HISTORIAS DE TORNAVACAS (X): LA LLEGADA DE LA LUZ ELÉCTRICA A TORNAVACAS

POR JUAN PEDRO RECIO CUESTA, CRONISTA OFICIAL DE LA VILLA DE TORNAVACAS (CÁCERES)

Dentro de unos meses, en 2025, se cumplirán cien años de un acontecimiento que marcó un antes y un después en nuestra historia reciente y que impulsó el desarrollo moderno (económico, social…) de nuestro pueblo: la llegada de la luz eléctrica.

En este acontecimiento, hay una protagonista indiscutible y esta no es otra que la Central Hidroeléctrica construida en las cercanías de la Garganta de Becedas, por todos conocida como la «Casa de la Luz», una construcción, hoy un tanto descuidada y olvidada por el paso del tiempo, cuya importancia pretendemos rescatar aquí y que será la protagonista de una serie de entradas en este blog, siendo esta la primera.

La «Casa de la Luz», en donde, a través de un proceso mecánico, la fuerza del agua procedente de la garganta se convertía en energía eléctrica, comenzó a surtir luz eléctrica en el año de 1925. En los años anteriores (últimos años de la década de 1910 y primeros de la de 1920), se procedió a su construcción y a la instalación de la infraestructura necesaria (tendido eléctrico, transformador en el pueblo…) que hizo posible transportar esta energía desde su lugar de origen hasta el pueblo (existiendo, desde un punto a otro, una distancia de algo más de 3 kilómetros).

En este citado año de 1925, se firmó, entre el Ayuntamiento de la villa y el primer propietario e impulsor de la «Casa de la Luz», Cándido Álvaro Benito, vecino de El Barco de Ávila, el primer contrato de suministro de fluido eléctrico para el alumbrado público de Tornavacas. En este contrato, que tenía una duración inicial de cinco años (hasta el 31 de diciembre de 1930), el adjudicatario se comprometía a suministrar «el fluido eléctrico necesario para cincuenta y siete lámparas de filamento metálico» que se instalarían en diversos espacios de la vía pública (Calle Real y Camino vecinal), así como en las «escuelas [de niños y de niñas], Ayuntamiento y dependencias del mismo». El Ayuntamiento se comprometía a pagar 1.600 pesetas anuales, a trimestre vencido, por este servicio. En principio, el suministro debía estar garantizado «en todo tiempo diez minutos después de la puesta de sol hasta quince minutos antes de su salida». En la práctica, como veremos en posteriores entradas, esto no siempre se cumplía. Este alumbrado de luz eléctrica venía a sustituir al ya existente de faroles de aceite de petróleo, los cuales se ubicaban en diversos lugares estratégicos de la vía pública desde la década de 1850.

De esta manera, al igual que sucedió en otras poblaciones de nuestro entorno también por esta misma época, con la construcción de importantes centrales como la de Solana de Ávila y otras más modestas en Jerte o Cabezuela, llegaba la luz eléctrica a nuestro pueblo, aunque, obviamente, sus características eran muy diferentes a la luz de la que disfrutamos hoy día. Y es que, el suministro inicial solamente daba para mantener unas horas encendidas dichas lámparas -y normalmente por la noche- y, en no pocas ocasiones, la potencia con la que llegaba la luz era insuficiente para cumplir con su función, sobre todo, en el verano -cuando el caudal de agua de la garganta mermaba considerablemente- y, más aún, cuando esta comenzó a ser utilizada, años después, en casas particulares por nuestros vecinos. Pero eso ya es otra historia que retomaremos en entradas posteriores.

FUENTE: https://senderosdelahistoria.blogspot.com/2024/02/historias-de-tornavacas-x-la-llegada-de.html

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