ENTREVISTA INÉDITA A JOSÉ PÉREZ RIVERA- GUARDA MAYOR EN EL PARQUE NACIONAL DE CAZORLA, SEGURA Y LAS VILLAS (2020)

POR MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ, CRONISTA OFICIAL DE VILLANUEVA DEL ARZOBISPO (JAÉN)

Nos conocimos en Radio Cole, cuando los alumnos le hicieron una entrevista, preguntándole mil pequeñas cosas sobre la sierra, la fauna, flora, incendios, hechos más destacados, vida en los cortijos… respondiendo con una sencillez de su gran magisterio y amor por el desempeño de su profesión.

Posteriormente como perteneciente a la Junta Directiva de la  Cofradía de la Virgen de la Fuensanta, con su aportación positiva en los numerosos proyectos; en algunos recorridos por la sierra en donde nos llenaba de la flora y la fauna, de las fuentes, y senderos, temas desconocidos por nosotros; después en las  obras de la explanada del Santuario, en donde Paco, él y José Sánchez, se dejaron intensas jornadas en el largo periodo que duró, pendientes de las necesidades de albañiles.

Siempre conciliador, amable, sencillo, vitalista, querido y respetado por todos. 

He encontrado esta entrevista en uno de los cuadernos, listos para ser guardados, y quiero darle voz a José Pérez, Guarda Forestal . 

Quedamos con José para tomar un café, en abril  del Centenario, el motivo principal era charlar sobre los Puentes del Guadalquivir, y su vida en el servicio militar,

Sentados en el Bar Plaza, tomando un café, tomé notas, de esos temas pero también  de su extensa vida, de juventud, de madurez, de su amor por la Virgen de la Fuensanta. 

“En los puentes sobre el Guadalquivir, el más antiguo es el de la Gorda, del mismo periodo que el de Mogón. Había una gran población y era el medio de comunicación de todos los cortijos para llegar a Villanueva. 

En el Puente Ortega estuve trabajando. No había firme. El ingeniero D: José Miguel Fernández Almagro hizo el proyecto, que no agradó a algunos “señoritos” y no le pagaron. Este mismo ingeniero lo ensanchó años después.

Hubo, en los años sesenta, una gran “riada” que se llevó puentes, inundó y destrozó, cortijos, árboles, causando pérdidas millonarias.

El Puente de Saro o Desideria, se reconstruyó, era de madera y se pusieron vigas de hierro, en su margen izquierda tenía un viejo molino de aceite.

Puente de Patricio o Melquiades, tuvo un molino muy antiguo de aceite.

El Puente de los Agustines le dieron una mayor anchura para que pudiesen pasar los camiones cargados de traviesas de madera. La mitad del puente es de Sorihuela y la otra mitad de Villanueva”.

José Pérez nació el 27 de agosto de 1935 en Chincoya, en un cortijo, que era de su abuelo. La escuela del maestro Matías fue en la que aprendió junto a otros niños de los cortijos, las primeras letras. Su padre le enseñó a tocar el laúd, con él y con su abuelo, recorrían los cortijos tocando y los llamaban para las fiestas y bodas,  lo que más tocaban era, pasodobles, vals y mazurcas.

Entre las tradiciones de los cortijos por San Marcos ataban el diablo; su abuela todas las tardes llamaba a los nieto para rezar el rosario.

Las matanzas cambiaban la vida del campo, pelar la cebolla, matar los cochinos, hacer las morcillas y los chorizos, llevar “los presentes” a otros cortijos cercanos. 

Al término de la recogida de la aceituna celebraban  la botijuela, en especial con unos aceituneros que bajaban desde Santiago de la Espada.

Aunque los disfraces siempre le han dado cierto miedo, en Carnaval se iba de cortijo en cortijo con la cara tapada.

En Navidad hacían las zambombas con las pellejas de los cerdos y los carrizos de los arroyos; la semana Santa respetábamos la cuaresma, sin comer carne toda la semana. 

En fiestas, si había buena corrida, mi abuelo me traía al pueblo, llegué a ver a Arruza y Manolete en Villanueva.      

