LA ASONADA DE JUAN POVEDA EN 1907. CONFLICTOS POR EL AGUA DEL RÍO MONTNEGRE. (XIXONA). (I)

POR BERNARDO GARRIGÓS SIRVENT, CRONISTA OFICIAL DE XIXONA (ALICANTE)

1.-Los precedentes.

El 30 de abril de 1849 fue aprobado un Reglamento para el aprovechamiento de las aguas del riego de la huerta de Alicante redactado por José Mª Vignau. Éste fue el precedente del Sindicato de Riegos de la Huerta de Alicante cuyos estatutos fueron sancionados por el Rey el 24 de enero de 1865. La principal misión del sindicato consistía en el reparto de las aguas embalsadas en el pantano de Tibi y en su control. 

Los regantes de Montnegre (aquellos que aprovechaban el agua desde el pantano de Tibi hasta la zona del Chapitell), la mayoría jijonencos, tenían derecho al agua al existir una acequia, conocida popularmente como la acequia de los enamorados https://www.raco.cat/index.php/RecerquesMuseuAlcoi/article/view/328463, que era anterior a la construcción del pantano de Tibi por el cabildo alicantino en 1580.

Una de las primeras acciones del sindicato fue distribuir en tandas el agua de riego que se rebalsaba en el pantano. Por tanto, entraba en colisión con los regantes jijonencos que habían disfrutado hasta la fecha del preciado maná, casi sin límites. Así es como se suscitó la denominada guerra por el agua conocida popularmente como la “cuestión del pantano”. Enfrentamiento que terminó en los juzgados y cuya resolución no se produjo hasta 1995 cuando gracias a la mediación de la Diputación Provincial de Alicante se llegó a un acuerdo entre el Sindicato de Riegos de la Huerta de Alicante y los regantes de Montnegre.

En los primeros años del siglo XX el ambiente en Jijona, y en especial entre los labradores de Montnegre, estaba caldeado puesto que la junta general de regantes del Sindicato de Riegos de la Huerta de Alicante había decidido el 2 de marzo de 1906 cerrar la paleta del Pantano, privándoles del maná del agua, aunque la sequía no fue tan grande y ese verano no se ejecutó la orden. 

Sin embargo, al año siguiente la sequía era manifiesta. El 13 de julio de 1907 se mandó cerrar la paleta del pantano. Los regantes reclamaron al gobernador civil, quien cursó la orden el 16 de julio de abrir las compuertas de la presa. La Junta de Regantes no sólo incumplió el mandato sino que presentó una resolución ante el Ministerio de Fomento y “llamar la atención del Gobernador sobre su falta de atribuciones para adoptar tal determinación”. Seguidamente el sindicato denunció estos acuerdos ante los tribunales. El Gobierno respaldó las actuaciones del gobernador civil y del Ministerio de Fomento y, de conformidad con el Consejo de Estado, rechazaron las alegaciones presentadas por el Sindicato de Riegos de la Huerta de Alicante contra la orden del gobernador de abrir una de las compuertas del pantano para dar agua a los regantes de las 15 antiquísimas presas del río Montnegre por Real Orden del 29 de abril de 1908. El Sindicato no se rindió y presentó un nuevo recurso.

2.-El protagonista

Juan Poveda García nació en Alicante en 1854.  Cursó sus estudios de bachillerato en Alicante, pero se licenció en Derecho en la Universidad de Valencia. Aunque dirigió un periódico monárquico, al inicio de la Restauración se había integrado en el partido republicano de Eleuterio Maisonnave. Tras convertirse en un eminente abogado y fallecer este líder político viró hacia el conservadurismo e ingresó en el partido conservador, ganándose rápidamente la confianza de su jefe, José de Rojas y Galiana, Marqués del Bosch. Esto explica que obtuviera actas de diputados a Cortes por Alicante en 1893 y 1896. También fue diputado por Lucena en 1899 y 1901 y por Villena en 1903. 

