EL CABRERO: ¿OFICIO EN PELIGRO?

POR SILVESTRE DE LA CALLE GARCÍA, CRONISTA OFICIAL DE GUIJO DE SANTA BÁRBARA (CÁCERES)  

La cabra es, después del perro, el animal doméstico más antiguo por lo que, el oficio de cabrero es posiblemente el más antiguo de todos los relacionados con el sector agropecuario. Alrededor de 12.000 años llevamos los hombres criando este valioso animal y aunque parezca que todo está en contra para el sector ganadero en general y en particular para el caprino, el oficio de cabrero tiene mucha historia y mucho futuro.

1. INTRODUCCIÓN.

La cabra doméstica desciende de la Capra aegagrus o cabra de bezoar que habita en estado salvaje en las montañas de Asia Menor aunque en su formación intervinieron también otras especies de caprinos salvajes como la Capra falconeri o markjor.

Fue en los Montes Zagros, en el actual Irán, donde se domesticó a las primeras cabras hacia el año 10.000 antes de Cristo.

Posteriormente, las cabras domésticas se extendieron por todo el Viejo Mundo, llegando a la Península Ibérica en el V Milenio antes de Cristo, momento en el que llegaron también las ovejas.

La cabra ha tenido una gran importancia en el mundo y en particular en España donde fue considerada tradicionalmente como la vaca del pobre pues al ser un animal sumamente sobrio, rústico, resistente y fácil de mantener, podía ser criada por la gente más humilde o por aquellas personas que vivían en regiones aisladas e inhóspitas donde era imposible criar otro tipo de ganado.

Actualmente, las cabras siguen teniendo gran importancia dentro del sector agropecuario español, siendo criadas tanto en aquellas regiones inhóspitas donde constituyen uno de los pilares básicos de la economía de numerosas familias que las mantienen en sistemas de explotación similares a los tradicionales aunque con ciertas mejoras así como en áreas agrícolas donde son manejadas de forma intensiva y tecnificada en sistemas similares a los del vacuno lechero.

2. EL CABRERO EN EL PASADO.

Durante siglos, incluso podríamos decir durante milenios, el oficio de cabrero fue muy duro.

Salvo aquellos ganaderos que tenían pequeños rebaños y podían alimentarlos durante el invierno o en épocas de escasez con subproductos agrícolas o con forrajes y cereal producidos y almacenados por ellos mismos, los cabreros debían salir con su ganado al campo todos los días.

Para poder alimentar adecuadamente a las cabras, los cabreros tenían que realizar muchas veces trashumancia o trasterminancia (trashumancia corta) con los rebaños, pasando largas temporadas lejos de los pueblos y viviendo en chozos donde a menudo se trasladaba toda la familia. Naturalmente, los viajes tenían que hacerse a pie o en caballería.

Al no poder suplementar en la mayoría de los casos la alimentación de las cabras unido a la explotación en zonas de pastos pobres y a la ausencia de selección, las producciones de carne y leche eran realmente bajas aunque los cabreros antiguos tenían la gran ventaja de poder comercializar su producción sin o con pocos intermediarios para que llegase al consumidor final, lo que hacía que la explotación fuese más rentable, también debido en gran parte a los menores costes de la vida.

De todo esto, el lector que lo desee encontrará más información en el artículo publicado en este blog y titulado LA VIDA DE LOS CABREROS DE HOY, DE AYER Y DE MAÑANA.

3. EL CABRERO EN LA ACTUALIDAD.

Si el trabajo de cabrero era duro en el pasado, también lo es hoy en día. Algunos problemas han desaparecido en parte mientras que han surgido otros nuevos. Factores como la comercialización de los productos, los elevados costes de producción, las normativas, la excesiva burocracia, la dificultad para encontrar mano de obra…que se unen a factores de épocas pasadas como la complicada accesibilidad a los terrenos de explotación o los ataques de depredadores como el lobo y a la transmisión de enfermedades por parte de la fauna salvaje.

