POR JOSÉ LUIS GOMÉZ BARCELÓ, CRONISTA OFICIAL DE CEUTA.
Hace ahora dos años que volvieron a cerrarse las puertas de la Catedral de Ceuta para su restauración. Hemos de desear que en este caso no tengan que pasar tantos años como cuando se realizó la gran transformación del templo, entre 1947 y 1958, y que muy pronto volvamos a disfrutar de su luminosa arquitectura y de su patrimonio artístico.
Las obras de restauración van a llevar consigo el que pase casi desapercibido un aniversario importante: El tercer centenario de la bendición del templo, el 7 de diciembre de 1726 por el obispo de Ceuta Tomás Crespo Agüero, que ese mismo año sería trasladado a la Iglesia metropolitana de Zaragoza como arzobispo.
La conquista portuguesa de Ceuta, en agosto de 1415, transformó totalmente la medina musulmana en una ciudad cristiana, siendo uno de sus primeros objetivos convertir la mezquita aljama en templo mayor, hasta su erección en Catedral por Bula del papa Martín V, en 1418, refrendada por la denominada sentencia de Cintra de 1420.
«El tercer centenario de la bendición del templo, en 1726, coincide con las obras y pasa prácticamente inadvertido»
El cabildo catedralicio, con un obispo siempre en Portugal, convirtió la mezquita en Iglesia, levantando capillas en las naves laterales, y sepultando en su interior a sus nuevos habitantes.
Pero la vieja fábrica medieval sufrió grandes deterioros desde muy pronto, como demuestra la reedificación que se solicitó del rey Felipe II de España -I de Portugal-, en 1609, y las quejas por la falta de financiación de la misma que empeoró la situación durante la sede vacante producida entre 1645 y 1675.
Con el reconocimiento de la incorporación de Ceuta a la Corona española en 1668 se plantearon tres necesidades inminentes: la delimitación del nuevo obispado de Ceuta, separado del de Tánger; la consecución de rentas para la reedificación de la Catedral, y el nombramiento de un nuevo prelado, lo que recayó en de Antonio de Medina Cachón y Ponce de León.
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Diapositiva para recaudar fondos en los cines y teatros para la reconstrucción de la Catedral.
El nuevo obispo estuvo dos años tratando todos estos temas en la Corte, haciendo su entrada en la diócesis en diciembre de 1676, pero para la Catedral ya era tarde y, en agosto de 1677, tras producirse el desprendimiento de parte de la bóveda de la nave principal, fue declarada en ruina, emprendiéndose las labores de demolición y proyecto del nuevo templo.
La nueva traza sería obra del maestro mayor de las obras reales Juan de Ochoa, sacándose de cimientos en enero de 1686, siendo obispo Antonio Ibáñez de la Riva Herrera, electo Arzobispo de Zaragoza, gobernador Francisco de Velasco y Tovar, el mismo que terminaría las obras de reedificación de la muralla Sur, que desde entonces conocemos como La Brecha, y en la que aún luce su escudo sobre una inscripción conmemorativa.
El canónigo Salvador Ros y Calaf en su Historia eclesiástica y civil de la célebre ciudad de Ceuta, dice que en 1694 el templo estaba terminado, pero que al declararse el cerco a la Plaza por Muley Ismail, se ocupó como cuartel y hospital, retrasándose su bendición hasta finales de 1726. Así pues su autor, Juan de Ochoa, no las vería completadas, dado que falleció en la defensa de Ceuta el 22 de febrero de 1695.
Hay muchas cosas que no sabemos de aquella demolición, como qué ocurrió con las columnas de la antigua mezquita y si, como hemos leído, buena parte de sus materiales fueron vendidos, cuál fue la población y el destinatario de aquellos materiales. No sería extraño, a la vista de lo que ocurrió tras la conquista con los ricos mármoles del palacio de los gobernadores, que investigadores como Carlos Gozalbes y Fernando Villada han ido localizando en diferentes poblaciones lusas.
La Catedral de Ceuta fue concebida con una fachada sencilla, con una sola torre, y una portada realizada con serpentina del Sarchal, para cuya obra vinieron varios operarios desde Málaga. Su interior se planteó con tres naves y la cabecera con testero recto, albergando la central el presbiterio y las laterales las capillas del Sagrario y de San Daniel y Compañeros Mártires, con coro a la entrada.
«El origen del templo se remonta a 1415, cuando la antigua mezquita fue transformada en iglesia tras la conquista portuguesa»
El nuevo templo, reparado de los desperfectos causados por su uso como recinto militar, se bendijo el 7 de diciembre de 1726 por el entonces obispo de Ceuta, Tomás Crespo Agüero, ya electo arzobispo de Zaragoza como lo fue Ibáñez de la Riva Herrera, lo que el cabildo destacó en la lápida que se colocó en la fachada de la Catedral y que hoy está en su interior.
No han sido pocas las reformas que en estos 300 años han afectado al templo: La construcción de su retablo mayor, coro y órgano en el siglo XVIII, las grandes reformas de finales del siglo del obispo Domingo de Benaocaz, a las que siguieron las del presbiterio de fray Pablo Hernández, hace ahora doscientos años y, a finales del siglo XIX, las realizadas por el vicario Torcuato María Lorenzo adaptando al altar mayor las pinturas de la Iglesia de los Remedios.
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Lápida de comienzo y fin de la construcción de la Catedral de Ceuta.
Pero sin duda la mayor transformación fue la que diseñaron los hermanos José y Gaspar Blein Zarazaga a finales de los años 40 del siglo XX, en la que se sustituyó la cabecera original por un presbiterio con girola, a la italiana, y la construcción de una nueva capilla del Sagrario en la nave de los Mártires. Además, se trasladó el coro al presbiterio, dando gran amplitud y luminosidad al nuevo recinto, que se terminó con una nueva fachada, con proyecto de Hermenegildo Bracons, con dos torres simétricas que respetaban la portada de finales del siglo XVII.
«La Catedral ha sufrido numerosas intervenciones, destacando la gran transformación realizada entre 1947 y 1958»
El renovado templo, lució como nunca sus pinturas y orfebrería, se restauró la indumentaria y se hermoseó el interior con los estucos y escayolas de Bonifacio López Torvizco, los frescos de José Martín Ocaña y los óleos de Miguel Bernardini y Jaramillo, sin olvidar las vidrieras de las dos empresas más importantes de la época, La Veneciana y Maumejean Hermanos.
Hay que decir que la consagración del templo que realizó el obispo de Cádiz y Ceuta Tomás Gutiérrez Díez el 19 de marzo de 1958, dejó inacabada la obra, dado que estaban proyectadas la construcción en piedra de varios altares laterales, pero la salida abrupta del deán Navarro Acuña acabó con la defensa de la inversión, y de la finalización de un proyecto largamente deseado por los ceutíes, que contribuyeron con sus donaciones desde un primer momento.
FUENTE:https://elfarodeceuta.es/bendicion-catedral-nueva-asuncion/
