POR APULEYO SOTO, CRONISTA 0FICIAL DE BRAOJOS DE LA SIERRA Y LA ACEBEDA (MADRID)
Somos, sin duda, el pueblo más flamenco, dicharachero y riente de todo el continente. Pues aún así, los sindicatos de clase -¿qué clase?- no están conformes ni contentos y se empeñan en que hablemos, protestemos y nos abucheemos más mutuamente, vestidos de blanco, de verde, de amarillo, de rosa y de colorao frente a la paciente mayoría silenciosa; se empeñan en que bailemos la raspa o la conga por las suculentas mariscadas de los ERE que se zamparon, (menuda feria de mangantes, tablado de marionetas del poder), y se empeñan en que riamos a dos carrillos y a mandíbula batiente por las enseñanzas que nos proporcionan en sus financiados cursos de risoterapia. ¿Serán de broma? Nos van a empachar. He aquí otros cursos que les recomiendo para que nos despanzurremos enteramente poco a poco. Tomen nota: musicoterapia, dibujoterapia, teatroterapia, filosofioterapia, paremiologioterapia… ¡Basta ya!
¡Hala, no Alaya, todos a hablar, a gritar, a bailar y a carcajearnos de nosotros mismos, que dicen los muy tunos que todo eso es sano y saludable para la democracia! ¡Qué democracia? ¿La de la algarada callejera? ¿La asamblearia de una caja de grillos? ¿El asistema o contrasistema asaltador continuo? ¿De verdad se creen lo que dicen y hacen esos toritos sueltos, o están tocados de la chola? ¡Pues bueno se halla el panorama laboral! Como para cortar la cola del paro de esa manera. Se va a por “el aborto sagrado” al Parlamento y se sale a rastras con las tetas al aire. Eso es “femenismo”. Se van a ciscar tres “damisolas o damisuelas” en Gallardón y el ministro se calla, inclinando la cabeza. Se cisca el reyezuelo Artur en España, y Rajoy hace mutis por el foro, es decir, por la capital coronada del Reino único y católico (universal), desde Isabel al menos. Riamos, riamos, riamos. ¡Malditas tales tres o cuatro gracias, salidas de tono y territorio!
Por si todavía, visto el percal sindical, les quedan a algunos las ganas de mofarse de los demás, especialmente de los pobres parados, que relean el poemilla que vuela por las redes digitales. Dice así: “Veo y veo pasear a la fina juez Alaya, que vaya por donde vaya nos da mucho que pensar con ese sucinto ajuar de maleta corredora y carpeta encubridora de lo que ocultó un Griñán. ¿Cómo que llevarse el pan del andaluz obrerizo no es querer rizar el rizo y pasar por bueno el mal? ¡Ay de mi Alaya, malhaya quien te intente retirar y hacerte pobre cobaya del reptil y el calamar…”!
Venga, a ver quién ríe el último.