A todo esto habría que sumar factores externos como sequías, temporales, incendios….

– Comercialización de los productos.

Las principales producciones del ganado caprino en España son la leche y la carne pero los cabreros ya no venden directamente leche fresca al consumidor o queso fresco elaborado en la propia explotación ni tampoco cabritos directamente a los carniceros locales o a los consumidores.

La leche debe ser comercializada fresca a la industria para su pasteurización inmediata o para la elaboración de queso, debiendo ser conservada en tanques de refrigeración instalados en la propia explotación, para lo cual se necesita energía eléctrica, o ser llevada rápidamente a la industria para evitar su contaminación. Es por ello recomendable ordeñar a las cabras de manera mecánica para lo cual el ganadero deberá disponer de una sala de ordeño que cumpla unos requisitos higiénicos determinados.

Los cabritos, una vez que han alcanzado el peso adecuado, son vendidos a mataderos autorizados y, si son comprados por un carnicero éste no podrá sacrificarlos en su establecimiento como en épocas pasadas sino que deberá llevarlos a un matadero autorizado.

Lo mismo ocurre con los animales adultos desechados por diversos motivos y aquellos que son desviejados o retirados al final de su vida reproductiva.

Al existir numerosos intermediarios en la cadena desde el origen al consumidor final, el precio aumenta en cada eslabón, pero para que se mantengan dentro de un límite razonable que permita la adquisición del producto al consumidor, el precio en origen debe ser relativamente bajo lo cual perjudica seriamente al ganadero.

Si el ganadero quiere vender  directamente la leche o el queso elaborado con la leche de sus propias cabras, deberá tener una industria láctea o quesería que reúna todos los requisitos pertinentes.

Esto permite al ganadero tener un mayor margen de beneficio pero requiere una gran inversión inicial que, si todo va bien, puede amortizarse en unos años aunque pueden surgir contratiempos.

Algo similar ocurre en el caso de la carne pues, si el ganadero desea comercializar la carne de sus cabritos y/o cabras o productos elaborados con la misma, deberá sacrificar los animales en un matadero autorizado y transformar la carne en una industria que cumpla los requisitos pertinentes.

Lo dicho al hablar de la venta de leche y/o queso y otros derivados lácteos, sirve para la venta de carne y embutidos de caprino. Se necesita una elevada inversión inicial para poner en marcha el que será un negocio incierto.

– Elevados costes de producción.

Hoy en día, el ganado caprino no depende exclusivamente para su alimentación de lo que encuentra en el campo pues muchas cabras ni siquiera salen a pastar aunque para los rebaños manejados de forma extensiva, la alimentación en pastoreo tiene una importancia fundamental.

Actualmente, en momentos de grandes necesidades productivas o cuando escasean los recursos naturales así como en el caso del ganado manejado en estabulación permanente, las cabras son alimentadas con piensos, forrajes y subproductos agrícolas.Esto permite a los cabreros no tener que salir al campo todos los días soportando las inclemencias meteorológicas que también perjudican grandemente al ganado caprino ya que estos animales, aunque muy resistentes y rústicos, soportan muy bien el frío y el calor pero no la lluvia y la nieve especialmente en el caso del ganado lechero, cuya producción disminuye ostensiblemente.

Pero es muy complicado producir en la explotación todo el alimento complementario que necesitan las cabras por lo que los cabreros deben adquirirlo fuera de la explotación a veces precios realmente altos en función de las cosechas de cereales, forrajeras y oleaginosas que, en muchas ocasiones son importados del extranjero por lo que el precio se encarece aún más y la disponibilidad de tales productos puede verse afectada por diversos problemas y conflictos bélicos como ha ocurrido en los últimos tiempos.

La alimentación del ganado es uno de los principales costes de producción en una explotación pero también lo son la electricidad, el agua, el teléfono, los carburantes…así como las obras y mejoras de instalaciones que deban realizarse para el correcto funcionamiento de la explotación tanto de manera habitual como ante eventualidades que pueden surgir.

