UN PUENTE QUE CONECTA CON LA HISTORIA DE ALZIRA • 50 ANIVERSARIO DE LA DESAPARICIÓN DEL “PONT DE SANT BERNAT”

POR ALFONSO ROVIRA, CRONISTA OFICIAL GRÁFICO DE ALZIRA (VALENCIA)

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Se cumple en Alzira, capital de la comarca de la Ribera Alta del Júcar, medio siglo de la desaparición del puente que atravesaba la actual Avenida de los Santos Patronos. Se conmemora una mirada al pasado de uno de los ejes de comunicaciones más importantes de la historia de la ciudad alcireña, nexo de unión entre dos zonas clave.

Existe en Alzira un gran desconocimiento de las personalidades a las que las autoridades dedicaron calles en homenaje y recuerdo a sus desvelos en pro de la ciudad en que nacieron o vivieron.

Hay en la barriada de la Vila una calle, la de Santos, que muchos vecinos están convencidos de que está dedicada a los santos, los que canonizó la iglesia católica, y nunca más lejos de ello. Hace 138 años que la citada calle -que comienza en la calle Costa y termina en lo que fue mercado de detall- fue dedicada a Emilio de Santos, diputado a Cortes por el Distrito de Alzira, quien el 1876 fue el encargado de solicitar -y conseguir- que el Rey Alfonso XII otorgara el 8 de agosto de aquel año, el título de Ciudad a lo que hasta entonces había sido Villa de Alzira, debido al aumento demográfico, su industria y comercio.

Pero el diputado Emilio de los Santos no solamente consiguió de las Cortes ese título para Alzira. También hizo que los puentes de la antigua Algetzira retornaran a ser propiedad del pueblo como hace siglos. Por ello haremos referencia al Puente de San Bernardo y las obras que en él se realizaron hasta su desaparición entre 1966 y 1967. El documento más antiguo referente al mismo, se encuentra en el archivo municipal, data de 1332; se trata de las cuentas habidas y de lo que se pagó por las grandes obras de reparación, dirigidas por el maestro Jaime Calatayud. Desde este año a 1711, ya no se ha hallado noticia importante referente al puente, entonces llamado de San Agustín, por estar cerca del convento de esta orden. En esta ocasión, encontrándose el puente sin barandillas o pretiles, lo que daba lugar a frecuentes desgracias, a propuesta del Justicia de Alzira, el 24 de septiembre de aquel año, se toma del acuerdo por el Cabildo, de construir los pretiles. Seis años más tarde, en 1717, un hecho importante viene a realizarse en el puente; dos alcireños, Jaime Servera, canónigo magistral de la catedral de Valencia y Nicolás Bas, abogado de fama por la Universidad de Salamanca, hicieron esculpir las imágenes de los Santos Patronos de la entonces Villa de Alzira, disponiendo la entronización sobre la parte céntrica del puente, dos hermosos y contrapuestos casalicios.

El puente de San Agustín o de San Bernardo, no siempre ha sido en su totalidad de materia pétrea, sino que como requería a las épocas por lo que ha pasado, hubo de disponer de una parte durmiente o colgante de madera con la que se pudiera dar o suprimir el paso a la conveniencia de la Villa. Al ser de madera, el transcurso del tiempo la deterioraba y se estropeó en el siglo XVIII, ocurriendo que el Cabildo, el día 16 de mayo de1747, facultó al alcalde mayor para que se presentase un escrito al Capitán General de Valencia para solicitar permiso para ejecutar la obra de su nueva construcción.

El escrito decía “que pasado el puente sobre el río Júcar que divide el arrabal de San Agustín, que erigió Don Diego Ozoman, corregidor y gobernador, un puente durmiente de madera, y en él, uno levadizo para cerrar el paso y puerta en caso de necesidad, cubriendo el foso, se halla en peligro de arruinarse, que según al parecer de los Maestros, es milagro que se sostenga y que con cualquier peso grave se le abrume, no se venga a tierra… y considerando lo costoso que ha de ser el fabricado nuevo, apenas bastarán quinientos pesos y aún esto con el desconsuelo de ser poco durable”. Se solicitaba la facultad para construir un puente de arquitectura en la misma forma que el otro existente llamado de la Virgen María -San Gregorio- sobre el propio río Júcar.

El 6 de junio siguiente se accedió a la ejecución de las reparaciones solicitadas, finalizando éstas en 1755. Tras esta importante restauración y después de los trastornos sufridos en la Guerra de Sucesión, de principios del siglo XVIII, las puertas de la torre que había junto al puente que daba entrada a la Vila, quedaron abiertas por muchos años, de tal forma que sus bisagras se viciaron y dejaron de funcionar, no pudiéndose realizar el movimiento de abrir y cerrar el portal, por lo que el Cabildo, para dar mejor entrada y salida, acordó el 3 de noviembre de 1758, suprimir las mencionadas puertas y los portales de donde estaban asentadas -entre lo que hoy es Calzados Gallach y la farmacia de Alamanzón-.

