CRÓNICA DE SAN ANTÓN DE VALDEPIÉLAGOS

POR AGUSTÍN DE LAS HERAS MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE VALDEPIELAGOS (MADRID)

Fotografía de MariCarmen González.

El 17 de enero es la fiesta de San Antón. San Roque y San Isidro, por el deseo de los vecinos, le dejaban protagonismo a este monje cristiano que murió este día del año 356. Este longevo santo que vivió 106 años es el patrón de los animales. En su primer retiro se fue al monte a convivir con las bestias salvajes. Creo que el eremita se dio cuenta de cómo eran los de su especie. Y a partir de ahí intentó descubrir la sabiduría observando a los animales, hasta que murió en el Alto Egipto. Ya lo escribió Cervantes en El Quijote: «Me moriré de viejo y no acabaré de comprender al animal bípedo que llaman hombre…»

Los madrileños de la capital festejaban también a este santo y recorrían las calles de Malasaña, comiendo panes, dulces, bebiendo licores y celebrando una feria después de bendecir a los animales en la Iglesia de San Antón.

En los años 30 todos los vecinos que trabajaban en la agricultura todavía lo hacían con animales y sin estos su labor no hubiera podido realizarse.

Años quedaban hasta que llegara el primer tractor al pueblo, de manos de Marcos González, en 1960.

En todos los pueblos agrícolas, y como no en Valdepiélagos, todos los agricultores que tenían mulas y caballos, bueyes, cerdos y gallinas, cabras y ovejas, celebraban esta fiesta.

Unos días antes se reunían las Hermandades donde se elegían a dos hermanos. Estos recorrían las casas del pueblo pidiendo a los vecinos para organizar la fiesta. Algunos daban dinero, otros una pata de cerdo, los pudientes hasta una oveja, otros un trozo de tocino o cualquier parte de un puerco.

Por la mañana casi todos iban a misa. A la salida del rezo al santo, fuera de la iglesia, junto a la puerta, se extendía una manta donde se depositaba todo lo recogido. Como si fuera para abacero o estanquero, se realizaba una subasta. El que más ofrecía todo se lo llevaba.

Con el dinero se pagaba al Señor Cura, así como vino y unos bollos que previamente se habían hecho en el horno, y que se repartían.

Por la tarde los vecinos sacaban mulas, caballos y burros para echar carreras, y dar vueltas por el pueblo. Algunos años venían hasta de pueblos de al lado para participar en estas gestas. No les hacían falta las cuadrigas de Ben-Hur.

A última hora, marchaban todos al camposanto en recuerdo de los difuntos.

Los chicos se pasaban el día corriendo tras las mulas. Como era día de fiesta algunos calzaban sus mejores ropas, aunque fueran pantalones cortos. Sí, era enero, pero a ninguno le importaba. Los párvulos que llegaban a los cinco años ya sabían lo que era el frío y a él se acostumbraban. Pero el llevar pantalones cortos hacía enseñar las piernas. E ir corriendo tras las mulas tenía lo que tenía. Todos llevaban sino negro, costras en las rodillas.

Hasta los doce o trece años, la ropa de gala no se alargaba. Y cuando una madre le hacía pantalones largos a un niño hasta las vecinas sabían que en esa casa ya había un hombrecillo.

Una vez guardadas las mulas, mozas y mozos y los matrimonios más jóvenes marchaban al baile. Es día el baile era gratuito, pagaba la Hermandad de San Antón.

Los más niños, los de pantalón corto, corrían entre las parejas y jugaban al escondite.

La música de la fiesta venía de un organillo, que tocaba todas las piezas que se ponían también en la fiesta de San Isidro.

Todo eran risas entre los pequeños y arrumacos entre los mayores hasta que sonaba la Jota. Eso indicaba el fin del baile.

Luego todos regresaban a sus casas donde los padres, quien tenía padre, y las madres, quien tenía madre, cortaban un cacho de pan y servían una cena con la alegría en sus venas y la luz en sus miradas de quien es feliz con lo que tiene. Y a falta de padre o de madre, siempre había alguna abuela o abuelo que con todo su amor intentaban que nada les faltase.

No debemos dejar en el olvido una fiesta que los más jóvenes no pueden ni imaginar y que se celebraba en Valdepiélagos. Y que yo he podido trasladar aquí gracias a lo que leí de lo que dejó escrito nuestro cronista Anatolio González.

P. D. He buscado en los Libros de Bautismo antiguos, quien pudiera haber nacido el día de San Antón en Valdepiélagos, sin resultado. Lo más cerca el día 19 que fue cuando nacio Teodoro, marido de Alicia. Gracias al comentario de Marivi González, hemos descubierto que nació este día. Asi que estemos atentos a felicitar a Marivi el próximo 17 de enero. Le dedico esta Crónica a ella, a Teodoro y a todos los valdepielagueñaa y valdepielagueños. Un 17, de otros meses, nació también un primo de Marivi y mío, Antonio. Al igual que su padre Emilio Gonzalez, mi tío. Al igual que Maria Luisa mi tía. Al igual que Maite, mi mujer. Buen número.

FUENTE: 
@anatoliogonzalez
@agustindelasheras
@cronistadevaldepielagos
@delasheras.cronicasdevaldepielagos

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