¿TIERRA DEL VINO O ALTIPLANO?

POR ANTONIO VERDÚ FERNÁNDEZ, CRONISTA OFICIAL DE LA CIUDAD DE JUMILLA (MURCIA)

Me encuentro un artículo que viene a dejar claro lo que vengo pensando y diciendo varios años sobre la comarca del Altiplano, nombre que muchas veces escribo que no me ha gustado nunca, ya que vivimos en una zona donde predomina y le da fama sus insuperables caldos, que no es otro que el “Vino” que producen nuestras ricas tierras y agricultores de la comarca, para ser lo suficientemente importante como para que ese nombre sea el que se utilice para llamar a estas privilegiadas tierras del norte de la región de Murcia, con ese nombre de “Comarca del Vino”, como más apropiado para lo que se cría en este lugar, que sirva para demostrar la calidad de los vinos, en contra de esa “Comarca del Altiplano”, que cosa curiosa, plano lo que se dice plano no lo es, ya que Jumilla la población está a 500 metros sobre el nivel del mar -que tampoco es muy alto-, y Yecla está por encima de los 700 más o menos, por lo que más que plano seria “Inclinado”. 

Sigo defendiendo, por lo que pediría a la Asamblea Regional, que debería pensar y estudiar la forma de cambiar tal denominación de “Altiplano” por la del “Vino”-, que serviría para dejar claro la excelencia de los caldos de la esta tierra casi manchega del norte de la región.

El artículo que leo lleva fecha 1 de junio de 1990 y se titula:

“¿Tierra del vino o Altiplano? De Antonio De Hoyos

En el año 1957, publicó el departamento de Cultura de la Diputación de Murcia un amplio y extenso libro bajo la dirección y prólogo del profesor Torres Fontes. 

Por primera vez se podía disponer de una obra informativa y gráfica de toda la Región. En la obra colaboró Juan López con una antología de quinientas fotos, y once dibujos a color, del pintor Ceferino Moreno que compuso distribuidos Juana Ortiz, a lo largo de los textos que yo había escrito. 

Torres Fontes calificó el libro, Murcia para los ojos, y hoy, con el paso de los años, la obra adquiere un curioso interés al ofrecer en imágenes el testimonio de Murcia, pueblos y paisajes.

Antes de comenzar la redacción tuve algunos encuentros con Torres Fontes para confirmar la estructura territorial que habíamos de dar a la provincia, buscando un orden geográfico que tuviese sentido, de acuerdo con la condición natural de las distintas comarcas. Decidimos, pues, aceptar la tipología tradicional y clásica de Meseta, Valle y Mar, pensando en las dos comarcas que se separan sensiblemente del Valle y de la Costa.

A partir de ese momento y observando titulación general de la zona del mar y del valle, titulé así las dos restantes: “Tierras altas del Noroeste” y “Tierras del Vino”. 

La primera, enmarca un espacio que se extiende desde la amplia línea que limita la llanura de Cagitán, gain chaithan (fuente del diablo), hasta las cercanías de las provincial de Granada y Albacete. Pueblos que alcanzan una altura superior a seiscientos metros sobre el nivel del mar. 

En la Paca, la altura es de mil metros; la de Murcia es de cuarenta y dos, y en consecuencia la comarca se llamó tierras altas del Noroeste. De la misma forma, la comarca de la derecha fue observada desde la base del río arriba, que desde Ojós, Ulea y Villanueva, Blanca y Abarán alcanza violentamente y en breves kilómetros una altura de doscientos cincuenta metros en el Puerto de la Losilla en la carretera general a Madrid. 

Desde este punto, y dirección Norte, hasta el límite con Alicante y Albacete por Caudete, Villena y Almansa, la comarca de viñedos y olivos se va alzando como gran terraplén que sostiene la llanura manchega, y así queda la zona, ascendente siempre, desde el río Segura, poblada de fértiles viñedos, huertos de regadío, olivares y almendros, cereales y otros cultivos con un índice de lluvia que permite lucir el campo y las dos espléndidas poblaciones de Jumilla y Yecla.

Esta zona la titulé en el libro de Murcia, tierras del vino, y en verdad me produjo placer de escritor y murciano que así quedase como nominación general de la comarca. Hoy, el gigantesco agger, terraplen, que comienza a la altura del Puerto de la Losilla hasta más allá del Arabí en Yecla, no se llama tierras del vino, o terraplén del noroeste, por ejemplo, sino Altiplano, ¿no te jodes? 

Me dicen que el nombre ha salido de la Universidad. Hay que pensar que el autor no debe ser murciano, porque si es geógrafo y ha nacido aquí, no es posible llamar Altiplano a esta Comarca, debe tratarse de alguno que no le van bien los caldos, o que sabe algo de Bolivia y del famoso altiplano con llamas, pastores que suenan flautas como las siringas clásicas y alturas casi como en el Tibet. La capital La Paz se asienta en alturas de cuatro mil metros.

Este mal llamado altiplano murciano, fértil en vinos y aceite, es una comarca donde hay zonas llanas de altura homogéneas; alteraciones de monte, grandes espacios ondulados y cañadas que aprovecha el agua y los cultivos. Zonas duras y sonrientes,

empinadas y espartizales, y cierta proporcionalidad entre el Arabí, las Moratillas y la Sierra de la Pila o el Carche.

Esta variedad matiza la extensión de la comarca, entre trescientos metros sobre el nivel del mar, y la altura de la mancha, unos seiscientos cincuenta más o menos, y en el conjunto, los viñedos pespuntean grandes extensiones. En tiempos de la primavera, el color dorado del esparto, cuando se acerca junio, junto a la limpidez cromática de sembrados y barbecheras, grises y verdes tonos de olivares en Jumilla y en el entorno, hacen del campo jardín. En Yecla se conserva puntual un otoño romántico que se deja caer en las bellas tardes de octubre. En esta tierra murciana, la vendimia sigue conservando la gracia de las estampas antiguas, y el vino proclama el énfasis de su temperatura y la condición de la tierra.

Aquí no se percibe el Altiplano montañoso, ni Altiplano con tendencia a la llanura como en la fuente del diablo o Cagitán. Se siente la imagen del Mediterráneo, la luz, el color y la dulce brisa de la zona baja, alegre, sonriente, empapada de mosto, entre pinos y olivares.”

Esto que acabamos de leer pone en valor, lo importante que debería ser recuperar esta denominación de “Comarca del Vino” y tirar a la basura ese que desde luego salió de la Universidad, como es el de Altiplano, y que se cambie por el que representa la realidad de esta comarca con un producto que predomina en sus tierras con esas viñas que son el germen de nuestros afamados caldo que ya se encargan de valorar en todo el mundo a través de las Denominaciones de Origen de “San Isidro” de Jumilla, y la de “La Purísima” de Yecla, así como de las muchas bodegas de ambas ciudades que con sus marcas llevan la excelencia de nuestros vinos a todo el mundo, y que sería un orgullo poder decir que son de la “Comarca del Vino” de la Región de Murcia.

Ah, y según se comentaba, ese nombre se puso de un libro que escribió sobre el siglo XVIII, Alfredo Morales Gil, y que está casado con una jumillana.

Y como decía aquel, hasta aquí puedo leer, y esperar que se valore esa posibilidad de cambiar una comarca irreal, por un nombre real como el vino que sale de sus entrañas. Jumilla, 20 enero 2023

FUENTE: A.V.F.

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