CABANILLAS DEL CAMPO, UNA VILLA EN LA CAMPIÑA

POR ANTONIO HERRERA CASADO, CRONISTA OFICIAL DE LA PROVINCIA DE GUADALAJARA

El acto de la presentación se enmarcó en el inicio de las Fiestas Patronales de la localidad: en el salón de la Biblioteca Municipal «León Gil», atestado de público, y con la presencia del alcalde, don José García Salinas, la mesa presidencial estuvo ocupada por Dª María Rosa García Ruiz, concejala de cultura y Diputada Provincial de Cultura; don Antonio Herrera Casado, Cronista Provincial, y académico correspondiente de la Real Academia de la Historia, y el propio autor de la obra, don Ángel Mejía Asensio. Entre el público, nutrido de vecinos de Cabanillas, saludamos a buen número de Cronistas de diversos municipios de Guadalajara, destacados miembros de la Asociación «El Recreo» de Maestros Jubilados, personas venidas de otros lugares de la provincia, todo ello en un ambiente de fiesta y animación.

Un trabajo meticuloso y espléndido, en el que a lo largo de tres grandes capítulos se refleja la “Historia de Cabanillas” escrita por Ángel Mejía Asensio. Merecía este pueblo de la Campiña un estudio tan amplio y metódico como el que, con el apoyo de la Ayuntamiento, acaba de aparecer. Son nada menos que 460 páginas en las que se contiene esta información que apasionará a cuantos viven o han nacido en Cabanillas.

El libro, que va ilustrado con numerosas fotografías y documentos, se divide en tres grandes capítulos, que abarcan la realidad y el ser cabanillero: el primero de esos grandes capítulos ofrece la visión de la Geografía, la Sociedad y la Economía. A lo largo de 150 páginas se exponen las propuestas que en ese ámbito hace el devenir histórico del pueblo. El segundo de los capítulos (con 130 páginas) está consagrado al estudio del Concejo y la Organización municipal. Que sin dejar de ser similar a todos los del entorno, y aun de Castilla y España entera, tiene singularidades y, sobre todo, cifras y nombres propios, aquí relatados con minuciosidad. Y el tercero de los capítulos se destina a la exposición de los temas del Arte, la Enseñanza y la Cultura. En estas páginas (en total 110) aparecen las referencias a los personajes, que los hay, y muchos, en todos los ámbitos, a los centros de enseñanza (unos antiguos y otros actuales) y a las fiestas, de las que recoge –por orden cronológico de celebración a lo largo del año– un total de 18 fiestas, entre ellas, la tan esperada anualmente dedicada a San Blas, tradicional patrón del pueblo, y en cuyas jornadas sale ahora por las calles la recuperada Botarga.

Serían muchos los temas a destacar en esta obra. Geográficos unos, y especialmente históricos, como los minuciosos análisis de las formas de vida, las elecciones, los impuestos, los edificios, el canal, los montes… pero un par de capítulos me han llamado la atención, porque vienen a rescatar elementos que apenas si eran conocidos: los personajes, y las fiestas.

Los personajes

Uno de los capítulos más necesarios, y que le ha salido bordado al autor, es el de los personajes. Cabanillas ha sido cuna de personalidades de relieve, a lo largo de los tiempos, y especialmente el siglo pasado. Por destacar algunos, menciono en primero lugar a Juan Rhodes Garrido, uno de los personajes nacidos en el siglo XX, más interesantes de Cabanillas. Farmacéutico de profesión, ejerció en la villa desde 1906, aportando modernidad a su ejercicio, que apenas estaba saliendo de los oscuros tiempos medievales. Estudió el bachillerato en el Instituto de Guadalajara y la carrera en Madrid, y fue proverbial su atención a los pobres, durante toda su carrera. Por eso la villa, a su muerte, le dedicó un calle principal.

El cirujano Agapito Joaquín López García es otra de las figuras “científicas” de Cabanillas, y aunque natural del pueblo, ejerció siempre en Hiendelaencina, donde fue proverbial su buen hacer como “cirujano romancista”. Que venía a significar que era quien sabía de verdad curar, cortar, y atajar el mal cuando surgía.

