LA INSTITUCIÓN, UNA ASAMBLEA, UN ENCUENTRO. GRAN DUQUE DE ALBA.

POR RICARDO GUERRA SANCHO, CRONISTA OFICIAL DE ARÉVALO (ÁVILA).

Navas del Marqués (Ávila).

El sábado pasado como acostumbro, asistí a la asamblea anual de la Institución Gran Duque de Alba, la gran institución cultural de nuestra provincia que es un gran referente de la cultura, y no solo la provincial, por sus miembros abulenses, también por cuantos lo son de adopción, sino como referente cultural por sus actividades culturales, becas, publicaciones y por el gran elenco de quienes la componen.
Era una mañana fría, el cristal de mi coche tenía una capa compacta de hielo que me sorprendió, porque son los primeros fríos del invierno que está por llegar según el calendario oficial, pero que ya es un hecho. El día era claro, cristalino y luminoso que según me acercaba a Ávila ciudad iba tapizándose de nubes y de nuevo claro al llegar a Las Navas del Marqués. Allí nos encontramos un grupo de miembros de la Institución para coger el bus camino a Las Navas, lugar donde este año se celebró este acto cultural itinerante por las principales ciudades de la provincia. Según las estadísticas que se comentaron, son Las Navas la cuarta ciudad tras Ávila, Arévalo y Arenas.
Momentos de saludos de viejos y nuevos amigos, fue muy grato compartir viaje con José Ignacio, jurista de reconocido prestigio, recién jubilado que me ha prometido una visita a mi ciudad para enseñársela a mí modo, y hablamos de La Lugareja. La vuelta no fue menos agradable en compañía del gran poeta Muñoz Quirós. Momentos de recuerdos y anécdotas.
El acto se celebró en el amplio Salón de Plenos de su moderna Casa Consistorial, con su solemnidad, los nuevos miembros, los homenajes, el recuerdo a los que nos dejaros, siempre con la música de fondo del Dúo Sinergia. Muchas personas conocidas, amigos viejos y nuevos. Después del acto institucional, nos dirigimos a ver el Castillo Ducal.
Tengo que decir sinceramente que tenía ganas de volver a Las Navas, porque de mi visita de hace muchos años, apenas tenía un vago recuerdo, esa silueta de su magnífico castillo-palacio, y ese ruedo de su plaza de toros, impresionante imagen del castillo con los toros delante. Aunque siempre me interesó su creciente y pujante actividad como capital de la comarca de pinares, una ciudad en el círculo de influencia de Madrid, como también lo es la mía. Esta de segundas residencias, aquella la meca del «Tostón Asado».
Especialmente tenía interés en ver el magnífico castillo-palacio de Magalia, que fue declarado Bien de Interés Cultural en 1931, el del marqués, el de los Dávila de los trece roeles, fortaleza fuerte y elegante como acostada en un risco granítico. Tanto es así que el extraordinario y amplio patio renacentista está en una cota superior a la entrada, amplia y señorial para subir y acceder al patio palaciego con preciosas arcadas y columnas de capiteles toscanos, heráldica de los Dávila y esas características torres circulares. Cómo me gusto la capilla en una de esas torres, moderna con arcos que contienes esas pinturas cubistas, o las atractivas bóvedas planas y esas obras de arte que son depósito del Museo del Prado. Una restauración que me recuerda mucho la época de aquella residencia universitaria que alojó a la Sección Femenina, y que en muchos aspectos también me recordó al castillo de la Mota de Medina del Campo con funciones semejantes por aquellos años. De allí nos dirigimos a las amplias estancias donde nos ofrecieron el «Vino Español», antes de la obra social de Caja de Ávila, muy bien servido, abundante y rico, que hay que decirlo. Ese es el momento de las tertulias, los saludos pendientes, los contactos, las enhorabuenas, los temas concretos según las diversas ramas que alberga la Institución.
Y porqué no decirlo, fruto de mi despiste natural, el reconocimiento de fisonomías que no encajan o no relacionas… perdona, que tu fisonomía no la ubico… «tierra trágame»… no te preocupes, que a mi me pasa lo mismo, dice alguien, más bien para tranquilizarte. Pero eso siempre es mejor que «el sí de los tontos»…
Especial recuerdo de esas tertulias improvisadas con Blas el arqueólogo, con Raimundo el historiador, con María, la experta en el mundo romano, con su esposo Armando, con Sonsoles y su nuevo libro, con mi amigo y nuevo compañero el Cronista Jesús María, con David de archivos y documentos, con Félix y la heráldica, y con tantos otros. Amigos, ese es el alma de estas reuniones, siempre un reencuentro con la cultura abulense y muchos de sus protagonistas, y siempre aprendiendo…
¡Hasta la próxima!

FUENTE: https://www.diariodeavila.es/opinion/z52514f7d-ca48-ede9-409022fc8d3f1009/202312/la-institucion-una-asamblea-un-encuentro

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