Sabemos bien que el precio de estos servicios han aumentado ostensiblemente en los últimos años.

– Normativas y burocracia.

Ya han quedado someramente reflejadas las normativas a la hora de comercializar los productos obtenidos de las cabras pero lo principal para poder criar cabras en tenerlas debidamente registradas y saneadas cosas que, en épocas pasadas no se hacían.

Cada ganadero debe contar con un código de explotación para lo cual es necesario cumplir una serie de requisitos.

Cada animal deberá tener un número identificativo concreto que, además de aparecer en la documentación figurará en los crotales termoplásticos que el animal llevará en las orejas desde el momento en el que sea registrado y hasta su muerte o sacrificio.

Las cabras deberán seguir una serie de rigurosos controles veterinarios cumpliendo las campañas obligatorias de saneamiento y vacunaciones para garantizar en todo momento su buen estado sanitario.

Aquellos animales que resulten positivos en un saneamiento, deberán ser eliminados y en ocasiones todo el rebaño será sacrificado o inmovilizado hasta que desaparezcan los problemas sanitarios.

Los animales podrán mantenerse y pastar en una determinada parcela pero cuando sean trasladados a pie o en camión a parcelas de otros municipios diferentes, deberán ser saneadas para que el ganadero reciba la guía de traslado.

Naturalmente, los saneamientos y vacunaciones deben ser realizados por personal cualificado en la propia explotación pero los trámites burocráticos podrá realizarlos el propio cabrero telemáticamente, aunque en ocasiones tendrá que trasladarse a la Oficina Veterinaria o a la Oficina Comarcal Agraria más cercana.

Estos trámites, cada vez más engorrosos, son relativamente sencillos para los ganaderos jóvenes pero para los más mayores son un tanto complicados.

– Dificultad para encontrar mano de obra.

Siempre se ha definido al caprino como un ganado «muy esclavo» puesto que los cabreros pasaban toda su vida pendientes del ganado. Pese a los cambios acaecidos en los últimos años, el ganado caprino necesita muchas atenciones especialmente en el caso de las cabras lecheras.

Aunque gran parte de las explotaciones disponen de sistemas mecánicos para el ordeño y de maquinaria para distribuir la comida y limpiar las naves y corrales, es necesaria la presencia del ganadero para realizar tales tareas y lo mismo ocurre cuando el ganado pastorea en áreas abiertas o zonas conflictivas donde el ganado puede invadir otras parcelas o carreteras.

Para controlar al ganado pueden utilizarse dispositivos con tecnología GPS que permitan controlar al ganado si el cabrero tiene que ausentarse para realizar cualquier gestión pero tales dispositivos no protegen a las cabras de peligros ni consiguen conducirlas para que realicen un buen careo o recorrido.

Pueden utilizarse tecnologías más sofisticadas aún como el llamado «vallado virtual», collar que produce pulsos eléctricos y pequeñas descargas cuando las cabras traspasan los límites establecidos por el ganadero pero no siempre son efectivos.

En fincas cercadas, las cabras pueden permanecer solas aunque pueden escaparse con relativa facilidad.

En ciertos momentos como la paridera de las cabras, el cabrero deberá estar presente por si surge cualquier complicación en el parto siendo necesario tener conocimientos suficientes para ayudar a la cabra sin necesidad de tener que llamar al veterinario salvo que el parto requiera la realización de una cesárea.

Realmente, el cabrero debe tener conocimientos veterinarios para curar a las cabras cualquier herida que puedan hacerse durante el pastoreo o en la propia explotación.

Como puede verse, el cabrero tiene poco descanso por lo que en ocasiones, si el rebaño es muy numeroso o en épocas de mucha actividad (paridera, crianza de los cabritos, alta producción de leche…) necesitará ayuda extra, siendo necesario contratar personal asalariado fijo o eventual, algo verdaderamente difícil.

Por un lado está la consideración social negativa del oficio de cabrero y por otro la dureza del trabajo así como el cambiante horario pues el ganado, como dicen los viejos cabreros, no entiende de reloj ni calendario.

