ANA GARCÍA. DESDE LA SENCILLEZ DE SUS VERSOS

POR MANUEL GARCÍA CIENFUEGOS, CRONISTA OFICIAL DE MONTIJO Y LOBÓN (BADAJOZ)

La veo venir desde la Barriada Juan XXIII, que es donde ella vive. Cruzar la Avenida del Progreso y caminar por la calle Virgen de Barbaño hasta su parroquia, la de San Gregorio Ostiense. Ana no pretende ser protagonista de nada. Sus ojos, desde su sencillez, han visto el paso del tiempo, los años y la vida. Ahora ha llegado al umbral de los noventa. Con todo lo que el camino y su transcurrir determinan. Tiempos favorables y otros que acarrean muchas veces las tristezas que nos producen desasosiegos e incertidumbres.

Ana no fue a la escuela, las circunstancias de los años difíciles de la posguerra los plasma y agudiza en sus versos: “Fuimos muy poco al colegio/ hay que decir la verdad/pero sí nos enseñaron/a tener que respetar/Ahora estudian muchos años/tienen que tener cultura/pero tocante al respeto/no hay ninguna asignatura/Y deberían tenerla/sepan los profesores/que bien merece un suspenso/quien contesta a los mayores” (Del poema Abuelo). Desde pequeña le apasionó saber leer y escribir. Y cual autodidacta fue entregándose a pasar las páginas de libros y revistas con capacidad, voluntad y empeño hasta lograrlo.

Ana García comenzó a trabajar desde bien joven en el obrador de Mariano Serrano, Pastelería Serrano, en la calle Antonio Maura. Tuvo que dejarlo para atender necesidades de la familia. Ayuda, trabajo y servicio dieron razón a su vida. Pertenece a la Asociación de Viudas Ntra. Señora de Barbaño y a los Grupos de Liturgia de la Parroquia de San Gregorio Ostiense. Quienes la conocen destacan de ella su fortaleza, tesón, constancia y servicio. Ana García se codea con el paisanaje desde la humildad.

Ana García padeció el desgarro producido por el adiós de su nieto Jorge, al que llama “Botoncito” en su poema: “Yo tenía un botoncito dentro de mi corazón/Era blanco y pequeñito como un vago de arroz/De la luz lo defendía, en los días de calor/Yo tenía un botoncito dentro de mi corazón/Fue creciendo y mi sombra transformó/Fue tan alto como un árbol y su frente como un sol/Fue creciendo y al regazo me llegó/Y se fue por un camino, como arroyo arrastrador/y lo perdí para siempre, llevándose mi corazón/Yo tenía un botoncito y mi vida se acabó”.

La complicidad de Matilde Sánchez Agreda ha podido acercarme a los versos de Ana García y darlos a conocer. Muchas gracias por ello. En este enlace se puede leer el artículo en su totalidad  (Artículo en Crónicas de un Pueblo)  . https://cronicasdeunpueblo.es/…/ana-garcia-desde-la…

FUENTE: https://www.facebook.com/manuel.garciacienfuegos

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