Otro cabanillero principal fue el obispo Antonio Sanz Lozano, quien en el siglo XVII anduvo de misión apostólica, ejerciendo la jerarquía eclesiástica, como obispo en Cartagena [de Indias] y como arzobispo en Santa Fé de Bogotá. Antes había sido rector magnífico de la Universidad de Alcalá de Henares, y se ganó la confianza del rey Felipe IV por sus dotes de sabio generoso.

Entre otros muchos, el autor de esta historia cita al maestro don León Gil Barrionuevo como “una de las figuras más destacadas dentro del mundo educativo y cultural de Cabanillas en el siglo XX”, donde además de ser maestro de Primera Enseñanza, fundó la Biblioteca Popular de Cabanillas, que dio un empuje notable a la formación de los cabanilleros. Murió en la cárcel de Guadalajara en 1942, y su nombre fue considerado ideal para ponérselo de título a la actual gran Biblioteca municipal.

Las fiestas

Casi una veintena de fiestas diferentes recoge Mejía en su obra. Eso significa que en Cabanillas les gusta andar de fiesta muy a menudo, porque tocan a fiesta y media por mes. Una de las más llamativas, y que está acogiendo muchos espectadores foráneos, aparte del entusiasmo que suscita entre la propia población, es la del Botarga y el Campana, dos personajes que salen el día de San Blas (o sea, pasado mañana domingo) por las calles y plazas del pueblo. De esa fiesta, que durante muchos años estuvo perdida, hablé en mi “Crónica y Guía de la provincia de Guadalajara”, con textos recogidos de los más ancianos, y con datos que sirvieron para recuperarla recientemente. Así decía en mi obra de hace 40 años:“En Cabanillas existió esta fiesta en la que uno o varios jóvenes del pueblo, se disfrazaban de alegres colorines, se tapaban la cara con una máscara ridícula hecha con cáñamos, y recorrían las calles del pueblo tocando una campanilla. Era la botarga. Al oírla acercarse, todo el mundo cerraba puertas y ventanas, para que no entrase en la casa. Si alguien se descuidaba, la botarga entraba y se llevaba todos los chorizos que encontrase a su alcance”.
Pero muchas otras celebraciones, como la Candelaria, San Antón, San Sebastián, el Corpus, Santa Ana, y la Cruz, reciben el favor y las alegrías de los habitantes de esta población.

El Autor

Ha sido el Cronista Oficial de Cabanillas del Campo, Ángel Mejía Asensio (nacido en Vellisca, Cuenca, en 1957), quien ha escrito este magnífico libro cabanillero. Es maestro y doctor en Historia Moderna, por la UNED, obteniendo el Premio Extraordinario de Doctorado. Como maestro, ha participado activamente en diversos trabajos relacionados con la Renovación Pedagógica, habiendo dirigido muchos años “La Pecera”, el Colegio del Hospital Universitario de Guadalajara, por el que ha sido especialmente reconocido.

Entre otras publicaciones es coautor, junto con Manuel Guillén, del libro Actuaciones educativas en aulas hospitalarias (2002) y autor de La Pecera de los cuentos (2007). Ya como historiador ha escrito, dentro de lo que se considera como “Historias locales” dos libros sobre la historia de Cabanillas del Campo, uno de ellos junto a Manuel Rubio Fuentes; otro sobre la Historia de Alovera, y otro con Antonio Zahonero, sobre la Historia de Quer (2003). Es autor, asimismo, de Pan, trigo y dinero. El pósito de Guadalajara (1547-1753) (2002); Santa María de la Fuente. Presencia de una memoria viva en Guadalajara, (2010); Cincuenta años de la presencia Marista en Guadalajara (1961-2011), (2011); Preceptores y maestros. La enseñanza de la gramática y de las primeras letras en la provincia de Guadalajara durante la Edad Moderna, (2016), por el que recibió el Premio “Layna Serrano” de Investigación Histórica y Etnográfica 2015. Un valor de la historia y el patrimonio guadalajareño.

FUENTE: https://www.herreracasado.com/2024/02/02/cabanillas-del-campo-una-villa-en-la-campina/?fbclid=IwAR3dR0ckRisUd1N3VlubFp5lK05s_We1QaPwJato2zVBd1nXdnlsa_WjiKM

Sin Comentarios.

Responder

Mensaje