Además, los trabajadores deben tener una serie de conocimientos básicos como ya hemos visto. Tareas como el ordeño, la alimentación o la limpieza son fácilmente realizadas por cualquier persona pero el pastoreo, la paridera o la cría de los cabritos requieren la presencia de gente experimentada.

– Accesibilidad.

Tradicionalmente, las majadas de cabras se situaban en zonas donde otros ganados difícilmente podían desenvolverse. Generalmente eran áreas de alta montaña a las que hasta hace muy pocos años sólo se podía acceder a pie o con caballerías.

Hoy en día, a la mayoría de las majadas se puede acceder por carreteras o pistas forestales aunque estas no siempre están en el mejor estado posible dado que no se considera que sean vías de comunicación prioritarias.

– Ataques de depredadores y transmisión de enfermedades.

Estos dos grandes problemas han afectado a los ganaderos de todos los tiempos y son difícilmente solucionables.

El principal depredador de las cabras es el lobo ibérico aunque también animales como el zorro, el meloncillo, la garduña…así como diversas rapaces pueden causar bajas entre los cabritos.

Durante milenios, los cabreros han convivido con lobos y osos, defendiendo al ganado del ataque de estos animales, realizando también acciones de caza controlada para mantener las poblaciones dentro de límites que permitiesen la compaginación de vida silvestre y ganadería.

Sin embargo, hoy los lobos están protegidos y se están extendiendo rápidamente por toda España aumentando los ataques al ganado.

La solución para que esto no ocurra es continuar realizando caza controlada, pagando indemnizaciones a los ganaderos y dándoles ayudas para adquirir mastines que protejan a las cabras de los ataques.

Otro problema relacionado con otras especies salvajes como ciervos, corzos, gamos, jabalíes, tejones…. es la transmisión de enfermedades en los pastaderos y abrevaderos que comparten por lo que también deben realizarse controles sanitarios de la fauna salvaje y cercar terrenos de pastoreo para que el ganado y los animales silvestres tengan el menor contacto posible.

Factores externos.

Una serie de factores externos relacionados con las inclemencias meteorológicos (sequías prolongadas, lluvias intensas, grandes nevadas, inundaciones, incendios, cambios de uso del suelo, invasión de vías pecuarias…pueden comprometer seriamente la explotación del ganado caprino.

4. CABREROS DE HOY EN DÍA.

Pero si los cabreros tienen tantísimos problemas hoy en día ¿Cómo puede ser que siga habiendo cabras y cabreros hoy en día?

Pues por varias y sencillas razones.

En primer lugar, porque las cabras fueron, son y sin serán la única especie ganadera que podrá criarse o por lo menos la más rentable sin tener que recurrir al excesivo suministro de alimentos de fuera de la explotación.

En segundo lugar porque, tanto explotadas de forma intensiva como sobre todo extensiva, las cabras proporcionan leche y carne de calidad excepcionales que pueden consumirse directamente o ser transformadas en diversos productos.

Y en último lugar, pero no por ello menos importante, porque hay muchos ganaderos que están dispuestos a seguir luchando para proteger y conservar a las cabras y que en nuestra mesa no falte nunca la leche, el queso, la carne, los embutidos, la cecina…obtenidos a partir de estos nobles animales.

De estos ganaderos hablaremos a continuación.

– Alejandro Torralvo Gutiérrez.

Alejandro es un joven cabrero de la localidad cacereña de Guijo de Santa Bárbara donde, junto a su tío Ángel Torralvo Sánchez, es propietario de una explotación formada por 300 cabras y alrededor de 200 vacas, encargándose Alejandro del cuidado de las cabras.

Alejandro ha heredado este oficio milenario de su padre Florián y de su abuelo Primitivo Torralvo García (1927-2020) uno de los cabreros más famosos del norte de Extremadura.

