ADIÓS A LA LIBRERÍA DECANA DE OVIEDO • OJANGUREN, ABIERTA DESDE 1856, CERRARÁ SUS PUERTAS EN SEPTIEMBRE

«ME LO TEMÍA. LLEVABA MESES, SI NO AÑOS, LUCHANDO POR MANTENERSE. SALIÓ HASTA EN ALGUNA PELÍCULA, ALLÍ HABÍA DE TODO. YA NO NOS QUEDA NADA EN ESTA CIUDAD», LAMENTÓ LA CRONISTA DE LA CIUDAD, CARMEN RUIZ-TILVE

Julio Rojo del Castillo, en la librería Ojanguren. / ALEX PIÑA

Ojanguren, la decana de las librerías ovetenses, situada en la plaza del Riego echará la persiana en septiembre. Así lo confirmó ayer su actual propietario, Julio Rojo del Castillo. No quiso entrar en detalles sobre la causa del cierre, alegando que «se puede imaginar». Todo apunta a que la veterana compañía, que cuenta con nueve empleados, no ha logrado superar la crisis económica.

«Consternación» era lo que sentían ayer los clientes del establecimiento, entre los cuales la funesta nueva corrió como la pólvora, así como el pesar por la suerte que correrán los trabajadores. «Me lo temía. Llevaba meses, si no años, luchando por mantenerse. Salió hasta en alguna película, allí había de todo. Ya no nos queda nada en esta ciudad», lamentó la cronista de la ciudad, Carmen Ruiz-Tilve.

También se apenaron por la novedad compañeros de profesión. «Es una pena para la ciudad que cierre esta librería con tanta tradición. Aparte de su función comercial, era un punto cultural», afirmó el presidente de la Asociación de Libreros de Oviedo, Leonardo Prado. «Para mí es un disgusto importante, son amigos. Una empresa de calibre cae, a nosotros que estamos a cuatro años del centenario nos preocupa. Las cosas no van mejor pese a lo que dicen los gobernantes», aseguró la propietaria de la Librería Cervantes, Conchita Quirós.

En opinión del concejal de Cultura, Roberto Sánchez Ramos, «se pierde un referente cultural para muchas generaciones en la ciudad, donde muchos hemos comprado libros durante muchos años. Conocía a muchos de sus trabajadores. Es triste para Oviedo».

Ojanguren fue fundada en 1856 por Juan Martínez, que le puso su nombre, junto a Cándido Lueso, en lo que hoy es la plaza de la Constitución y entonces se llamaba Mayor. Antes de llegar a su ubicación actual pasó por Cimadevilla y Altamirano. A Juan lo sucedió su hijo Cipriano, quien en 1936 no renueva el alquiler, haciéndose con ella Bernardino Maside para su mujer, Enedina Fernández Ojanguren. Esta era la tía de Julio Rojo Fernández, padre del actual regente del comercio.

La librería fue rehabilitada en 1973 con otro local en la misma plaza, que después cerró. Solo queda el establecimiento junto a los restos de la vieja muralla, con sus tres pisos, sus cientos de títulos y sus miles de recuerdos.

Insignes clientes

Ojanguren se había labrado a lo largo de los años un enorme prestigio en toda la ciudad. Contó con clientes tan ilustres como Leopoldo Alas, ‘Clarín’, que cobraba allí sus colaboraciones en las revistas pequeñas. Próxima a la histórica Facultad de Derecho, en la librería paraban y hacían tertulia también Fermín Canella, Félix Aramburu, Adolfo Posada o Melquíades Álvarez. Más recientemente, Rojo Fernández supo convertir la librería en lugar de culto y de cultura, al que muchos acudían en busca de lecturas humanísticas o libros de texto universitarios.

A pesar de todo, Rojo dejaba ayer abierta la puerta a una posibilidad que se antoja remota: «Si viene alguien y evita este desastre…».

Fuente: http://www.elcomercio.es/ – E. Vélez / D. Lumbreras

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