La retirada de la escena política del Marqués del Bosch provocó una auténtica lucha por el poder en el partido conservador. En 1903 el Gobernador Civil informaba a sus superiores políticos que en Alicante existían cuatro facciones conservadoras, una de ellas liderada ya por Juan Poveda que luchaban por el poder. En 1905 el líder de los conservadores, Antonio Maura otorgó su confianza a Juan Poveda para que liderara el partido en la circunscripción de Alicante. Pero en vísperas de las elecciones a Cortes de 1905 todavía existían dos tendencias irreconciliables en el conservadurismo, una la liderada por Poveda y otra la del resto de conservadores. Finalmente, la lista conservadora presentaba a Juan Poveda y al barón de Petrés. Estas elecciones “fueron el prototipo del fraude y la coacción electoral en la ciudad” de Alicante. El gran vencedor fue Poveda y el gran perjudicado fue su compañero de partido, el barón de Petrés. Esto provocó un gran abismo en el seno conservador. 

Las elecciones municipales aumentaron esta división, ya que Poveda tendió una mano a los partidarios de José Canalejas y a cambió de colocar en el Ayuntamiento a todos sus partidarios. La situación ya no podía ser más explosiva en el partido conservador.

Con la finalidad de poner paz en el partido Antonio Maura envió a su hijo Gabriel. Fruto de estos pactos entre Poveda y los demócratas de Canalejas fue que en las elecciones legislativas de 1907 se abriera la puerta al canalejista José Francos Rodríguez, sacrificando al propio Poveda.  En febrero Manuel Gómez Valdivia, los seguidores del barón de Petrés y Manuel Antón consiguieron apartar de la dirección del partido conservador a Juan Poveda a cambio de un acta de senador. Con ello se consiguió la anhelada paz en el seno conservador. 

Juan Poveda, al final de su legislatura como senador por Ciudad Real, abandonó la política activa, ya contaba con 63 años, y se dedicó de pleno a la abogacía. Falleció en La Plata, Argentina en 1919.

3.-Los Hechos

Si ya de por si el clima social y político no estaba lo suficientemente enrarecido y el enfrentamiento se palpaba en el aire desde hacía algún tiempo se sustanciaba en el Juzgado de Instrucción de Jijona un pleito entre Basilio Martínez (Basilio Martínez para defender sus derechos editó en 1877 en tamaño holandesa el libro La cuestión del pantano de Alicante por Basilio Martínez, dueño de la presa sesta, que forma parte de las quince llamadas antiquísimas, únicas que existen en el riachuelo de Monnegre, Alicante, Establecimiento tipográfico de J. Margili, 1877, 72 páginas. En el que defendía el derecho de los regantes de Montnegre a las aguas del pantano) y el Sindicato de Riegos de la huerta de Alicante.

El juez había pedido a las partes que se presentaran en Montnegre para hacer una inspección ocular del deslinde de terrenos. Así se hizo el día 19 de agosto de 1907. El abogado de Basilio Martínez pidió que la prueba testifical “se practicara en el juzgado de Jijona al día siguiente”. Al terminar el acto Juan Poveda marchó a Ibi, donde pernoctó. El día 20 de agosto a las ocho de la mañana se presentaron Juan Poveda García, en calidad de presidente del sindicato y abogado, acompañado de Eleuterio Llorca, en calidad de perito: “el Sr. Poveda con exactitud cronométrica se presentó en la casa del Ayuntamiento con el referido ayudante de obras públicas”. Sin embargo, no todos fueron puntuales a la cita por lo que hubo que esperar un poco para el inicio de la prueba testifical. 

Para hacer más amena la espera decidió pasear por la Plaça en un momento en el que los labradores comenzaban a montar sus paradas para la venta de frutas, verduras y hortalizas, puesto que era martes, día de mercado. Seguro que entre ellos se encontraban agricultores de la partida de Montnegre. Quizás alguno de estos labradores lo reconoció: “notó que unos cuantos chiquillos se paraban frente a él siseando y silbando, no dándole importancia; pero más tarde y sin saber cómo íbase engordando el grupo tomando caracteres verdaderamente revolucionarios”.

Debido al cariz que tomaban los acontecimientos rápidamente se refugió en el Ayuntamiento (donde se hallaba el juzgado), pero “los mueras, pedradas y toda clase de verduras y hortalizas, llovían sin cesar contra la mencionada casa Juzgado”. Según Poveda los amotinados gozaron de tal libertad debido a la inexistencia de fuerzas de orden público: “En el pueblo no había guardias municipales, ni Guardia Civil”. El presidente del Gobierno reconocería posteriormente en su intervención en el Senado, que la Guardia Civil de Xixona no se encontraba en la población:”porque en aquellos días hubo necesidad de reconcentrarla en Alcoy, con motivo de una huelga obrera, y no podía presumirse que ocurrieran los sucesos de aquel pueblo”.