Conjugando la sabiduría tradicional con la tecnología actual (ordeñadora, tractor, GPS) Alejandro mantiene con gran ilusión su rebaño de 300 cabras estando además inmerso de lleno en la recuperación y promoción de la cabra Verata, autóctona de la zona.

Alejandro dice que las cabras dan mucho trabajo pero que si uno hace lo que le gusta, disfruta con ello y no es un trabajo duro. Lo importante para él es tener ilusión con lo que uno hace.

– Isidro Pérez Jiménez.

Isidro, cabrero de los de toda la vida, es también de Guijo de Santa Bárbara pero reside en Talayuela (Cáceres) desde hace más 40 años.

Sus padres y abuelos eran cabreros y él ha seguido con el oficio pese a dedicarse también a otras actividades económicas.

Actualmente, Isidro tiene una piara de unas 150 cabras que cuida con gran esmero y gran ilusión pues para él representan algo más que una actividad económica al ser parte de sus raíces familiares.

– Dionisio Prieto Cuarto.

Dionisio es un cabrero que siente una gran pasión con su oficio, Residente en Casas de Millán (Cáceres), mantiene un rebaño de unas 250 cabezas en fincas de la citada localidad y de la vecina Serradilla.

Mantiene sus cabras en sistema extensivo, complementando su alimentación con pienso cuando es necesario para mantener elevada la producción de leche.

Sus cabras pastan en idílicos paisajes de dehesa y serranía. En las dehesas podrían pastar otros animales pero en las agrestes sierras, son las cabras las únicas que pueden aprovechar los recursos.

Dionisio, como muchos cabreros tiene que realizar todas las tareas solo. Por suerte, dispone de ordeñadora pero las largas jornadas de pastoreo se hacen a veces eternas y aburridas. Cuenta en esas ocasiones con una ayudante muy especial: María Esteban.

María es una niña de 12 años que vive en Serradilla (Cáceres) aunque desciende la localidad también cacereña de Jerte, pueblo de cabreros por excelencia.

Desde pequeñita acompaña muchas veces a Dionisio con las cabras.

A María le encantan las cabras y pese a su juventud, es asidua lectora de EL CUADERNO DE SILVESTRE, teniendo muy clara una cosa: cuando sea mayor quiere ser CABRERA.

 Gonzalo Lorenzo Gómez.

Gonzalo es un ganadero de la localidad cacereña de Acehúche, famosa por sus exquisitos quesos de cabra y por la fiesta de interés turístico nacional de Las Carantoñas en la que Gonzalo tiene mucho que ver.

Mantiene un rebaño de 300 ovejas además de tener una treintena de vacas y 45 cabras.

Gonzalo, que es miembro de la importante familia ganadera de LOS TROCHAS, lucha por mantener la cultura tradicional y la ganadería forma parte del patrimonio de Acehúche y de su propia familia por lo que estos animales suponen mucho para él.

– Alexis Ávila Pulido y Carolina Martín Fuentes.

Siempre hubo pequeños rebaños de cabras, a menudo integrados por 1-2 cabras, mantenidos por ganaderos de ovino y bovino o por agricultores como actividad complementaria y para abastecerse de leche para el consumo familiar. Este es el caso de Alexis, ganadero de Almoharín pero residente en Montehermoso (Cáceres) de donde es su novia Carolina.

Alexis y Carolina trabajan en otras actividades, siendo él además estudiante, pero tienen una ganadería integrada por unas 40 ovejas de raza Fleiscschaf, dos vacas, 7 cabras y algunas gallinas.

Cada mañana, toca ordeñar a las cabras para cubrir las necesidades familiares de leche fresca.

– David Mahillo González.

Trabajador por cuenta ajena y ayudando a su padre con el manejo de las vacas de la ganadería familiar, David es también cabrero siendo propietario de 6 cabezas (5 cabras y un macho) a los que cuida con gran ilusión en la localidad de Casar de Cáceres.

El ganado de David pasta en las cercanías de la nave pero siempre que es necesario, su alimentación se complementa con pienso.