Sus tareas eran cavar, labrar las olivas, el huerto sembrado de patatas y habichuelas, y cuidar del ganado. 

Se alumbraban con los candiles del aceite de oliva; en los ruedos del cortijo había un horno en donde su madre, cocía los panes que amasaba.

Solía venir a Beas de Segura y Villanueva montado en los mulos para llevarse dos sacas de harina. Ya vivían en la cortijada de la  Hoz, que estaba a unas siete horas de camino en caballería.

Hubo una época en la que el trabajo como agricultor le desagradó ya que tras mucho trabajar el rendimiento siempre era escaso.

En 1956, adquieren una casa en Villanueva, en las protegidas de San Blas. Recuerda las despedidas que le hacían a los quintos, cuando se iban a la mili; los vecinos y familiares les daban algún dinerillo, tabaco o algunos alimentos de matanza.

Recuerda su  viaje hasta Larache, en tren desde Baeza hasta Algeciras; el barco a Ceuta, en camión hasta Tetuán, y Larache, catorce meses de mili. Quiso hacerse cabo, ya que había escuchado, que de esta manera podía ser Guarda Forestal, su sueño. Este periodo resultó para él agradable. Fue la última quinta en Marruecos y estuvieron preparados para marchar a Sidi Ifni. 

Al finalizar el servicio militar, decide irse a Pontevedra, en donde había una Escuela de Capataces. Aprobó el primer curso y se presenta a los exámenes de Guarda Forestal. Había cuatro plazas para cientos sesenta aspirantes, obtuvo el número siete. En Jaén una nueva convocatoria de seis plazas para doscientos cincuenta aspirantes, logró el número uno, con el Artículo 46 de la Ley de Montes, apartado tres.  La aprobó y eligió Medio Ambiente en Santiago de la Espada, Montes de la Paja y la Pinadilla. En un cortijo de este lugar conoció a María en 1961 y se casó con ella en Santiago de la Espada.

Sus principales actuaciones eran sobre los temas de incendios, ganado, abrevaderos y caminos. Pidió la vacante y traslado a Villanueva, para luego retornar a la Pinadilla.

Nombrado Guarda Mayor, con 18 guardas y después Subinspector de todo el Parque, con 117 guardas era demasiada responsabilidad.

En el Parque Natural debían cumplirse todas las normas y su belleza y cuidado de la flora y la fauna, nos llenaría de dicha, pero desgraciadamente, la responsabilidad de los ciudadanos brilla por su ausencia. 

Los animales el ciervo, muflón y cabra se está debilitando, así como el quebrantahuesos. El tejo y el pino laricio son un orgullo para todos. 

De los incendios, recuerda uno que se inició en el Tejuelo y llegó a las Correderas, unos veinte kilómetros de distancia.

Hay construcciones irregulares en la sierra y le da pena el abandono y caída de los cortijos, llenos de historia y de trabajo.

Coincidió con Franco el día que mató al ciervo mayor  de España, por las puntas y el grosor de las mismas.

Con respecto a ser miembro de la Junta Directiva de la Fuensanta, se llevó  una decepción con los trinitarios al marchase de Villanueva, tras más de 125 años.

Junto con José, El Beato y Paco, trabajaban a “revienta pellejo” en el momento de echar el piso en la explanada del Santuario. Estuvimos largo tiempo desde las ocho de la mañana, pendientes de las obras. Todos los árboles, menos los olmos, los plantamos nosotros. La verja de hierro, fue costeadas por todos los cofrades, pagando determinada cantidad.  Cambiamos el kiosko de la venta de medallas, de lugar e hicimos uno nuevo. Compramos entre los tres una chopera por unas setecientas mil pesetas y ahora la han vendido por 120.000 euros.

En política algunos partidos intentaron convencerle  para que se presentase en las elecciones municipales, pero nunca llegó a aceptar.

José nos dejó al poco tiempo de nuestra entrevista, allá donde esté dejará su magisterio y defensa de nuestro Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas, su bondad y su amor por la Patrona, la Virgen de la Fuensanta.

FUENTE: MLF

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