Dado que el motín no cesaba, el Juan Poveda intentó salir a la calle a calmar los ánimos, sin embargo fue el juez de instrucción, D. Francisco Aynat quien lo hizo e intentó apaciguar a la turba prometiéndoles que “sus aspiraciones quedarían satisfechas al momento”, es decir que el senador autorizaría la apertura de la paleta del pantano dando agua a los regantes de Montnegre. Ya no era el momento de promesas y los exaltados decidieron dar un paso más y entrar en el Ayuntamiento donde “lograron alcanzar al señor Poveda y apalearlo y herirle despiadadamente”, a pesar de que intervinieron en su defensa el juez de instrucción, el médico José Fernández y el industrial Rafael Soler, que se hallaban en el interior de las dependencias municipales.

Tras este primer incidente se procedió a curar al agredido y se pensó que la mejor solución para calmar los ánimos era redactar “un bando concediendo a los amotinados la realización de sus deseos para lo cual, se vería con gusto se diera por terminado el conflicto”. El bando se redactó, aunque no fue firmado por Juan Poveda: “él se negó a hacerlo, lo hizo el juez por él”. Dicho comunicado se leyó desde el balcón del Ayuntamiento. Si bien al principio se produjeron algunos aplausos, al final no consiguió contentar a los presentes que continuaron y acentuaron su protesta. “Creídos todos, que había pasado el furor de las gentes, se apercibieron de nuevo de que otra vez acudían con mayor desenfreno y diciendo que el escrito leído no estaba firmado por el señor Poveda y que se había cometido con ellos una falsedad”. La posible solución al problema se había convertido en un nuevo acicate para fomentar el oído y propiciar un nuevo incidente.

Arremetieron de nuevo contra las instalaciones municipales y atraparon a Juan Poveda, aunque en esta ocasión “querían arrojarle por uno de los balcones y gracias al señor juez que lo impidió abrazándose a él, pudo evitarse la realización de tan terrible propósito”.

Ante tan terrible y descomunal susto el señor Poveda se desvaneció “quedó como muerto” y los asaltantes abandonaron el Ayuntamiento, pero se quedaron en la acera increpando e insultando.

En un momento de descuido consiguieron trasladar a Juan Poveda a la farmacia de Pedro López Verdú, situada junto a la casa consistorial. Al darse cuenta los amotinados de esta situación intentaron también tomar el comercio, “no haciéndolo gracias al valor y arrojo del distinguido farmacéutico”. Sus instalaciones se llevaron la peor parte: “los cristales de la farmacia quedaron hechos añicos”.

Por una puerta de la rebotica, que comunicaba con la escalera del edificio, consiguieron subir al primer piso al malherido abogado donde fue asistido médicamente.

Pero, ¿qué había ocurrido con el perito de obras públicas, Eleuterio Llorca? Que había conseguido refugiarse: “permanecía oculto dentro de un armario del archivo del Ayuntamiento”.

Todas estas actuaciones iban encaminadas a ganar tiempo y conseguir que la Guardia Civil regresara a Xixona y a que con la llegada de la hora de la comida y la tarde los manifestantes se dispersaran. Aunque, según La Correspondencia de España, no fue así ya que “A la tarde engrosó el motín por haber llegado a Jijona los regantes de Montnegre”.

Al llegar los ecos de los incidentes a Alicante amigos y partidarios de Juan Poveda marcharon también hacia Jijona: “Varios amigos de Alicante, Muchamiel y San Juan, llegaron en coches particulares”.

Sólo queda plantearnos una pregunta, durante tanto tiempo que duró el motín, ¿qué hicieron las autoridades locales? Parece ser que las fuerzas que tenían se vieron desbordadas para atajar el motín. El Ayuntamiento defendió que los agentes a su cargo eran más bien escasos: “el Ayuntamiento cuenta como dependientes que usan armas con dos guardias municipales y dos serenos”. A ello hay que añadir que los miembros de la Guardia Civil se encontraban en Alcoy  formando parte del dispositivo de seguridad ante la llegada del Gobernador Civil a aquella ciudad.