Mantener un rebaño tan pequeño es, como nos dice David, muy complicado debido al bajo precio de los cabritos y al elevado precio que tiene actualmente el pienso.

– Jesús Carreras Delgado.

En Candeleda (Ávila), cuna de numerosísimos cabreros al ser un pueblo donde en tiempos pasados se concentraban más de 50.000 cabras, y concretamente en el anejo de El Raso tiene su ganado Jesús Carreras Delgado, propietario de unas 700 «borras» (ovejas) y unas 200 cabras Veratas.

Tanto las borras como las excelentes cabras Veratas de Jesús, aunque manejadas en piaras o rebaños independientes, pastan en la vertiente sur de la Sierra de Gredos en las mismas faldas del Pico Almanzor (2592 metros de altitud).

Jesús es hijo y nieto de ganaderos por lo que conoce perfectamente este oficio que, en su opinión, sigue siendo muy duro como en tiempos pasados pero que ha mejorado en muchos aspectos.

Considera también que hay que animar a los jóvenes y darles las ayudas necesarias para que sigan con el oficio porque tal y como está la situación es difícil que un joven se establezca con cabras desde cero.

– Fidel García Blázquez.

Guisando fue también un pueblo destacado por la cría de cabras de raza Guisandesa o Guisandera, no reconocida oficialmente y en grave peligro de extinción. Las repoblaciones de pinos llevadas a cabo en los siglos XIX y XX obligaron a muchos cabreros a emigrar a otras zonas con sus cabras pero algunos se quedaron. Hoy en día, uno de los pocos cabreros que quedan en este pueblo es Fidel García Blázquez que mantiene un rebaño de unas 200 cabras de raza Guisandera.

Fidel maneja su rebaño de forma extensiva y hasta hace unos años fue uno de los últimos cabreros en trasladar su piara a la parte alta de la sierra donde su madre, la tía Benigna, elaboraba un exquisito queso de cabra en el chozo como se había hecho siempre.

– Jesús y Felicitación Marina Jiménez.

Ganaderos ya jubilados que siempre tuvieron vacas trashumantes y un pequeño rebaño de cabras.

Actualmente mantienen varias burras y yeguas y un rebañito de unas 15 cabras que les sirven de distracción y para abastecerse de leche.

– Óscar Martín Martín y Magdalena Vegazo Mayoral.

Matrimonio residente en la histórica villa de El Barco de Ávila, aunque ella es natural de Navalonguilla (Ávila).

Óscar es carpintero pero tienen un rebaño de unas 25 cabras que son uno de los mayores tesoros para la familia.

Al ser un rebaño muy pequeño, el ordeño se realiza a mano pero con la particularidad de contar con una sala de ordeño enteramente realizada de madera por Óscar.

Durante el día, las cabras pastan en praderas situadas junto a la nave en la que duermen, custodiadas siempre por magníficos mastines. Su alimentación se complementa siempre que es necesario.

– Jonatan Rodríguez Seara.

Jonatan lleva años dedicado a la ganadería caprina. Con gran ilusión, llegó a reunir en la localidad abulense de Muñogalindo un magnífico rebaño de 700 Cabras del Guadarrama.

La dura situación que atraviesa el sector caprino y que ha quedado explicada de sobra más arriba, obligó a Jonatan a vender poco a poco partidas de cabras para poder hacer frente a los gastos de la explotación y actualmente mantiene unas 210 cabras cuyo cuidado compagina con otro trabajo fuera de la explotación.

Jonatan es un gran colaborador de este blog y en varios artículos ha sido el protagonista de no pocos artículos donde se ha explicado la problemática del sector ganadero en general y del caprino en particular (VER ENLACES AL FINAL).

Sin embargo, ahora uno de los mayores problemas que él considera es la ausencia de mano de obra cualificada para ejercer el oficio de cabrero haciendo muy difícil el compaginar la ganadería con otras actividades económicas.

– Esperanza de la Cruz Caselles.