En 1808, durante la Guerra de la Independencia, el puente fue bárbaramente destruido por los franceses, no dejando casi rastro de él, según reflejan las actas del Cabildo municipal del 7 de noviembre de 1813. Mientras se adoptaban disposiciones para su reconstrucción, el ayuntamiento instaló un puente provisional de madera para comunicar la Vila con el Arrabal, que discurría a espaldas del casalicio que guarece la imagen de San Bernardo. El acceso a esta, que podríamos llamar pasarela, se hacía por un callejón que nacía en la calle Santa Teresa. Tuvo la desdicha este paso provisional a través del puente de que una riada acaecida el 22 de enero de 1814 se lo llevó y nuevamente Alzira quedó incomunicada entre los núcleos de población. No les quedó otro recurso a las autoridades que aprovecharse de una barca para el continuo paso de las gentes en su ida y vuelta hasta que se construyó un nuevo puente provisional.

En el transcurso de este mismo año, 1814, se construyó ese nuevo puente, también provisional, sin temor a peligro alguno para los transeúntes; no obstante, a petición de las autoridades fue reconocido por el académico de Merito de San Carlos, de Valencia, don Cristóbal Sales, costando este nuevo puente de madera, la cantidad de 69.100 reales de vellón.

El ayuntamiento de Alzira no podía construir de nuevo el casi totalmente destruido puente de San Bernardo y, por ello, el Real Patrimonio de la Corona se incautó de dicho puente en 1817, haciéndolo saber al Ayuntamiento y comenzando las obras de reconstrucción, que consistieron en la total fabricación de su gran arco del lado recayente a la Vila y la casi totalidad del arco pegado al Arrabal, desapareciendo el durmiente de madera que para conveniencia de la Vila formó siempre parte del antiguo puente. Las obras terminaron cuatro años más tarde, en 1821, causando gran satisfacción para los alcireños el día de su inauguración.

De poder del Real Patrimonio de la Corona, el nuevo puente pasó a ser propiedad del Estado, quien para resarcirse de las grandes inversiones para su construcción, estableció un impuesto llamado “pontazgo” que se pagaba por cada vehículo o caballería que lo atravesaba en un sentido o en otro, hasta el 25 de junio de 1872 fue cedido a perpetuidad, junto con el de San Gregorio, al Ayuntamiento de Alzira, conforme a la Real Orden dictada el 10 de mismo mes y año.

La cesión de los puentes de Alzira que realizó la Dirección General de Propiedades y Derechos del Estado al Ayuntamiento de Alzira para su uso y conservación, fue recibida en nuestra ciudad con gran algarabía, congratulándose el vecindario de la buena nueva. No consta que hubiera fiestas extraordinarias con este motivo, pero si que hubo felicitaciones y concesión de honores oficiales para José Emilio de los Santos, diputado a Cortes por Alzira y su distrito, dedicándole una calle, como ya hicimos referencia.

Además, el Ayuntamiento propuso que fuera declarado hijo adoptivo de Alzira, consignando su nombre en el padrón de vecindad y “expresándole el beneficio que el distinguido interés, celo y asiduidad con el que ha sentido por el bien de la población ha conseguido con la cesión de los puentes de San Gregorio y San Agustín de la misma, gratuitamente. Caso acorar -sigue el acta- se ponga alguna inscripción en la puerta de San Cristóbal, que estaba unida al puente de San Bernardo, como recuerdo a los futuros tiempos del beneficio alcanzado con la concesión gratuita de la misma a favor de la población, se consigne en ella el nombre de tan celoso señor”.

Los casalicios “vacíos”

La liberalidad por parte del Estado a favor de Alzira, consistente en la cesión de los puentes, llenó de satisfacción y contento a esta población, teniéndolo, conservándolo y “mimándolo” como su mejor joya hasta que en 1936, en que con motivo de la Guerra Civil, el puente quedó huérfano de sus mejores reliquias. Las pétreas esculturas de San Bernardo, María y Gracia, fueron arrojadas el río, quedando vacíos los casalicios que las guarecían. Terminada la incivil guerra, el ayuntamiento hizo que en el fondo del río Barxeta, se practicaran excavaciones para sacar a flote las imágenes arrojadas, consiguiendo encontrar las de San Bernardo y la de Santa Gracia con algunos desperfectos, pero no la de Santa María, que aun ahondando más en el lecho donde se suponía había permanecido tres años, no fue hallada. Al parecer se destrozó al caer a la calzada del puente y fueron trasladados sus restos para formar parte de subsuelo de la casa de Correos y Telégrafos, cercano al puente. En vista de ello, el ayuntamiento para que no faltara en los casalicios ninguna de las imágenes de los tres púrpuras alcireñas, encargó al escultor valenciano Elías Cuñat, la modelación de una escultura similar a la perdida, que fue bendecida y colocada en su casalicio en 1944. De la reparación de los desperfectos de la imagen de San Bernardo se encargó el escultor alcireño Enrique Casterá Masiá.

Y llegó la década de 1960 cuando los tiempos de grandes transformaciones y “adelantos”, vimos con dolor como al llegar el ecuador de la esta década, con el relleno del cauce del río, poco a poco iba desapareciendo de la vista de los hombres y mujeres de este pueblo nuestro, el pont de Sant Bernat.

Como mástil de un barco a la deriva sólo nos ha quedado los preciados casalicios, capillas perennes de las imágenes de los santos Bernardo, Gracia y María.

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