Aunque la prensa alicantina cargó las tintas acusando de pasividad a las autoridades locales y en especial a su alcalde, La Correspondencia Alicantina decía: “sin que el alcalde apareciese en cumplimiento de su deber, hasta las tres de la tarde” y La Voz de Alicante añadía: “Son generales las censuras a las autoridades de Jijona con excepción del señor Juez de Instrucción, por su pasividad ante el tumulto”. Incluso El Graduador solicitó su cabeza: “Debe ser dimitido y procesado. Esto es lo que cuadra”.

En cambio se alabó la actitud del juez de instrucción, quien ante el cariz que tomaban los acontecimientos telegrafió al gobernador civil de Alicante y demandó auxilio. Posiblemente al no encontrarse el gobernador civil en Alicante si no en Alcoy se comunicó telegráficamente con el ministro de la Gobernación, quien “conversó con el juez de instrucción de Jijona”. El juez le expuso que el alcalde empezó a tomar las medidas oportunas a las tres de la tarde.

Finalmente el ministro de la Gobernación telegrafió al gobernador y le ordenó que “marchase a Jijona con la fuerza necesaria”. Desde Alcoy se desplazaron a Xixona “18 números de caballería y seis de infantería” llegando a las seis de la tarde.

Es cierto que el Gobierno Civil de Alicante a primeras horas de la tarde ya era sabedor de lo ocurrido y se dispuso a tomar las primeras medidas para lo cual  el secretario recibió la ayuda del alcalde de Alicante: “El Alcalde de Alicante [Luís Mauricio Chorro] ha acudido presurosamente al Gobierno Civil para de acuerdo con el Secretario de dicho centro acordar las medidas que se debían tomar para solucionar el conflicto”, en espera de recibir las órdenes del Gobernador destacado en Alcoy.

Con la llegada de las tropas a media tarde finalizó el motín y los jijonencos regresaron a sus hogares, aunque el malestar y la indignación reinaban en sus corazones.

Juan Poveda, a media noche del día siguiente, salió “en carruaje, escoltado por la guardia civil de caballería” llegando a la Villa Marco, finca de su propiedad,  a las seis de la mañana. La Guardia Civil realizó diferentes detenciones: “entre ellos una alta personalidad que ejerce un cargo administrativo, y que no ha sido ajeno a lo que se ha hecho con el Sr. Poveda”. 

El parte de lesiones incluía “tres heridas en el cráneo, al parecer no de gravedad y ambos brazos extremadamente hinchados por efecto de los palos”. 

Antonio Coloma [1974, 66], quitó hierro a los sucesos ya que los calificó como un intento de agresión a Juan Poveda, “que únicamente recibe unos trompazos, antes de refugiarse en el Ayuntamiento”. Fernando Galiana en su libro Anecdotario Jijonenco [1977,1005-6] también expone detalladamente este suceso, aunque le va a servir de marco para narrar una anécdota de Manel, el rata.

4.-LAS PRIMERAS INFORMACIONES EN LA PRENSA

La gestión de la información por parte del Gobierno Civil inicialmente fue más bien opaca y se intentaron ocultar datos a los periodistas.

La noticia de una presunta agresión al senador por Ciudad Real Juan Poveda García ocurrida en Xixona llegó a la redacción de los periódicos alicantinos esa misma tarde. A la ciudad de Alcoy, donde se encontraba el gobernador civil, también viajó rápida y veloz, ya que en el Heraldo de Alcoy se decía que: “Esta tarde, a las cuatro, han circulado por esta ciudad rumores de que en la inmediata villa de Jijona se había alterado el orden público durante la mañana de hoy”. 

Desde Jijona se enviaron sendos telegramas informando de lo sucedido a las redacciones del Diario de Alicante y de La Voz de Alicante, sin embargo la intervención de la autoridad privó a estos medios de comunicación de tan importante fuente: “sin embargo los despachos telegráficos han sido escamoteados por orden de la autoridad”. Ello no fue impedimento para que los periodistas desistieran, si no todo lo contrario, ya que se desplazaron hasta la sede del Gobierno Civil, donde tuvo que atenderles el secretario.

Según el Diario de Alicante del 20 de agosto el secretario del  gobernador civil decía que “se había intentado agredir a D. Juan Poveda sin que la cosa mereciera la importancia que los corresponsales de Diario de Alicante y La Voz de Alicante le dieron”.

