POR ANTONIO BOTÍAS SAUS, CRONISTA OFICIAL DE MURCIA

El buen sacristán Eduardo Gassó sintió, como cada mañana del crudo invierno, algo de frío al cruzar las naves de la Catedral. Era normal. Aquella mañana del 8 de enero de 1977 había amanecido un tanto desapacible. Pero Eduardo Gassó ni imaginaba qué se siente cuando el alma se te hiela. En unos segundos lo descubriría. Porque eso le sucedió después de alcanzar la sacristía y comprobar que habían forzado la puerta. Ya entonces el corazón le dio un vuelco. Hasta que casi se le sale por la boca al descubrir que el museo, el que contenía el fabuloso joyero de la Fuensanta, había sido asaltado. Acababa de producirse el robo del siglo. Pero, ¿quién o quiénes lo perpetraron?
Las investigaciones policiales se pusieron en marcha bajo la supervisión del entonces comisario Maximino Conesa. Y lo mismo hizo ‘La Verdad’, que relató a sus lectores en la edición del día 9 lo sucedido. Abría su portada con un enorme titular que rezaba: «Gran indignación y conmoción». Al parecer, dos individuos entraron en la Catedral de madrugada por la puerta de la Torre, conocida como la del Pozo. Desde las primeras rampas de subida y a través de un ventanuco pasaron al interior del templo, a la bóveda de la capilla de los Vélez, que esos días estaba siendo restaurada.
Desde lo alto de la capilla, según la versión policial, se descolgaron al suelo. Es muy posible que utilizaran una escalera de caracol de piedra, de la que pocos conocían su existencia. Entonces reventaron la puerta de la sacristía y se apoderaron de las llaves del museo.
Fuente: http://www.laverdad.es/