POR HERMINIO RAMOS, CRONISTA OFICIAL DE ZAMORA
Recibí ayer una gran alegría cuando en la página quince de nuestro diario se informa sobre la celebración de Santa Marina en Barcial y su actual párroco manifiesta en sus declaraciones la idea de restaurar el retablo mayor con las ocho tablas del retablo que en un mal día se desmontó y otro día aún peor fueron robadas seis de las mejores, incluidas las dos que se encontraban incrustadas en los muros laterales del presbiterio, al lado de la epístola y del evangelio según la antigua liturgia y que fueron arrancadas por ser las mejor conservadas. Junto a las seis tablas, los autores se llevaron todas las tallas del conjunto del Sagrario y Expositor, un magnífico conjunto barroco. Esto ocurrió en aquellos años en los que Erik «el Belga» asaltó la Colegiata de Toro.
Sin temor a la exageración, se puede asegurar que estos episodios de Toro y Barcial cierran dos décadas de verdaderos atropellos en este sentido, y es en este momento cuando se comienzan a tomar medidas en defensa del inmenso patrimonio que se guarda en nuestras iglesias.
Cuando pasen los años las tablas robadas aparecerán bien en colecciones privadas o públicas, como ha ocurrido en varias ocasiones, apareciendo o localizándose en subastas u otras circunstancias.
La noticia de la restauración y el proyecto de devolver las tablas a su lugar con la dignidad que se merecen como retablo mayor de la iglesia debe constituir todo un reto tanto para Barcial como para las instituciones que, sin duda, estarán al quite en su momento, ya que no es fácil ni muy corriente ocasiones como esta de devolver a una localidad de nuestra provincia un testimonio histórico y a la vez espiritual dada esa categoría y esto sin dejar atrás que en estos casos o semejantes siempre hay sombras y a veces malos entendidos pero que en este caso por la propia responsabilidad de todos, todos a una como dice el refrán, se debe rematar el intento sin demora y sin pereza y en la próxima Santa Marina se pueda ofrecer a la santa el retablo como una bella y a la vez sincera ofrenda de como un pueblo cuando se lo propone es capaz de llevar a cabo.
Dentro del conjunto barroco que la iglesia nos ofrece ese detalle de las tablas renacentistas dará testimonio claro de la vida y de la historia de la iglesia, no siempre respetada, como fiel depositaria del noventa por ciento de nuestro patrimonio histórico artístico. Deseamos un feliz éxito a tan noble intento.
Fuente: http://www.laopiniondezamora.es/
