicios y de los contenedores de basura o entre los restos abandonados los mediodías de los viernes después de retirados los puestos del mercadillo y con frecuencia verse obligados a solicitar ayuda en alguna de las ONGS que tan humanitaria y silenciosa labor hacen en Torrevieja para solucionar toda una larga lista de problemas sociales.

No es nada nuevo, del hambre y de la falta de trabajo ya se escribía en 1879 en una carta escrita desde Torrevieja el 1 de marzo y publicada por el periódico madrileño “El Globo”:

Señor director de `El Globo´.

Muy señor mio: Tomo la pluma para manifestarle la angustiosa situación porque viene atravesando esta localidad por la falta de trabajo.

En los 77 años que se están exportando sales de esta fábrica para el extranjero, no se ha conocido una decadencia igual, faltando los buques por completo, que en este tiempo venían a buscar del referido artículo sus cargamentos.

El actual jefe de la fábrica ayudado del interventor e inspector de la misma, se muestran decididos en lo posible a mejorar las dichas sales en clase y calidad, pero si en esta carta podemos competir el día de mañana con las sales extranjeras, no sería lo mismo con la seguridad de los buques, porque en cambio de las dársenas de Cette y otros puntos del extranjero donde hay sales, que los buques están sin amarras por no necesitarlas, nosotros les ofrecemos la rada más infernal que tiene el Mediterráneo, donde rara vez pasa in invierno sin sucedan pérdidas de buques, de cuyos percances siempre hay que lamentar desgracias personales, como sucedió no ha mucho tiempo a una fragata española procedente de Barcelona, que vino a completar su cargamento de sal para La Habana; se fue a la costa donde se perdió completamente, ahogándose el capitán y cuatro o cinco tripulantes.

El espectáculo mayor fue el Abril del año 1823, que en solo una noche se fueron a la costa, perdiéndose diez y ocho buques, en su mayor parte fragatas y bergantines que estaban anclados para recibir sus cargamentos.

Pero con lo que se prueba de una manera evidente la predilección que han dispensado los gobiernos al tráfico legal para evitar fraudes, es lo ocurrido con esta aduana.

En el año 1871 el comercio, los navieros y propietarios acudieron al gobierno con una solicitud pidiendo la habilitación, en su mayor escala, o sea como las de Avilés y Ribadesella, en la provincia de Oviedo, fundándose en que de todos los puertos del litoral, que tienen aduanas de segunda clase, ninguno tiene una navegación de cabotaje tan numerosa como la de ésta, contando al mismo tiempo con algunos buques de Ultramar, únicos elementos de vida con la que se cuenta en esta villa después de sus hermosas y ricas salinas.

En el mes de Junio del referido año fue resuelta la solicitud de la manera siguiente: `Orden ministerial del 11, habilitando la aduana de Torrevieja para la importación del extranjero de granos, harina y guano´.

En los granos están comprendidos, según el ‘Diccionario de la Lengua’, todos aquellos que se designan con el nombre de cereales y que se refieren a plantas o frutos farináceos, como trigo, centeno, cebada y semillas de que se hace el pan.

¡A quién se deberá esta mutilación y qué razón habrá tenido el que así ha obrado para reducir a la miseria a un población de más de diez mil almas? De esta manera, señor director, vamos por este camino de miseria.

¡Y dirán luego que los gobiernos en España no miran por la prosperidad y bienestar de sus pueblos!

¿En 77 años no ha tenido tiempo para hacer un abrigo a los buques, cuando no un puerto como el del proyecto que se halla estudiado y aprobado hace más de diez años, para evitar esas pérdidas enormes al comercio, a esta localidad y al Estado por la falta de venta de sales?

Si la situación actual por la que está pasando este vecindario continúa más tiempo, sin que se adopten disposiciones prontas por parte del gobierno para facilitar trabajo, no veo más camino que la emigración.

El Corresponsal.”

A comienzos del aquel verano de 1879, la situación entre las clases trabajadoras de Torrevieja no podía ser más aflictiva a causa de la paralización de los trabajos en las salinas. El ‘Casino de la Juventud’ acordó repartir 40 duros (200 pesetas) entre las personas más necesitadas de Torrevieja. Ante la necesitada situación de los braceros de la localidad, el administrador económico de Alicante se vio obligado a ponerlo en conocimiento del ministro de Hacienda.

Llegó a tal extremo la miseria de una gran parte de los moradores de Torrevieja, que el lunes 28 de julio acudieron al Ayuntamiento grandes grupos de gentes de todas las edades, sexos y condiciones, pidiendo pan o trabajo, porque no podían ya sufrir el hambre.

Era impotente el cuadro desconsolador que ofrecía la plaza de la Constitución, donde reunidas más de mil personas de ambos sexos en ademán siniestro y el rostro lívido por las privaciones y el hambre, pedían a las autoridades locales trabajo donde ganar la subsistencia o un pedazo de pan para alimentarse al menos por uno o dos días.

Torrevieja presenció aquella manifestación imponente en la que sólo se oyó un grito: ¡Pan y trabajo!

El Ayuntamiento, justamente alarmado ante la gravedad del conflicto, mandó una comisión de su seno diciendo a los manifestantes que se retiraran, lo cual consiguió, no sin grandes esfuerzos, súplicas y promesas, asegurándoles que al día siguiente se daría trabajo a todo el mundo arreglando calles y en otras obras de utilidad.

El Ayuntamiento, haciendo esfuerzo supremos y ante la presencia de comisionados de apremio, recogió 8.000 reales (2.000 pesetas) y los trajo a la administración económica.

Llegado el día señalado y el alcalde no pudo ocupar a tanta gente como se le presentó, y hubo de permitir a todos, mujeres, hombres y niños para que trabajaran por el miserable jornal de doce cuartos (35 céntimos de peseta). Tan sólo decir que el precio del pan en Torrevieja en aquella fecha era de 14 cuartos. No había ni para pan.

La miseria tomó carácter alarmante por la falta de trabajo para los jornaleros, de los que gran parte emigró a África. Torrevieja atravesó un periodo de angustia difícil de explicar, atribuido tan lamentable estado a la suspensión de la elaboración de sales en sus salinas, única industria para el sostenimiento de la población, mermada también por la emigración a Argelia que desde principios de año y en el corto periodo de cinco meses había sido de más de 3.400 personas.

A principios de septiembre de 1879, una comisión del Ayuntamiento fue a Madrid para suplicar al ministro de Hacienda la aprobación del presupuesto de elaboración de sales y dar trabajo a los obreros de Torrevieja y evitar el aumento de la espantosa miseria que se sufría.

(Continuará)

Fuente: Semanario VISTA ALEGRE. Torrevieja, 27 de septiembre de 2013

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