Tras visitar el Gobierno Civil los periodistas iniciaron una investigación a corre pluma con la finalidad de publicar la noticia en la edición vespertina. 

En las primeras publicaciones, y a falta de la confirmación oficial, se siguió la línea marcada por el Gobierno Civil de quitar hierro a lo sucedido.

El Diario de Alicante imprimió en sus páginas que  “no hubo tal agresión, sino que todo se redujo a una manifestación de protesta contra el señor Poveda organizada por un alto empleado del Ayuntamiento de Jijona, enemigo político del Senador por Ciudad Real”.

En cambio, en el Heraldo de Alcoy se indicaba que se había producido la agresión “ha sido herido de un garrotazo en la cabeza”, y además calificaba la herida como “de alguna consideración”. 

En La Correspondencia de Alicante se publicó que “dos individuos se lanzaron contra el Sr. Poveda propinándole unos cuantos garrotazos en la cabeza”.

Es decir, las primeras informaciones, al no estar suficientemente corroboradas y contrastadas, crearon un clima de desasosiego entre los lectores. Quizás a ello contribuyeron los titulares publicados por los medios de comunicación: “¿Qué pasa en Jijona? Telegramas secuestrados. ¿D. Juan Poveda agredido? Sin noticias”.

Ante tal lamentable asunto las autoridades gubernativas reaccionaron por un lado quitando importancia al hecho ante los periodistas y por otro enviando a fuerzas de la Guardia Civil de Alcoy para restablecer el orden, en concreto: “el teniente coronel de la benemérita, Sr. Ronda, y fuerzas de la Guardia Civil de infantería y caballería al mando de un oficial”.

Rápidamente al conocerse la noticia aumentó la crispación y el desencanto, aunque desde los periódicos alicantinos se pidió calma y tranquilidad: “no sirva tan indigno y reprobable suceso como estigma que afee el buen nombre de la ciudad de Jijona. Sus nobles hijos no pueden hacerse solidarios del desafuero cometido por unos cuantos desalmados.

Los sensatos de aquella población como nosotros, se conduelen de este suceso y se felicitan de que don Juan Poveda y García no haya sido víctima de unos cuantos fanáticos y se alegran de que su dolencia no revista caracteres de gravedad”.

Instantáneamente se publicaron notas de repudio del atentado.

La Voz de Alicante del día 21 de agosto de 1907 lamentaba lo sucedido de la siguiente forma: “Lamentamos de todas veras lo ocurrido; protestamos enérgicamente de la incalificable agresión de que fue víctima el Sr. Poveda y deseamos sinceramente su pronto y completo restablecimiento”.

En cambio el periódico El Graduador, que tradicionalmente había defendido los intereses del Sindicato de Riegos de la Huerta, cargó contra los jijonencos y denunció sin tapujos la agresión: “Ha sido una agresión con todos los caracteres de la cobardía, enarbolando palos y lanzando piedras, mil contra uno, que había ido al Juzgado de Jijona a cumplir con un sagrado deber, el de poner en claro esas fantásticas reclamaciones que sobre el agua se piden, como si Alicante hubiese perdido todos sus derechos”.

La agresión fue denunciada incluso desde los medios, radicalmente opuestos políticamente a Juan Poveda. El periódico Unión Republicana de Novelda nos dice: “Nosotros enemigos políticos del senador por Ciudad-Real protestamos contra tal hecho más propio de rifeños que de personas cultas”.

No sólo los periódicos y las instituciones públicas denunciaron y lamentaron la agresión, sino que también algunas organizaciones privadas lo hicieron también. El 5 septiembre la Junta Directiva del Centro de Escritores y Artistas expresó su repulsa a lo sucedido en Jijona: “Se consignó en acta el sentimiento de la sociedad por el atropello de que fue víctima en Jijona el Sr. Poveda”. (continuará….)

FUENTE:https://bgarrigos07.wordpress.com/2023/03/25/la-asonada-de-juan-poveda-en-1907-conflictos-por-el-agua-del-rio-montnegre-i/ 

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“Senado. Final de la sesión del 11 de octubre”, ABC, 12 de octubre de 1907.

 “Senado. Viernes 11. Los sucesos de Jijona”, La Correspondencia de España ,12 de octubre de 1907.

“En Jijona”, Diario de Alicante, 12 de noviembre de 1907.

FUENTE: EL CRONISTA

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