Esperanza de la Cruz Caselles es una gran ganadera dedicada a la cría de vacuno de raza Avileña Negra Ibérica en la localidad abulense de Pascualcobo, aunque hasta el año 2022 se dedicó también a la cría de cabras del Guadarrama, llegando a tener unas 700 cabezas.

En esta explotación se realizaban dos ordeños, al principio de forma manual y posteriormente con ordeñadora, realizando además control lechero.

Los cabritos eran criados con nodriza.

Actualmente, Esperanza se dedica de lleno al ganado vacuno manteniendo entre sus animales excelentes ejemplares de raza Avileña-Negra Ibérica de la variedad Bociblanca.

Sin embargo, no ha dejado de ser cabrera y mantiene una docena de cabras para el consumo familiar.

-Adrián López Navarro.

Podría pensarse que en Cantabria no hay cabras pero en Valderredible vive Adrián López Navarro, cabrero joven y entusiasta que mantiene unas 250 cabras de aptitud cárnica.

Después de marchar del pueblo cuando apenas tenía 3 años y vivir en Bilbao y en Burgos, Adrián decidió volver a su tierra y dedicarse a la cría de cabras manteniendo cabras Alpinas y cruzadas adaptadas al terreno.

Sin embargo, Adrián ha decidido embarcarse ahora en un gran proyecto y dedicarse poco a poco a la cría de una singular raza caprina autóctona de Cantabria pero aún no reconocida oficialmente: la Cabra del Asón.

José Ortiz Pérez.

Ganadero de la localidad de Entrambasaguas. Aunque se dedica fundamentalmente a la cría de ganado bovino de raza Asturiana de los Valles, mantiene un pequeño rebaño de cabras de aptitud cárnica de impresionante morfología y gran belleza.

Adrián Sánchez Erice.

Jovencísimo cabrero de Molleda (Cantabria) que, a sus 13 años se hace cargo de 14 cabras de raza Matrina, autóctona de los Picos de Europa aunque no reconocida oficialmente

Cuando hace buen tiempo, Adrián saca a sus cabras para que pasten en el monte estando muy pendiente de ellas. Si están sueltas, lleva un poco de pan para atraerlas y asegurarse que están en buen estado.

En invierno, Adrián mantiene a las cabras encerradas en la cuadra donde las alimenta con hierba seca. Precisamente en esta época tiene lugar la paridera, con el fin de que los cabritos se críen sin peligro de ser atacados por los depredadores.

Pese a su edad, Adrián podría mantener sin problemas un rebaño mucho más numeroso, pero los continuos ataques del lobo en la zona, le impiden hacerlo.

Aunque no necesita ayuda para el manejo diario del rebaño, siempre cuenta con el apoyo de su hermano José Sánchez Erice, ganadero que mantiene unas excelentes vacas de raza Parda de Montaña o Ratina.

– Ibai y Enara Menoyo Aguirre.

Jóvenes hermanos de la localidad de Arrigorriaga (Bizkaia) propietarios de un rebaño de unas 40 cabras de raza Azpigorri en la localidad de Zaratamo.

Son de sobra conocidos por los lectores habituales de EL CUADERNO DE SILVESTRE, como también lo son Udane y Oinatz, hijos de Ibai, y Elaila, hija de Enara.

Aunque ambos trabajan fuera de la explotación, en su tiempo libre Ibai y Enara se hacen cargo indistintamente de todas las tareas de la explotación.

Durante la mayor parte del año, las cabras pastan en parcelas cercadas y su alimentación se complementa con pienso y forrajes aunque esto supone un gasto enorme para una explotación tan pequeña y dedicada exclusivamente a la producción de cabritos para carne como nos cuenta el mismo Ibai, por lo que siempre que se puede, se procura la autosuficiencia alimentaria sacando a las cabras a pastar al monte.

En verano el ganado permanece suelto en el monte aunque esto supone un peligro por los ataques de perros asilvestrados por lo que estos ganaderos deben vigilar al ganado casi a diario.

