UNA ERMITA PARA UN SANTO PATRÓN

POR JUAN ANTONIO ALONSO RESALT, CRONISTA OFICIAL DE LEGANÉS (MADRID)

Ermita de Ventura Rodriguez en los años cuarenta. / J. Calles

Ermita de Ventura Rodriguez en los años cuarenta. / J. Calles

La devoción a San Nicasio en la aldea de Leganés, conocida antaño como Legamar, se remonta al año de 1.500 cuando reinaba en España el Rey Fernando ´El Católico´ tras la muerte de la Reina Isabel.

Esta devoción la atestigua un documento encuadernado en pergamino que se encuentra guardado en el Ayuntamiento de Leganés y que fue donado por un particular.

En dicho documento se recoge la constitución de la Cofradía Hermandad de San Nicasio el día 16 de abril de 1.600, señalando que el municipio llevaba ya cien años teniendo como patrón a San Nicasio para alejar al municipio de las pestes que lo asolaban.

Tras quedar diezmada la aldea de Leganés por una de las pestes negras llegadas a Europa desde Asia, los vecinos solicitaron al entonces Arzobispo de Toledo, Francisco Jiménez de Cisneros, que antecediera ante el papa Alejandro VI para tener un patrón al que encomendarse para evitar la peste, que en aquellos años era conocida como la enfermedad más temida.

Pocos años más tarde, a principios del siglo XVI, se recibió la bula del Papa y se decidió poner en marcha la construcción de la ermita. Sin embargo en casi cien años los aldeanos de Leganés no fueron capaces de terminar de construir el templo.

A finales del siglo XVI un grupo de vecinos constituyeron una cofradía con la intención de ´preservar el culto al Santo´ y ´construirle una ermita definitivamente´.

Concretamente el 25 de marzo de 1599 decidían comenzar a edificar la segunda ermita a San Nicasio, justo en las mismas tierras. donde ahora se asienta la actual.

En el año de 1600 hubo de nuevo una peste que asoló a la comarca, y un posterior terremoto además de ser un año de mala cosecha. En ese momento los vecinos de Leganés decidieron acabar de una vez por todas con la peste y para eso se confiaron de nuevo a San Nicasio, a quien confirmaron como patrón de la ciudad y decidieron por fin terminar la nueva ermita del Santo, puesto que la anterior era un humilde lugar de oración.

En el libro de cuentas de la cofradía aparecen los gastos de construcción del templo entre los años 1601 y 1701, aunque se desconocen los detalles sobre como podía ser. En 1600 con Diego Muñoz y Pedro Mocete como primeros responsables de la Hermandad se iniciaron las obras, que tardaron casi sesenta años en terminarse. Aquella construcción fue el lugar de culto hasta bien entrado el siglo XVIII.

La ermita de Ventura Rodríguez

El nombre del arquitecto Ventura Rodríguez Tizón ocupa una gran parte de la historia de nuestra más moderna arquitectura del siglo XVIII. A nuestros tiempos ha llegado aún el eco de la fabulosa fama que arrastró este prominente hombre que dejó por toda la geografía hispana un reguero de obras singulares en lugares tan dispares como el Monasterio de Silos, la catedral de Granada, Osma, Lerma, Cuenca, Jaén, Toledo, Boadilla, Covadonga.

Ventura Rodríguez fue un prolífico arquitecto que tiene además un sinfín de pequeñas joyas arquitectónicas como nuestra ermita de San Nicasio. El viajero Pascual Madoz en su diccionario geográfico, estadístico e histórico de España, fechado en 1850, afirma que en Leganés ´existe una sólida y bonita capilla, cuya obra dirigió el celebre arquitecto don Ventura Rodríguez´.

Cien años antes, en 1.782, ya se habla de dicha ermita en las descripciones del obispo toledano Lorenzana. En dicho documento se dice que en la villa del señorío del marqués de Astorga, Conde de Altamira y Marqués de Leganés ´existe una ermita de San Nicasio Mártir, obispo de Rouen, cuya fiesta se celebra el día once de octubre y cuya construcción se debe a Ventura Rodríguez´.

La actual ermita de San Nicasio se construyó entre los años 1775 y 1785, poco antes de que Ventura Rodríguez falleciera. Hacia 1770 el Marqués de Leganés encargaba al arquitecto natural de Ciempozuelos que construyera una ermita donde se hallaba la anterior muy deteriorada.

Se sabe que se derribó aquella construcción de más de 150 años y que Ventura Rodríguez tuvo como ayudante a Antonio Machuca y Vargas porque el maestro estaba muy cansado y su situación física se iba deteriorando poco a poco. Se sabe igualmente que la ermita se construyó sobre un asentamiento acuífero y que se compró piedra caliza para su construcción.

De los planos que existen en la catedral de Jaén sobre dicha construcción se encuentran rastros de la edificación de la ermita de Leganés.

Planos que el propio maestro transformó a medida que se va alzando la nueva ermita. Se suprimen zócalos, se eliminan gárgolas, se reduce y achata la cúpula y se reduce el pórtico de entrada. La última decisión fue eliminar una torre del campanario por su alto coste.

Ventura Rodríguez presentó el proyecto de la ermita al Marqués de Astorga en 1772 en su casa de la calle Leganitos de Madrid. El maestro entregó cinco folios y el diseño de seis figuras.

La obra, entre el Barroco y el neoclasicismo, se parece como una gota de agua a la Iglesia de San Marcos de Madrid, que también fue proyectada por Ventura Rodríguez cuando era director general de la Academia de San Fernando.

