EL OBISPO DE EQUINO

POR ANTONIO LUIS GALIANO, CRONISTA OFICIAL DE ORIHUELA

Vestuario del padre Francisco en la iglesia del convento de Massamagrell.

Vestuario del padre Francisco en la iglesia del convento de Massamagrell.

Es posible que en el momento actual en que se pasa de todo o de muchas cosas, una noticia referente a la declaración como Venerable de una persona quede desapercibida. Sin embargo, para Orihuela debe ser motivo de satisfacción que uno de sus hijos, el capuchino Francisco Simón Ródenas, nacido en La Aparecida, fuesen reconocidas el día 3 de abril por el Papa Francisco, sus virtudes heroicas, aceptando los votos de la Congregación de las Causas de los Santos, aprobando y ordenando que se hiciera público el decreto correspondiente.

El padre Francisco nació el 30 de septiembre de 1850 y falleció en el convento capuchino de Santa María Magdalena de Massamagrell (Valencia) el 22 de agosto de 1914. Tras su paso por el seminario oriolano y ser ordenado sacerdote por el obispo Pedro María Cubero López de Padilla en la iglesia de Santa Lucía de las religiosas dominicas, e ingresar en el monasterio cisterciense reformado en la abadía de Nuestra Señora de Divielle, en Monftfort-en-Chalosse (Francia), al regresar a España en 1880 se incorporó a la orden de los capuchinos. A partir de ese momento y vinculados a diversos conventos ejerce como predicador, maestro de novicios y vicario de la comunidad. En 1891 fue destinado a Colombia como misionero, siendo rector del seminario de Santa Marta, dedicándose plenamente a la evangelización de los indígenas. Fue superior en el Centro Misional de La Sierrita y de Guamachal, y párroco de Barranquilla. Tras una estancia en España, regresa a Colombia desempeñando el cargo de custodio en la misión de Goajira y director del seminario diocesano. El 30 de julio de 1904 fue preconizado obispo de Santa Marta por Pío X, tomando posesión de la Diócesis el 6 de noviembre de dicho año. A partir de entonces, su labor pastoral se intensifica, hasta que su físicamente se ve debilitado, viéndose obligado a regresar a su patria el 10 de septiembre de 1912, presentando su renuncia como prelado de Santa Marta, siendo dimisionario de Equino. En diciembre del año siguiente, al regresar de un viaje de visita a los conventos capuchinos de Andalucía, empeoró su salud, falleciendo meses después como indicábamos en el convento de Massamagrell. Hasta aquí, unos breves datos sobre la vida ejemplar del padre Francisco de Orihuela que, tal como se relata por Angelo cardenal Amato Prefecto, en él, «sí consta del ejercicio de las virtudes teologales Fe, Esperanza y Caridad, tanto en Dios como en el prójimo, así como de las cardinales Prudencia, Justicia, Templanza y Fortaleza, de sus anexas, practicadas en grado heroico». Tras su fallecimiento siguió un funeral con gran afluencia de devotos, presidido por el Venerable Luis Amigó, obispo de Segorbe, «y no faltaron los fieles que quisieron obtener reliquias del Siervo de Dios», cuyos restos fueron inhumados el día 23 de agosto de 1914 en la capilla de la Inmaculada del convento, permaneciendo en dicho lugar hasta el 3 de noviembre de 1993.

Al poco tiempo, de 1927 a 1931 en Valencia, y de 1928 a 1932 en Santa Marta (Colombia) se celebró el Proceso, asistiendo al primero de ellos como testigo, entre otros, el párroco de Santiago José Mª Mompeán. Años antes, en 1905 viajaba a Roma para efectuar la visita ad limina, y en ese mismo año después de siete de ausencia regresaba a su tierra natal. El sábado 1 de julio de 1905, llegó a Orihuela y el alcalde accidental José de Madaria y Rubio daba cuenta a la Corporación Municipal de que se encontraba en la ciudad, proponiendo para festejarlo como muestra de la mucha consideración que se le tenía, que se le ofreciera esa misma noche un concierto a cargo de la Banda de Música, en el convento de capuchinos donde se encontraba hospedado, así como que una Comisión del Ayuntamiento fuera a darle la bienvenida y a saludarlo. En la tarde del siguiente día, el prelado acudió a La Aparecida en una galera que le facilitó Pedro Ramón Mesples, siendo acompañado por su secretario Manuel Dávila, por el guardián de los capuchinos, por fray Casimiro de Alcira y fray Querubín de Carcagente, así como por fray Eloy de Orihuela. En Bonanza lo esperaban 50 jinetes que se incorporaron a la comitiva formada por numerosos carruajes, que al llegar a La Aparecida la encontraron adornada con arcos, colgaduras y gallardetes y con aproximadamente 3.000 personas para recibirlo, procedentes de Puertas de Murcia, Santomera, El Raal y Beniel. La estancia del padre Francisco se prolongó hasta el 3 de agosto, fecha en que partió hacia Benejúzar, Almoradí y Elche, para posteriormente, dirigirse a Orito, Valencia, y por último a Cádiz, donde embarcó para América.

Las visitas del padre Francisco durante su estancia fueron a todos los niveles desde la Corporación Municipal a enfermos humildes del barrio del Rabaloche. Desarrolló durante el tiempo que estuvo en Orihuela una labor intensa, destacando la celebración de los Sagrados Corazones en el Monasterio de la Visitación de las Salesas, la consagración de las aras en la parroquia de las Santas Justa y Rufina, el pontifical celebrado en el santuario de Monserrate en acción de gracias por haber recobrado la salud Pedro Ramón Mesples, y la celebración en el convento de franciscanos de la festividad de Santa Ana. El citado día 3 de agosto, devolvía la vista a la Corporación Municipal para despedirse, siendo recibido en el vestíbulo por la misma bajo mazas. En el salón de sesiones se pronunciaron sendos discursos por parte del alcalde José de Madaria y del obispo, que agradeció todas las atenciones que de las que había sido objeto durante su estancia en Orihuela.

Ha pasado desde entonces algo más de una centuria y casi dieciocho lustros que se inició el proceso de beatificación del padre Francisco de Orihuela, en el siglo Simón Ródenas. Por fin este año, en su mes de abril, en que se pasa de todo o de muchas cosas, debemos estar contentos al saber que un oriolano alcanzó del rango de Venerable, que le da paso a otros grados de santidad.

Fuente: http://www.laverdad.es/

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