Además de todos los problemas ya citados, Ibai opina que una de las cosas más complicadas es combinar la vida del cabrero con la vida laboral y sobre todo familiar, por lo que siempre que es posible procura que sus niños vayan con él al campo.

– David de Blas.

David de Blas es un cabrero muy especial. Su explotación se encuentra en Dima (Bizkaia) y, como no podía ser de otra forma, se dedica a la cría de ganado caprino de raza Azpigorri manteniendo actualmente unas 80 cabezas.

La particularidad de David, que maneja a sus cabras en sistema extensivo, es que no comercializa cabritos dado el bajo precio que percibe el ganadero sino que elabora chorizos de cabra con destino a tiendas gourmet y restaurantes.

– Joritz Arbaiza Amundarain.

Jovencísimo cabrero de la localidad de Orozko (Bizkaia), Joritz Arbaiza Amundarain nació en el seno de una importantísima familia ganadera pues su madre es Leire Amundarain Ganadutegia, criadora de excelentes vacas de raza Pirenaica.

Joritz mantiene actualmente unas 30 cabezas de inmejorable ganado caprino de raza Azpigorri. Esta ganadería ha sido galardonada con no pocos premios en los últimos años.

Conchita Lucas Expósito.

Conchita Lucas Expósito es una de los principales colaboradoras de EL CUADERNO DE SILVESTRE y paisana del autor puesto que es extremeña y nacida en la bellísima localidad de Guadalupe. Reside en la localidad oscense de Angües donde, entre otras muchas cosas es cabrera.

Mujer luchadora y muy trabajadora, pendiente siempre de sus hijos, nietos y bisnietos, es una gran apasionada de los animales y especialmente de las cabras, manteniendo actualmente 4 cabras entre las que se encuentra la vieja Paloma, de más de 13 años y que ya ni pare ni da leche pero que sigue y seguirá en casa de Conchita hasta el final, lo que dice mucho de esta gran ganadera.

Juan José  y Valentina Calvente Cózar. 

Estos hermanos de Gaucín (Málaga) son propietarios de un numeroso rebaño de 650 cabras de raza Payoya, famosa por la calidad de su leche. Además tienen 300 ovejas, 50 vacas y ceban una buena piara de cerdos Ibéricos.

Las cabras pastan en zonas de montaña donde otros animales difícilmente pueden hacerlo, complementando su alimentación con pienso dado durante el ordeño que, naturalmente, se realiza de forma mecánica.

Durante el pastoreo son cuidadas por el cabrero Antonio Prieto Carrasco.

5. CONCLUSIONES.

Como podemos ver, aunque muchos digan que el oficio de cabrero está en peligro, hay muchos cabreros y cabreras dispuestos a luchar y seguir adelante con las cabras, desde jóvenes como Adrián Sánchez Erice, Adrián López Navarro o Alexis Ávila Pulido a mayores que como Conchita Lucas Expósito o Jesús y Felicitación Marina Jiménez siguen manteniendo sus cabras como hicieron sus padres y abuelos, pasando por padres de familia como Gonzalo Lorenzo Gómez, Jonatan Rodríguez Seara, Ibai y Enara Menoyo…que están sacando a sus hijos adelante gracias a las cabras.

6. AGRADECIMIENTO.

A todos los cabreros y cabreras que han colaborado desinteresadamente en la realización de este artículo y a los fotógrafos Alonso de la Calle Hidalgo y Miguel Alba Vegas cuyas fotografías forman parte importantísima del archivo del blog.

7. DEDICATORIA.

Quiero que este artículo sirva de sencillo pero sincero homenaje a todos los cabreros que han participado en su realización.

Pero quiero que sea un homenaje para SARA MARTÍN VEGAZO, joven cabrera hija de Óscar y Magdalena, que en estos momentos se encuentra hospitalizada por una grave enfermedad. No me cabe duda que pronto volveremos a verla sonriendo en El Barco de Ávila con sus cabras.

¡ÁNIMO, SARA!

FUENTE: https://elcuadernodesilvestre.blogspot.com/

 

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