Durante la construcción de la ermita, también se llevo a cabo la edificación de otra de las grandes obras públicas de Leganés.

Nos referimos al Cuartel de las Reales Guardias Walonas, posterior sede del Regimiento Saboya y ahora transformado en campus de la Universidad Carlos III.

Fue curiosamente este Rey el que impulsó la construcción de este gran acuartelamiento, que ha sido compañero de viaje durante más de dos siglos de nuestra ermita.

Arquitectura del monumento

La historiadora María Pilar Corella Suárez también ha visto la semejanza entre la ermita de San Nicasio y la Iglesia de San Marcos de Madrid. Esta experta en historia del arte ha descrito el templo de Leganés como una auténtica obra arquitectónica del maestro madrileño en su última etapa creadora.

La ermita de San Nicasio fue concebida con ´formas circulares y elipsoides y una fachada con frontón triangular, todavía de concepción barroca, soportada por dos enormes pilastras con capiteles vegetales que se convierten en simples molduras de remate´.

En la actual parroquia de San Nicasio de Leganés la planta de la Iglesia es de cruz griega con los extremos de la cruz rematados por un pórtico de fachada con frontón triangular.

El eje de la planta es de oeste a este. En el interior se levanta una gran cúpula que centraliza y domina todo el espacio y desde donde pendía una gran lámpara. Hay cuatro pares de pilastras corintias y ventanales de iluminación hacia el interior.

La vuelta al clasicismo inspira todo el edificio. En el exterior la construcción destaca por su suntuosidad. Sobre el tambor central y la linterna se apoya un pararrayos coronado por una cruz.

Posteriormente se edificaron dos pequeñas construcciones pegadas junto a la ermita. Dichos habitáculos sirven ahora para la administración de la parroquia y para la sacristía.

Enterramiento histórico de los Rejón

Entre las personas que han sido enterradas en la ermita de San Nicasio destacan por su valor y heroísmo los cuerpos de los hermanos Rejón, Julián y Leandro, dos agricultores del pueblo que se convirtieron en héroes de los sucesos del 2 de mayo de 1808 y que han pasado a la historia local como los estandartes de la rebelión del pueblo de Leganés contra las tropas francesas invasoras de Napoleón.

Dichos vecinos de Leganés se levantaron en armas siguiendo la proclama del alcalde de Móstoles Andrés Torrejón y lucharon contra el ejército francés en las tierras que ahora ocupa el distrito madrileño de Carabanchel. De vuelta a Leganés los dos hermanos serían apresados por las tropas francesas acantonadas en el cuartel de nuestra ciudad. El General del Regimiento de Húsares que mandaba en el edificio proyectado por el arquitecto Francisco de Sabatini les mandó prender y maniatar cuando fueron a renovar sus salvoconductos para ir a Madrid y posteriormente serían ejecutados por un pelotón de fusilamiento.

Los dos héroes serían enterrados primeramente en el cementerio parroquial de la Iglesia de San Salvador y posteriormente sus restos mortales fueros trasladados en 1902 a la ermita de San Nicasio, gracias a la intercesión de Marcelino Rejón, uno de sus descendientes, que fue presidente de la Hermandad de San Nicasio a finales del siglo XIX.

Conservación del patrimonio

Gracias a la dedicación y el interés mostrado a lo largo de los años por los miembros de la Hermandad de San Nicasio de la que fui presidente casi 12 años, y por los alcaldes que han regido los destinos del Ayuntamiento de Leganés, así como por la aportación económica de particulares e instituciones, se ha podido mantener en pie con todo su esplendor uno de los monumentos histórico artísticos más importantes de nuestra ciudad.

El pago de los gastos de la obra de la ermita y de los honorarios del arquitecto Ventura Rodríguez nunca se sabrá como se hicieron, ya que no ha quedado constancia documental sobre este hecho. Aunque parece ser que el impulsor de dicha obra religiosa fue el Marqués de Leganés de aquel entonces, junto al ayuntamiento y varios acaudalados miembros de la hermandad del santo.

Sin embargo, al no existir un archivo de la parroquia de esos años no se conoce el precio que se pagó por la ermita ni la forma de pago utilizado, hecho que si se conoce por ejemplo en la Iglesia de San Salvador y el importante desembolso que se hizo en su época por el retablo de Benito de Churriguera.

Aparte de este primer desembolso económico, durante los dos últimos siglos los diferentes alcaldes del municipio, la iglesia y las diferentes juntas directivas de la Hermandad se han encargado de arreglar el tejado, repasando tejas, eliminando humedades, pintando el templo, reparando desperfectos, colocando nuevos cristales a las lunetas… Un trabajo arduo y reposado en el tiempo, pero que ha servido para mantener lozana una de las joyas del viejo Leganés.

Durante las alcaldías de Juan Maroto Callejo (1874-76), José María Durán (1899-1909), Julián del Yerro Díaz (1916-20), Alfredo de Castro (1925-29), Antonio Martín Vegué (1941-47), Saturnino del Yerro (1960-70) y José Luis Pérez Ráez, (1993-2007) se han llevado a cabo obras de reforma para la conservación del templo.

El fotógrafo local Juan Calles Orgaz, fallecido hace unos días con 86 años, reflejaba en sus fotos de los años 50 el mal estado de conservación de esta reliquia histórica de la que ahora gozamos.

La última gran reparación se llevó a cabo hace tan sólo ocho años cuando una escuela taller recupero en gran medida el aspecto exterior e interior de la ermita, siendo alcalde José Luis Pérez Ráez, vocal de la cofradía de San Nicasio.

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